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Día del Libro

Navarra fue en 2020 la tercera comunidad con mayor aumento de lectores

Una bibliotecaria, una editora, un escritor y un librero reflexionan sobre si es posible conservar el incremento

Ampliar Navarra fue en 2020 la tercera comunidad con mayor aumento de lectores
Navarra fue en 2020 la tercera comunidad con mayor aumento de lectores
Actualizado el 22/04/2021 a las 06:00
Entretenimiento, desconexión, ánimo positivo, relajación, fuerza mental. Con estas palabras respondieron los encuestados para el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros a su relación con la lectura en 2020 en un informe que la Federación de Gremios de Editores de España plaga de datos. Como que leer libros ayudó al 81% a llevar mejor el confinamiento, que el porcentaje de quien leyó uno (el 68,8%) creció ligeramente (0,3 puntos) y marcó un fugaz máximo histórico, que aumentaron los lectores en tiempo libre 1,8 puntos o que la librería tradicional es preferida a otros canales (71,1%). También hay desglose para Navarra: tercera comunidad con mayor incremento de lectores de libros en tiempo libre (1,3 puntos, hasta el 66,5%). Y ahora, ¿existe modo de mantener, e incluso superar, ese aumento? Una editora, una bibliotecaria, un librero y un escritor reflexionan al respecto y sobre este tiempo.
Cifras y percepciones se reúnen en las siguientes líneas. Como que el aumento de la lectura lo pudo motivar “el cansancio de otras fórmulas de ocio de ficción que se llevaron el tanto por ciento más alto al inicio de la pandemia, como Filmin, HBO, Netflix...”, plantea el escritor Carlos Bassas, o que, cuando las bibliotecas abrieron en junio, la demanda de préstamo de libros en papel se puso al nivel de años anteriores. “Y eso que entonces el aforo estaba reducido al 30% [ahora es del 50%]”, remarca la bibliotecaria de la Txantrea Bea Cantero, que añade que también se han incrementado los usuarios de archivos digitales de las plataformas de las bibliotecas públicas navarras, que quien leía “lee más” y que la petición de nuevos carnés atestigua haber ganado lectores.
Al margen de las bibliotecas y con Amazon en frente, se pregunta Bassas hasta qué punto ha beneficiado el incremento de lectores a los libreros. La respuesta la ofrece Dani Rosino: él y sus colegas de profesión han comprobado “buenas ventas” desde la reapertura de sus negocios el 11 de mayo (“una vuelta a las librerías con mucho cariño por parte de la gente”), y por lo tanto más lectura, de lectores afianzados, de quienes han recuperado la lectura y de lectores nuevos. Porque los hay. “Los compañeros coincidimos: estamos viendo gente nueva en las librerías”.
Ha sonreído. Es comprensible: hace un año la gente estaba leyendo más mientras paraban en seco quienes producen libros y los venden. Esto, sigue la editora de Eunate María Oset, “sirvió a muchas editoriales para analizar su negocio y su manera de hacer las cosas y reflexionar sobre su labor”. De hecho, añade Bassas, “se decidió posponer grandes lanzamientos con la esperanza, no cumplida, de que esto fuera cuestión de seis meses, y a comienzos de este año hemos visto de nuevo una recuperación”.
REALISMO O QUIMERA
Más que de recuperación, desde su prisma de editorial pequeña María Oset habla de estabilización, pues no considera haber vuelto a la normalidad al no haber regresado presentaciones de libros, por ejemplo, de modo que “el libro, en la interacción con el lector, muere más rápido que antes”.
Y si hubo unos meses sin libros nuevos, ¿qué ocurrió con los de las bibliotecas? “El confinamiento”, evoca Cantero, “puso en cuestión un valor que singulariza a las bibliotecas: compartir, y compartir libros y compartir el espacio de la biblioteca se convirtieron en algo peligroso para la salud pública”. Pero estos espacios han demostrado ser indestructibles: “Hemos logrado reconducirlo y, poniendo en práctica todas las medidas de higiene y protección, que compartir libros sea un acto absolutamente seguro, y lo mismo los espacios”.
“De transición aún” este 2021, sostiene Oset que el confinamiento “supuso un cambio en el consumo de libros”, por comprarlos digitalmente “por no poder salir de casa” y por convertirse Internet en altavoz de recomendaciones, “que hay que seguir aprovechando”. Se refiere a una mayor presencia de todos, autores y autoras, editoriales y librerías, para que existan más conversaciones en torno al libro. “La pandemia ha metido el foco de la cultura, y ese diálogo cercano y la accesibilidad al escritor, al creador, a quien se dedica a esto, hay que aprovecharlos”. La clave: hacer “lo posible” para fomentar la lectura y una labor pedagógica de las editoriales sobre qué hacen y aportan y descubriendo su valor y el lugar que ocupan.
Y es que el reto absoluto de dar con la fórmula para mantener a los lectores no se presume fácil. “De hecho, es lo complicado”, apunta Rosino. “Se trata de acertar con los libros que los lectores van leyendo, y acertar no siempre es fácil. En nuestro oficio debemos discernir qué libro es para quién, teniendo en cuenta la cantidad de libros y la cantidad de lectores diferentes que existen”. Un criterio de selección que también corresponde a las editoriales, que confían en empezar a tener “mayor visibilidad”.
Fácil o difícil. Bea Cantero no se plantea en estos términos el reto de mantener lectores. “Hay que hacerlo. Ha sido el reto siempre, y ahora mismo tenemos unos muy buenos aliados: unos libros de una calidad increíble que se hacen atractivos solos”.
Pero es Bassas quien habla de “realismo”: en su opinión el grueso de lectores “nuevos o recuperados” en la pandemia desaparecerá conforme la situación se normalice. “Si mantenemos un 0,5%, podemos estar muy contentos”. Lo razona: “Llevamos muchos años en las mismas cifras, el mercado es el que es y la gente va a querer salir en masa cuando nos desconfinen de forma definitiva, y perjudicará a la lectura”.
ESTRATEGIAS
La conversación vuelve a tomar caminos diferentes al abordar la existencia o no de estrategias que funcionen en el mantenimiento de esta tendencia a la lectura. Con Oset defendiendo la continuidad de estrategias públicas y la necesidad de un diálogo de editoriales y autores con las instituciones públicas y Rosino asegurando que, “si la Administración no echa una mano en difusión y en dar a la lectura y los libros el lugar que se merecen en la sociedad, no se va a aprovechar este momento”, el argumento de Bassas -para quien no existe estrategia capaz de conseguirlo- de pérdida de lectores cuando la situación se normalice por querer salir todos a la calle la observa Cantero como oportunidad: ¿por qué no fomentar la lectura en el exterior?
