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Personal de Renfe, un apunte de justicia

  • Inmaculada Martínez Díaz
Publicado el 24/11/2022 a las 07:29
En octubre, nos tuvimos que desplazar a Madrid con mi hermana. Esta, con movilidad reducida. Gracias a la información de un amigo que trabaja en Renfe, nos enteramos del servicio, gratuito, que daba esta empresa para ayudar a personas en situaciones vulnerables respecto a valerse por sí solos. No solo por cuestiones físicas, sino de acompañamiento por edad, etc. Llegamos a la estación de Pamplona con el correspondiente tiempo de antelación a la partida del tren, tal y como nos habían indicado. Desde “el minuto uno”, una trabajadora (es de recibo que la nombre, Anastasia) se hizo cargo de mi hermana, junto con otras cuatro personas más a las que debía atender (una de ellas, de edad muy avanzada). Lo que vimos fue una implicación absoluta de amabilidad y eficiencia. Fue acompañando, con los medios que le fueron necesarios (en el caso de mi hermana, incluyendo silla de ruedas y plataforma de elevación), a cada una de esas personas hasta su asiento, prodigando sonrisas, cumpliendo su cometido en tiempo y a tiempo, y haciéndonos sentir bien. En un mundo donde muchas veces (demasiadas) te encuentras con situaciones de servicio que te llevan a amargarte el día, no es poco. Es mucho.
El mismo tipo de resolución lo encontramos al llegar a Madrid. También a la vuelta, incluyendo el transbordo necesario en Zaragoza y de nuevo en Pamplona. Pero nos quedó el grato recuerdo de Anastasia, dado que fue la que vimos lidiar con mayor número de personas, en un tiempo limitado para que el tren pudiese cumplir con su horario de salida. Y, a pesar de que lo tuvo que hacer rozando el límite, no perdió su sonrisa ni sus comentarios amables para con ellas.
Ya sé que es su trabajo, pero quiero poner el foco en que también lo es el de otros muchos activos humanos de cualesquiera empresas (públicas y privadas), que no siempre te hacen sentirte acompañada y ayudada en tus necesidades, sino que parecen empeñarse en lo contrario. Personas como estas, las que con su implicación en su trabajo te hacen la vida mejor, no solo son necesarias. Son imprescindibles. Y, tal y como vamos, hacia un mundo en que parece que los ordenadores y la robótica tienen que resolverlo todo, anulando el vital contacto directo, es un orgullo humano el encontrártelos.
Una empresa es grande, desde el aspecto humano, cuando a cualquier nivel de su escalafón su personal lo es, empatizando (poniéndose siempre en el lugar del cliente/ciudadano) en todo momento y circunstancia. Este valor humano debe ser buscado y potenciado. Al contar con estos activos, las empresas (todas) serán éticamente más fuertes y beneficiosas. La sociedad será mejor. Gracias a Renfe por prestar este tipo de apoyo. Pero, principalmente, gracias a sus trabajadores implicados y resolutivos que han servido, y sirven, para que hoy nos sintamos mejor. Y, sobre todo, para dar ejemplo a muchas otras personas para transitar hacia esa senda de buen servicio.
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