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Crónica de una muerte anunciada

  • Alfonso Orlando Machimbarrena
Publicado el 24/11/2022 a las 07:29
Al final todo se paga en esta vida, más tarde o más temprano todo sale a la luz. Las manipulaciones, los abusos de poder, la falta de empatía con el que piensa distinto, el hacer y deshacer a tu antojo y, en definitiva, pensar que tus vecinos no se enteran de nada y que todo el campo es orégano, además de una falta de respeto es pecar de ingenuo - aunque te creas muy listo-. De nada sirve la censura en las redes sociales, o dirigir tus tentáculos en la sombra o conspirar en silencio. Aunque se utilice la imagen del jefe y su cercanía con la gente, todos sabemos que las decisiones las tomas otro, hecho este muy típico de la política española, por cierto. Todo esto es posible gracias a la ausencia de oposición, a su enorme dejadez, falta de estímulo y cero compromiso con los ciudadanos de Corella. Y no será por falta de problemas a resolver en el consistorio y su desastrosa gestión.
Si agitamos todos estos factores y los metemos en un frasco, obviamente explota a la primera de cambio, y eso es lo que está sucediendo en la ciudad de Corella. El imparable aumento de la inseguridad, la pésima gestión de la policía municipal, la nefasta actuación en el plan de desarrollo municipal y la falta de estímulo, de ideas, de transparencia, junto con el despilfarre económico entre otras cosas hacen un cóctel molotov muy peligroso. Un ejemplo claro de este panorama son los ruinosos festivales de música recientes, las bajas crónicas de los policías municipales y sus consecuencias, la ausencia de subastas públicas en determinados locales, el aumento de los cuerpos de seguridad en las piscinas municipales o la oleada de okupas y robos que aumentan día a día. Ya ni siquiera los tribunales dan la razón al gobierno corellano, y les instan precisamente a no manipular a su antojo a la policía municipal, por ejemplo, que por otra parte debería dar ejemplo y comportarse como auténticos servidores públicos y dejarse de historias.Todo esto mientras nuestra querida Corella se desinfla, se desmorona, quizás víctima de sus propios habitantes que no han sabido quererla como es debido. Su egoísmo individual donde prevalece la envidia y el qué dirán ha traído como consecuencia este declive gradual. En definitiva, tenemos lo que nos merecemos, ni más ni menos.
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