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La vida en el Camino XII

Un peregrino y diplomático alemán en la corte del Príncipe de Viana en Olite

Sebastian Ilsung de Ausburgo perteneció al grupo de nobles europeos que, sobre todo en el siglo XV, mediante su peregrinaje salían a recorrer el mundo, de corte en corte, en busca de emociones y aventuras caballerescas

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Un peregrino y diplomático alemán en la corte del Príncipe de Viana en Olite
Actualizado el 01/05/2021 a las 06:00
El patricio de Ausburgo, diplomático y viajero, Sebastián Ilsung, emprendió hacia el mes de marzo de 1446, un viaje a España que también lo llevó a Santiago de Compostela, poniendo a su vuelta su relato por escrito. Su relato se recoge en un manuscrito londinense, conservado en la British Library, en el que se añaden también hermosos dibujos realizados a plumilla, entre los que destaca singularmente el que retrata al peregrino recibiendo la bendición del arzobispo compostelano. La peregrinación de Ilsung, no exenta de devoción, pertenece a la época en que los nobles europeos salían a recorrer mundo, particularmente en el siglo XV, de corte en corte, y también en busca de emociones y aventuras caballerescas.
Este tipo de peregrinaciones pertenecían las que realizaron el caballero Arnold von Harff (1496) o el barón de Rozmithal (1465-67). Hasta tal punto el viaje de Sebastián Ilsung está acompañado de planteamientos cortesanos, visitando todas las cortes que le son posibles, que no marcha a Portugal, como era su intención, dado que, según sus propias palabras: “allí no había ningún rey, solo dos príncipes que además no tenían corte, eran demasiado poco poderosos para ello y además allí había irrumpido la peste. Por todos estos motivos no me dirigí allí”.
Así, procurando moverse de corte en corte y haciendo acopio de todo tipo de certificados y recomendaciones, Ilsung, en camino a Compostela, llega a Suiza, hasta la corte del antipapa Félix V de Saboya en Ginebra, que le imparte su bendición y además le encomienda a su hijo, el duque de Saboya, que le recibe con todo tipo de honores y le proporciona un escudero a caballo.
Tras cruzar Francia, donde visitó, en el Delfinado, al gran maestre de San Antón, que le agasajó mañanas y tardes con vino tinto y blanco de la mejor clase, pasó a España por Gerona, llegó a Barcelona, Montserrat, Tortosa y, por el Camino de Aragón, alcanzó la corte de María de Castilla, esposa de Alfonso V de Nápoles y Sicilia y la de Navarra en Olite, donde estaba Carlos, el Príncipe de Viana y su esposa Inés de Cleves. Más tarde se dirigió a la corte de Juan II de Castilla.
Habida cuenta de que su viaje era de peregrinación a Santiago, se detiene también en la descripción de recintos sagrados, reliquias o milagros. Con un lenguaje sencillo, realmente destacan en el manuscrito que dejó, los distintos dibujos en color realizados a plumilla, así como escudos de armas de linajes patricios de Augsburgo, entre ellos probablemente el suyo dado que el autor comenta: “Luego regresé otra vez a Santiago, me despedí y erigí mi escudo en la iglesia, en donde ya había muchos más”.
Así comienza su relato: “Con las explicaciones que siguen, presento mi relato sobre el gran viaje al Señor Santiago y al Finisteren Stern y sobre todos los países que yo, Sebastián Ilsung, atravesé, todo a mis expensas”. El viajero narra su periplo, en el que recorrió, entre otros lugares, Ausburgo, Zurich, Lucerna, Berna, Ginebra, Saboya, Borgoña, Armagnac, Toulouse, Saint-Antoine-en-Viennois, Nimes, Barcelona, Montserrat, Tortosa, Zaragoza, Olite, Burgos, León, Santo Domingo de la Calzada, Santiago de Compostela (llegó el 16 de junio, día del Corpus Christi), Finisterre, Santiago de Compostela, Gerona, Ginebra y Ausburgo, viaje que finalizó el 28 de septiembre. El viaje, según el autor, lo realizó en medio año y durante él, cabalgó más de mil millas.
La narración de Ilsung destaca sobre todo por las cortes visitadas de las que queda impresionado por las más diversas curiosidades y maravillas que contempla, lo cual hace pensar que era un viaje en misión diplomática además de la peregrinación, es decir, itinerario en el que se mezclan varios motivos del estilo de viajes de caballeros acorde, posiblemente, con su clase social, en el que fue recibiendo diversos salvoconductos que facilitaban la seguridad de su desplazamiento y de las seis personas que le acompañaban.
EL VIAJERO LLEGA A OLITE
En Navarra, lugar al que se desplazó desde Zaragoza, llegó a la corte de Olite, a la que dedica unas magníficas líneas que, a lo largo de los años, fueron atribuidas a un anónimo autor alemán, desde su publicación en 1883 por J. Iturralde y Suit en la Revista Euskara, con el título Manuscrito curioso del siglo XV sobre Olite. Sin embargo, en la exposición Santiago Camino de Europa. Culto y cultura en la peregrinación a Compostela, realizada en 1993 en el Monasterio de San Martín Pinario, descubrimos la autoría del texto tantas veces citado como anónimo.
“A continuación llegué al reino de Naffren (Navarra) y también allí atravesé por muchas ciudades. Allí hay muchas costumbres que llaman poderosamente la atención; el país dispone de muy pocas fuentes y se debe aprovisionar del agua de la lluvia. Allí llegué a la hermosa ciudad de Olleit (Olite), en donde residía el rey (Carlos, príncipe de Viana). Él era entonces príncipe y el país sacaba más ventaja de su mandato que del de su padre, quien continuamente estuvo en guerra.
