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 Pandemia de la Covid-19

El pasaporte covid no es la panacea

Epidemiólogos y vacunólogos coinciden en que se trata de una "herramienta más" para el control del virus pero piden no bajar la guardia

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Varias personas muestran su pasaporte covid para entrar a un localPaloma De Albert
  • Colpisa
Publicado el 05/12/2021 a las 06:00
El pasaporte covid, que no es otra cosa que una cartilla digital de vacunación contra el coronavirus, refuerza la estrategia de prevención de la pandemia en los territorios que lo han implementado pero no es la "panacea", coinciden los especialistas en vacunación y epidemias consultados frente a la diatriba política y jurídica que abre la exigencia de este certificado para entrar a espacios cerrados. El debate sobre este salvoconducto de vacunas se produce en un contexto en el que los países del entorno empiezan a sufrir una sexta ola agresiva en cuanto a contagios, una vez que se suprimieron las medidas básicas al mejorar los números. La situación española, sin embargo, es distinta a la de sus vecinos, gracias a que tiene alrededor de un 90% de la población juvenil y adulta vacunada, y el uso de mascarilla en interiores no se ha abandonado. A pesar de esta aparente ventaja, los especialistas que tienen casi dos años viéndole la cara a los estragos del virus, a pie de calle, no dejan de mencionar dos grandes aliados: vacunas y mascarillas. "No es la gran panacea que va a solucionar la situación", indica Amós García Rojas, epidemiólogo y vacunólogo y presidente de la Asociación Española de Vacunología. "Puede resultar efectivo en los ámbitos donde más se van a producir los contagios, que son los espacios cerrados, mal ventilados, donde nos topamos con amigos o con familiares, con los que, debido a esa relación de confianza, nos quitamos las mascarillas".
En líneas generales, los expertos apoyan esta medida, combinada con las que han estado en vigor en los últimos meses. "La profesión médica la apoya, así como apoyamos la vacunación, el lavado de manos, la distancia social", indica Tomás Cobo, presidente del Colegio Oficial de Médicos (CGCOM). "No va a ser la panacea, pero sí útil".
Una circunstancia que apuntala la defensa de añadir esta prevención adicional a las que ya existen es que "todavía hay una franja de edad en la que la cobertura de vacunación es francamente mejorable", mantiene Ángela Domínguez, coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Vacunación de la Sociedad Española de Epidemiología. "Acreditar que una persona ha sido vacunada o no se encuentra infectada está totalmente justificado en lugares de ocio cerrados, donde se realicen actividades de baile y movimiento, restaurantes y otros sitios donde no se pueda tener una distancia de seguridad ni mascarilla". En las ocho comunidades autónomas donde se aplica la medida, el pasaporte covid identifica a quienes tienen la actual dosis completas de la vacuna, "pero los requisitos pueden cambiar", indica Domínguez. "Con el tiempo se puede empezar a pedir la tercera dosis, un diagnóstico de prueba negativa, haber pasado la enfermedad u otras garantías de control inmunológico".
El pasaporte covid, considerado por el Tribunal Supremo como una medida "adecuada, necesaria y proporcionada", tiene ventajas y desventajas, a juicio de los expertos médicos.
Ventajas El pasaporte covid es una "herramienta más", en palabras de Cobo, que contribuye a controlar el virus. "Hemos pasado de la fase defensiva, tan trágica, sin suficientes servicios ni material, a la fase de ataque que llegó con la vacunación. Pero siempre ha habido cosas que dependen de la responsabilidad individual. El pasaporte es una herramienta más que nos sirve para proteger sobre todo a las poblaciones más vulnerables, los mayores".
En segundo lugar, impide que los no vacunados, con más riesgo de síntomas graves, se expongan a situaciones de mayor contagio en espacios cerrados. Los vacunados, además, tienen una capacidad de difusión más baja, según los expertos.
Por otra parte, podría incentivar la vacunación en aquellos que por diversas causas no se han pinchado, desde pereza hasta confianza en la inmunidad de rebaño. No obstante, desde que se puso en marcha el pasaporte, ese efecto llamada no se constata en las cifras. Menos de 10.000 personas diarias han acudido a ponerse la primera dosis, una proporción ínfima para los más de cuatro millones sin vacunar. "No añade mucho y no tenerlo no nos hace perder prácticamente nada", refuta José Martínez Olmos, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública. "Pero ahora con la tercera dosis sí podría resultar un incentivo".
Por último, ayuda a prevenir, junto a otras medidas, los ingresos en UCI, hospitalización y muerte. "Una persona vacunada todavía puede ser transmisor del virus, pero claramente de una manera muchísimo más atenuada. El pasaporte de vacunación puede pedirse en restaurantes, transporte público, aviones y todo aquello masivo, propone Cobo.
DESVENTAJAS
El mayor inconveniente puede ser la falsa sensación de seguridad de quien lo porta. "Da la impresión que está todo el pescado vendido pero el pasaporte no va a impedir que sigan creciendo los datos", dice García Rojas. Va más allá Martínez Olmos: "Es un debate demasiado artificial. Aquí lo importante es cómo enfatizamos las medidas de control de la interacción social, cómo hacemos que la gente siempre utilice la mascarilla y mantenga la distancia de seguridad. Cómo convencemos a la gente que se vacune".
Otro punto negativo es su sesgo elitista en países donde hay pocas vacunas o son caras. No es el caso español pero sí de otras regiones, donde "las personas que no tienen acceso a las dosis van a estar en desventaja al tener restringida la entrada a determinados lugares, y amplía la brecha de la equidad", alerta Domínguez.
A nivel nacional, juega en contra la falta de normativas comunes entre las autonomías, y la falta de coordinación por parte del Consejo Interterritorial de Salud. "Deberíamos estar armonizados al máximo y tener un mensaje común", ratifica Cobo.
Los expertos exigen no bajar la guardia. "Mientras haya gente sin vacunar el virus tendrá difusión y la línea seguirá ascendente", sentencia García Rojas, que recomienda una "triple vertiente de intervención: vacunar y seguir vacunando, volver al discurso que incentive la prevención mecánica (mascarilla y distancia de seguridad), y la higiene". Estas tres medidas son más eficaces que el pasaporte, coinciden, porque "la vacuna evita los casos graves, pero no la transmisión", recuerda Domínguez.
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