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Música y danza

‘Zubi’, el sueño del grupo Lauarin, se estrena en Villava

El espectáculo, que aúna danza, música y proyecciones audiovisuales, se puede ver este viernes y este sábado (21 y 22 de enero)

Ampliar Los componentes del grupo Lauarin: Aitor García, Oihane Munarriz, Maite Txurruka y Naiara Ayesa.
Los componentes del grupo Lauarin: Aitor García, Oihane Munarriz, Maite Txurruka y Naiara Ayesa.
Publicado el 21/01/2022 a las 06:00
El grupo Lauarin lleva desde 2012 haciendo crecer y evolucionar al concepto de danza tradicional vasca. En la actualidad cuenta con Naiara Ayesa, Maite Txurruka, Aitor García y Oihane Munarriz. Sus coreografías se basan en ocasiones en pasos tradicionales pero las más de las veces aportan otras formas de expresión bailada. Afincados en Villava como Asociación Cultural durante la pandemia han podido dar forma a un concepto de espectáculo escénico de creación diseñado para su representación en teatros y casas de cultura que bebe de los símbolos de la naturaleza. Aúna música, danza y proyecciones audiovisuales y busca representar la conexión entre el árbol (ZUhaitza) y la vida (BIzitza) tendiendo un puente de conexión entre ambos que es Zubi. La Luna lleva la voz cantante porque marca el ritmo de la naturaleza e invita a bailar a los espíritus de las personas. Esa es la historia que cuenta para las proyecciones audiovisuales con los dibujos y diseños de Amaia Oloriz. El vestuario es de Isabel Amezketa, la producción de Ismael Yagüe, las coreografías de danza contemporánea son de Virginia Oroz y el montaje audiovisual es de Xabier Goñi. El compositor de toda la música ha sido Igor Martínez que ha compuesto diez temas originales editados en un disco a la venta. Igor toca todo tipo de instrumentos tradicionales de viento (gaitas, txistu, txirula, alboka, etc). Ha contado con conocidos músicos como Txuma Flamarike en las guitarras, Ion Dorregarai en el bajo, Asier Capón en el acordeón, Nestor Aranguren en la batería y las txalapartas de Mikel y Unai de Hutsun Taldea.
 ¿Zubi representa la madurez de Lauarin?
Zubi lo hemos tenido en mente desde que comenzamos a bailar no ya como Lauarin sino desde antes, desde que bailábamos en las ikastolas. Veíamos espectáculos que innovaban y pensábamos si seríamos algún día capaces. Era como un sueño que teníamos presente, pero que no sabíamos ni cómo ni cuándo llegaría. Sí que veíamos poco a poco con qué personas de equipo podíamos contar. Lo hemos conseguido y hemos podido contar con toda esta gente con la que deseábamos trabajar. Son personas que nos han enriquecido muchísimo en lo artístico y en lo personal.
¿El enfoque es diferente?
Hasta ahora nosotros bailábamos para otros proyectos y sus ideas. Ahora todas las personas que trabajan y colaboran lo hacen para nuestro proyecto. Además para nosotros cambia mucho el planteamiento de dónde expresarnos porque antes muchas veces eran participaciones en espectáculos de calle y Zubi ha nacido para las casas de cultura y los teatros. Hemos mamado muchas cosas desde txikis, por ejemplo todo lo que aprendimos con Izaskun Iturri y un espectáculo tan novedoso como Hizeia que para nosotros fue un referente. En Zubi llevamos trabajando dos años y es como llegar a la cima del monte. Lo bonito es el proceso y a pesar de los sacrificios el resultado final también es muy gratificante.
Cuenta una historia estrechamente ligada a la naturaleza…
Aunque nos costó decidirnos para dar el paso adelante para que Zubi naciera, nunca faltó la ilusión para afrontar el trabajo de un espectáculo de tal magnitud. Desde la primera lluvia de ideas la Luna aparecía constantemente en nuestros pensamientos, respecto a cómo influía en las mujeres. Así que optamos por la influencia de la Luna en las plantas. La Luna también nos ha acompañado en nuestra maduración, algo que queríamos que quedara reflejado. De lo que ‘Zubi’ fue en un primer momento a lo que es ahora hay un mundo de diferencia.
¿Las coreografías fueron por delante de las ideas?
No. Primero fue la idea. Le dimos la vuelta a todo los que queríamos representar y al tipo de escenas y la historia que queríamos contar. Después vinieron las ilustraciones de Amaia Oloriz y nos inspiraron mucho. Luego vino la música. Y después las coreografías.
¿La música ha estado muy sujeta a esas ideas o ha tenido libertad desde el momento de la composición?
(Igor) La gran anécdota es que me ficharon en una boda. Bendita boda porque estoy enormemente agradecido a esta oportunidad de participar en un proyecto así. También es un sueño. Música que yo iba esbozando en mi propia casa iba teniendo una salida. Recuerdo que la primera reunión fue justo después del confinamiento, y ya entonces tenían muy claro lo que querían. Recuperé algunas melodías y las arreglé y otras fueron de nueva creación. Luego probábamos con las danzas y de ahí surgieron algunas modificaciones. Algunas iban demasiado rápido en ritmo y otras hubo que acelerarlas un poco.
¿Esa música para la puesta en escena obliga mucho?
(Igor) Para moverlo, más aún con el covid, hemos reducido al mínimo a los instrumentistas y estaremos solo dos. Las bases estarán ahí y por encima haremos la parte melódica con distintos instrumentos.
¿La pandemia les ha ayudado a la creación y al avance?
Durante la pandemia pudimos preparar y realizar todo tipo de sesiones con danza contemporánea, hip hop, flamenco, clásico, para ir tomando ideas. Y preparábamos croquis. Esa actividad fue bien. El problema es que nos quedamos por la pandemia sin sitios para ensayar y tuvimos que hacerlo en nuestras casas. Aunque al pararse también el mundo y no tener otros compromisos al final compensábamos todo tipo de contratiempos.
¿Cómo se gestaron las ilustraciones, audiovisuales y vestuario?
Llevamos muchos años bailando y nos gusta cambiarnos y aportar variedad. Queremos ambientar cada escena de una manera diferente. No son trajes tradicionales aunque algunos recuerdan lo tradicional.
¿El folklore y el baile se tienen que renovar?
Sí, es lo que llevamos haciendo muchos años, con coreografías nuestras y renovadas. Y la música también. Hay melodías de danza que recuerdan a bailes como ariñ ariñ, suletino, etc. Pero la música está al servicio de la historia,  Hay instrumentos que van a sorprender como la presencia de guitarras eléctricas. Desde lo que hemos recibido culturalmente hay que empezar a soñar. Somos muy felices haciendo esto, manteniendo la tradición y renovándola. Y aprendiendo.
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