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El heraldo me llevó hasta el rey. Éste era todavía un hombre joven y me recibió muy amigablemente. Los deseos que yo le manifesté me los cumplió todos y mandó que me condujesen ante su esposa, que de soltera había sido una Kleff (Inés de Cleves). El heraldo me condujo también a través del palacio y de un castillo más suntuoso que aquél, en el que había muchísimas cámaras decoradas de oro; yo vi muchas de éstas. Es imposible decir cuántos edificios suntuosamente acondicionados hay allí, cuya magnificencia sobrepasa todo lo inimaginable...
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A continuación, el heraldo me condujo ante la reina que a causa del aire fresco se quedó al lado del muro defensivo que rodea la fortaleza. Allí había un gran tabernáculo ante el que estaba ella con su doncella de cámara. A su lado estaba el robusto conde de Fos (Foix) a quien yo había visitado antes. Entonces me arrodillé ante la reina. El conde dijo que ella debía hablar en alemán conmigo, pero ella se ruborizó y no quiso hacerlo. Pero el conde insistió en que debía hacerlo, y entonces dijo ella (en alemán) “levántate”, y el conde le gastó todavía muchas bromas. Me indicó por medio de mi intérprete que era deseo de la reina que me despidiese de ella como se acostumbraba a hacer en mi patria…
Al atardecer del mismo día se organizó un gran baile y la reina mandó una misiva a donde yo estaba alojado invitándome a él. Se originó, sin embargo, un temporal tan grande de viento huracanado y lluvia que no pude salir de casa, pues las antorchas se apagaban constantemente. Luego cabalgué al gran reino de Jispania (España)”.
Estas breves líneas que el viajero alemán tuvo la gentileza de escribir apenas traslucen un fugaz golpe de vista sobre la corte. No aluden, por ejemplo, a la indumentaria de sus personajes, pero -de nuevo a través del príncipe y también por las transacciones de compras registradas en las cuentas del “hostal”- se sabe que eran de uso corriente las camisas de lino y seda, los finos pañuelos, bordados a veces en hilo de oro, vestidos de lino, algodón y seda, casacas, jubones, brocados y terciopelos, pieles diversas y hasta caperuzas de armiño y de astracán, y para la mesa, mantelerías bordadas de todos los tamaños, algunas enormes, junto con servilletas y pequeños manteles individuales.
Las dos imágenes que ilustran la estancia de Sebastián Ilsung en la corte de Olite, cedidas por A. Iriarte y J. Corcín, reflejan el recibimiento que tuvo el viajero por parte de Carlos, príncipe de Viana, en una de ellas y por su esposa, Inés de Cleves, en la otra. En esta última, es de destacar el tocado de las mujeres emplazadas a la derecha de la imagen que en la misma época habían llamado la atención del también viajero alemán Arnold von Harff que cuando describe el atuendo de las mujeres de la zona o sus vestiduras menciona: “… donde las mujeres en general tienen el privilegio de llevar en sus cabezas un largo cuerno de paños de lino atados de una longitud de dos palmos”. Tocado que también sorprendió al anónimo peregrino inglés del sigo XIV, cuyo itinerario publicó Samuel Purchas.
VIAJE DE ILSUNG HACIA COMPOSTELA
Tras visitar Santo Domingo de la Calzada y conocer el milagro de los gallos llegó a Burgos, y gracias al obispo, obtuvo Ilsung cartas de recomendación para la corte del rey Juan II de Castilla, que estaba en una de sus campañas militares. El monarca le entregó también recomendaciones y la señal externa de su protección
Sin embargo, su relato sobre la meta de la peregrinación, Compostela, no es muy detallado y en él trata sobre todo de su visita al arzobispo, que ilustra con hermosas miniaturas en un templo apostólico encastillado, y que “la Iglesia de Santiago fue en tiempos un gran templo pagano sobre el que se podría contar mucho”, aunque quedó sorprendido de la grandeza de la catedral participando en las vísperas, era el día del Corpus Christi, así como en la misa solemne y en la procesión.
Siguió a Finisterre, subió a una montaña en la que se contempla la huella de un pie de Cristo y otras piedras sagradas (monte Facho). Más tarde se maravilló ante Nuestra Señora de la Barca (Muxía) y describe detalladamente el mástil de la mítica barca de piedra, agregando que veinte bueyes no lo pueden mover del sitio, salvo el que no está en pecado mortal, que lo puede hacer con un dedo. A la vuelta, deja su escudo en Santiago ante el Apóstol, como era habitual entre los caballeros de la época, y regresa por Francia, donde solo su falta de disponibilidad económica le impide ver al rey y dirigirse después a Inglaterra. Pasa por Ginebra, visita al duque de Saboya, su protector, y retorna a Ausburgo la víspera de San Miguel.
El viaje lo había realizado en medio año y durante él, había cabalgado más de mil millas. Y termina: “Dios y Santiago y los santos estuvieron a mi lado en el tiempo en que conocí países y reinos; esto sucedió en el año 1446 después del nacimiento de Cristo. Yo, Sebastián Ilsung”.
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