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Música

Zaz, incansable, emociona en Baluarte

La intérprete francesa hizo cantar al público que llenó el auditorio pamplonés

Ampliar Zaz, en el escenario de Baluarte.
Zaz, en el escenario de BaluarteJosé Carlos Cordovilla.
Actualizado el 14/03/2022 a las 22:24
La cantante francesa Isabelle Geffroy Zaz llenó este lunes por la noche Baluarte, en una nueva actuación en Pamplona, que comenzó a las 20.08 horas sorprendiendo a la concurrencia porque se levantó de una butaca de un lateral de la sala y fue cantando entre las zonas de paso hasta llegar al escenario. A punto de cumplir 42 años, conserva la misma jovialidad y lozanía emplazando al público a que viviera el concierto con la misma intensidad que ella acostumbra. Hablando en francés y castellano, explicó los elementos simbólicos del escenario, en especial las velas que hacen vivir al fuego, un elemento fundamental para ella...
Ya para la tercera canción descubrió -dentro de su mundo musical en el que el eclecticismo se hace siempre fuerte- sus ganas de que el público bailará y diera palmas con esa fusión entre chanson francesa y ritmo latino que es Qué vendrá, una canción con título y estribillo en castellano y que dice: “Qué vendrá, qué vendrá, describo mi camino, sin pensar, sin pensar... dónde acabará”
Tres aparatos de luz colgados a dos alturas, por encima del escenario portaban un toque elegante y clásico y daban réplica al propio vestido negro de pantalón acampanado y camiseta de tirantes poblado de lentejuelas brillantes. Un cañón de luz seguía sus movimientos escénicos y era el alimento para que Zaz fuera siempre un destello brillante.
En el quinto tema, cuatro de sus compañeros músicos abandonaron el escenario para que quedara con su pianista mano a mano en un bello dúo del tema Et le reste que es el que cierra su nuevo álbum Isa.
En el siguiente tema se lanzó ya a tumba abierta al gypsy jazz que le ha dado tantas alegrías para interpretar el famoso Les passanrs. Era el momento para hacer scat con ese timbre tan personal, intenso y con su toque ronco y dicharachero pero que resuelve siempre en pura energía. Fueron momentos mágicos de su forma de entender el jazz con su toque de swing, de gypsy y su chispa tan Zaz. Explosiva y entregada en un juego de duelo vocal con el percusionista o el contrabajista, hasta que los guitarristas terminaban de rematar la melodía... Era su versión artística más intensa la de esa Zaz inmensa que atesora toda la historia del jazz mamouche, el jazz gypsy frances.
La luz también quiso tener su protagonismo y fue el valor añadido con un fondo de escenario en el que en un azul-negro nocturno se dibujaron estrellas naranjas con haces blancos disparados en todas direcciones y juegos de formas geométricas redondeadas que resbalaba en las paredes laterales de madera de Baluarte...
El espectáculo luminoso subió otro punto cuando en el siguiente tema se encaramó por una escalera metálica que dispusieron en el centro del escenario. Hasta 14 haces luminosos cenitales apuntaban hacia ella. Eran sus momentos más pop a ritmo de medio tiempo y balada...
De ahí se música se fue cruzando y derivando a terrenos del electro folk. Tomó un pandero con atizador -al estilo de un bodhram de música celta- para ayudar a marcar el ritmo y con un canto con un melisma que parecía entonado por los bereberes en medio del desierto. Espectacular.
El público rendido a su energía y entrega se levantaba de sus asientos hasta que llegó el turno de su famosa Je veux, la canción que le dio la fama mundial en aquel famoso vídeo que interpretó en plena calle...Y el público cantó en francés en Baluarte en pleno éxtasis con Zaz. Pero la cosa no acabo ahí... porque a continuación Zaz comentó que su madre era profesora de español y que una vez le llevó a Ávila a estar con la tuna... y que le enseñó a tocar la pandereta con el cuerpo. Y ni corta ni perezosa se puso a cantar el “clavelitos de mi corazón” coreado por todo el público. Después en un registro muy íntimo interpretó también de su último disco Ce que tu es dans ma vie”
La Zaz más poderosa lograba que su voz volará por encima de las capas sonoras de los instrumentos, en un canto libre y semimprovisado. Fue otro de los momentos mágicos en los que no sólo cantó sino que también tocó un steeldrum (un tambor típico de la música calypso de Trinidad y Tobago).
A las 21.42 se despidió con todo el público en pie que pide bises.. El primero fue una versión tremendamente jazzy de La vie en rose, muy muy gypsy... en la que por supuesto improvisó de nuevo haciendo scat... En el segundo bis interpretó Les jours heureux  antes de presentara todo su equipo. Recibió una gran ovación final tras una hora y 50 minutos de concierto.
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