Y es que, con los aforos al 50%, la bibliotecaria plantea conseguir la mitad restante lanzándose a la calle, como la imagen que recogió la fotografía “maravillosa” que le han enseñado recientemente de un grupo de lectura de la biblioteca de Yamaguchi cuya reunión se celebró en el parque. No sería, además, algo novedoso para los bibliotecarios, ya que siempre han tendido a moverse a colegios, institutos, piscinas, polideportivos... “Toca hacernos más visibles y comprar sillas, sombrillas y carpas con lemas que inviten a leer, de modo que los lectores se conviertan en la propia promoción de la lectura”. Porque se crean lectores tropezándose con lectores, añade al tiempo que visualiza en su mente pósters de estrellas de la cultura diciendo “leer el sexy”. ¿Por qué no? “Acercarse a una biblioteca y ver a la gente leyendo tranquila y concentrada, a los niños eligiendo sus lecturas... es sumamente atractivo”.
CREAR NUEVOS LECTORES
Al nombrar a los niños, Cantero ha introducido otro tema: la creación de lectores desde la infancia. “Y aunque esa es la cuestión”, continua Carlos Bassas, “las políticas de promoción de la literatura en edad escolar están fracasando y es un fenómeno que viene de lejos”. Él las ha conocido en colegios e institutos por los talleres que ha impartido como escritor. “Muchas veces, la carga de trabajo de los docentes y los propios centros las hacen imposibles”, subraya.
¿Cambiaría si se comprendiera que la fantasía debe formar parte de la educación desde el principio, como sostiene Oset? “Deberían leerse cuentos a diario o hacer actividades relacionadas con la lectura hasta un nivel muy alto. Digo lo mismo de la música -no hemos visto de pequeños a violonchelistas, violinistas o pianistas viniendo a tocar a clase-, de la pintura -no hemos conocido en nuestras aulas cuál es el trabajo de un pintor-... Hay unas etapas en la vida en la que la presencia de las artes debería ser más interdisciplinar”.
¿UN PLAN NACIONAL?
¿No existe estrategia institucional que valga? Rosino clama “por un plan nacional de fomento de la lectura ya”. “Es una cuestión de Estado, y que no se haya asumido en cuarenta años es sintomático de esa dejadez”. Debieran involucrarse, incide, los ministerios de Cultura y Educación, “y por qué no Sanidad”, sorprende con su respuesta: “La lectura es salud por muchas cosas, aunque solo sea por no mirar al móvil mientras lees”.
Porque esta responsabilidad no puede recaer, añade, en libreros, editoriales o en “un profesor que se deje el alma trabajándolo”. “Debe tener un marco claro. Es inapelable que se trata de un tema institucional”, a lo que se suma Cantero: “Aunque los planes nacionales cambian mucho más de lo deseable, debemos construir dentro de los marcos, y hay que actuar también por ahí”.
“Sería maravilloso”. Bassas responde con estas palabras a la idea de ese plan nacional. Pero precisamente para él la sola denominación “es ya una quimera por tener que desarrollarlo políticos, a quienes lo único que interesa de la educación y del fomento de la lectura es controlar mentes”. “Si España ha tenido ocho planes de estudio diferentes desde 1978, ¿cómo podemos pretender que todos los políticos se pongan de acuerdo en un plan común y global para los colegios españoles? Es un imposible: no tienen ni la inteligencia ni la grandeza suficientes para implicarse en un hecho así”. Y lanza el interrogante de si se podrían de acuerdo los distintos políticos en consensuar diez títulos para leer en los colegios. “Creo que no lo lograrían”, asegura al tiempo que alaba a esos profesores que se dejan la piel en intentar inculcar el amor por la lectura en sus alumnos y se convierten en “islas en medio de un océano de desinterés”.
EL DESCUBRIMIENTO
María Oset ha sido profesora de la ESO y tuvo varios alumnos que leían determinado tipo de libros, como fantasía, sagas... Para ella estas lecturas no suponían ningún problema porque buscaba que los chavales leyeran “lo que fuera”. “No tenía sentido obligarles a leer Fray Perico y su borrico si querían otra cosa. Mi función como profesora era hacerles entender y disfrutar de una literatura un poco más elevada, pero obligar a leer algo concreto en unas edades determinadas me parece un error”, sostiene respecto a la necesidad de revisar las lecturas obligatorias en función del mundo que les toca vivir: sostenibilidad, feminismos...
Ahí, en el fomento de la lectura con libros que no conectan con algunas generaciones, puede estar el error, en palabras de Bassas, que comparte con Oset la idea de crear lectores y, “una vez fidelizados, dejarles que evolucionen y decidan qué lecturas quieren”. “Mi labor”, apunta el escritor, “será conducirles, asesorarles o tentarles a que prueben otras cosas, pero, si no he conseguido que se enamoren de la lectura fruto de una decisión personal, no voy a conseguir nada”.
Porque tal vez el fan de Harry Potter, Crepúsculo o Dan Brown encuentre que Stevenson escribió “novelas de aventuras increíbles”; Mary Shelley, la novela “alucinante” de Frankenstein; Charles Dickens, “sobre jovenzuelos ladrones en los barrios bajos de Londres”, y Alejandro Dumas, “novelas de capa y espada fabulosas. “Hay que crear primero lectores y dejar después que vayan descubriendo poco a poco. Porque si crear el hábito de lectura pasa por obligar a leer a los 14 años Guerra y paz, tengo la sensación de que van a salir huyendo”, augura Bassas.
Las palabras descubrimiento y elección las repiten también Rosino y Cantero. Desde su puesto en Walden, el librero recuerda que se educó en la desaparecida El Parnasillo y cita a Roberto Colasso, según el cual, “a una librería se va pensando en un libro pero te llevas un par más que no sabías que existían”. “Tienes que buscar, dejarte llevar y poner tu intuición y de tu parte”, continúa ahora Rosino. Y es la bibliotecaria quien recuerda que las bibliotecas son los lugares idóneos para esas ensayos prueba-error que se van afinando hasta que los niños van creando su criterio. Confía en que desde las familias y colegios se sigue valorando la lectura y habla de aquellos padres que no leen que, sin embargo, acuden a las bibliotecas “para que sus hijos escojan libros libremente y se hagan lectores”. Y traslada esta imagen: “A los niños les encanta sacar todos los libros atractivos encima de la mesa porque el hecho de elegir es importante para ellos. Y es que la formación de criterio se produce decidiendo qué sí y qué no desde pequeños”.
Por encima de Amazon, el problema es la no lectura
 

“Amazon no es un problema exclusivo de las librerías, sino de todo tipo de comercios”, subraya Rosino, crítico con esta plataforma “tendente al monopolio y que pone en cuestión la viabilidad de una ciudad”, de modo que “decidir dónde comprar es un compromiso político”. “Si lo haces en Amazon, ¿hablas con el algoritmo?, ¿verás y conocerás a gente como en los comercios, verdaderas redes sociales?”, señala y añade que, por encima de Amazon, el problema es la no lectura. Cuenta que los catálogos de las librerías son “infinitos, del Poema de Gilgamesh a la última novela de María Dueñas que acaba de salir”. Un catálogo “se confecciona en continua conversación con los clientes: muy diversos, te nutres de ellos”.
Comprar libros a ciegas significa calidad editorial
 

Cuando en 2019 María Oset se puso al frente de Eunate, heredó una editorial generalista con un catálogo que sumaba 30 años de trayectoria, y hoy es el día que ella trabaja para crear el suyo, entendiendo, como defiende la editora pamplonesa de Acantilado Sandra Ollo, que la editorial significa “diálogo con los lectores e intervención cultural, decidiendo qué quiere aportar a la sociedad”. Y en estos primeros pasos de creación de su catálogo, Oset tiene en mente cinco criterios que le ha escuchado a la editora Silvia Querini: coherencia, consistencia, rentabilidad, relevancia y vigencia. Su aspiración, y el de cualquier editorial: que sus libros se compren a ciegas, sin fijarse en el autor. “Significará calidad editorial”.
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