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Año Santo

Camino de Santiago: la iconografía del peregrino, a examen

Se pusieron en camino hacia lo lejano, vivieron la experiencia de lo extraño, de lo desconocido, la permanencia en el lugar de llegada sació su sed de salud espiritual, pero los peregrinos se dirigían a Santiago con diferentes motivaciones, con diversas procedencias y en épocas distintas. Una sociedad europea y cristiana en el Camino

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Camino de Santiago: la iconografía del peregrino, a examen
Actualizado el 26/06/2021 a las 06:00
El término peregrino, del latín peregrinus, es todo aquel que anda por tierras extrañas, o bien, en su significado más clásico se refiere al viajero que, por devoción o por voto, visita un santuario o algún lugar considerado sagrado, un lugar considerado santo, por el hecho de que allí nació, vivió, murió o está enterrado alguien que tenga tal consideración.
La concepción de la vida del hombre como una peregrinación es común a muchos pueblos y tradiciones y se refleja en expresiones cotidianas relativas al llamado “camino de la vida”, lleno de dificultades que tendrá que superar para llegar a la meta, una peregrinación en la que hay que vencer los obstáculos y enfrentarse a ellos para alcanzar el objetivo final. Las tres principales metas de romería de la cristiandad están en Jerusalén, donde se desarrolló la vida de Jesús; Roma, donde está enterrado San Pedro; y Compostela, que guarda los restos de Santiago.
Desde el hallazgo del sepulcro del Apóstol en una fecha imprecisa del siglo IX, lejos estaba Teodomiro, obispo de Iria Flavia de imaginar las consecuencias que, con el transcurrir de los siglos iba a tener este hallazgo, que han hecho de él, uno de los lugares de peregrinación más importantes de la cristiandad, que ha convertido a Compostela en una de las tres ciudades santas.
DEFINICIONES DEL PEREGRINO
El peregrino que marcha hacia Santiago es el peregrino por excelencia. Dante en su Vita nuova dice: “... peregrino se puede entender en sentido amplio y en sentido estricto: en sentido amplio, peregrino es aquel que está fuera de su patria; en sentido estricto, sólo es peregrino quien va hacia la casa de Santiago o de ella vuelve. Y ha de saberse también, que de tres modos se llaman las gentes que van al servicio del Altísimo: llámanse palmeros si van a Ultramar, de donde muchas veces traen la palma; llámanse peregrinos si van a Galicia, ya que Santiago fue sepultado más lejos de su patria que ningún otro apóstol; llámanse romeros si van a Roma...”.
Una distinción semejante aparece en Las Partidas de Alfonso el Sabio quien dice además que los peregrinos llegan a ser tales “Por servir a Dios e honrar los santos e por sabor de fazer esto, extráñanse de sus lugares, e de sus mugeres, e de sus casas, e de todo lo que han, e van por tierras ajenas, lacerando los cuerpos e despendiendo los averes, buscando los santos”.
Pero, lógicamente también existía la picaresca representada por el gallofero, un holgazán y vagabundo que andaba pidiendo limosna, y la gallofa, una comida que se daba a los pobres que marchaban hacia Santiago de Compostela. Muchos vagos se hacían pasar por peregrinos para recibir sin trabajar el plato de sopa con pan que la hospitalidad les ofrecía.
Por ello el adjetivo ‘gallofero’ adquirió un sentido peyorativo y extendió su significado a todos los trucos que se empleaban para conseguir dinero, cama o comida bajo el pretexto de estar realizando la peregrinación a Compostela. El mayor peligro que suponían los galloferos para los que realizaban su viaje piadoso por los caminos de Santiago era que las gentes y las instituciones caritativas y hospitalarias, por miedo a ser engañadas, dejasen de atender y servir a los verdaderos peregrinos.
CARACTERIZACIÓN DEL PEREGRINO
A pesar de esto, los motivos que inducían a la peregrinación eran diversos, desde el móvil más puro que era la devoción hasta el que buscaba el perdón de sus culpas o acudía al santuario compostelano en cumplimiento de un voto, sin olvidar aquellos que peregrinaban en representación de todo un pueblo o los simples viajeros que pretendían satisfacer su curiosidad.
Si hay un hecho indiscutible en la historia artística es el de la creación del tipo iconográfico de Santiago el Mayor, caracterizado como peregrino, debido a la peregrinación compostelana. Así, según apunta I. Bango, definida una iconografía convencional de peregrino desde finales del siglo XI, ésta no se aplicará pronto al Apóstol, dado que durante un largo periodo de tiempo la imagen del santo sólo portará algún detalle distintivo de la peregrinación y su verdadero símbolo, serán las veneras.
En principio, la venera, es la insignia que muestra a todos que el peregrino ha estado en el santuario de Santiago, así se indica en el Libro I del Codex Calixtinus: “Por lo mismo los peregrinos que vienen de Jerusalén traen las palmas, así los que regresan del santuario de Santiago traen las conchas,... la concha significa las obras buenas... y al regresar los peregrinos del santuario de Santiago las prenden en las capas para gloria del Apóstol y en recuerdo de él y señal de tan largo viaje, las traen a su morada con gran regocijo”.
También Aimerico Picaud en la Guía de peregrinos, al describir el pórtico de Compostela menciona: “Después de la fuente está el atrio o paraíso, según dijimos, pavimentado de piedra, donde entre los emblemas de Santiago venden a los peregrinos las típicas conchas”. Es decir, los peregrinos las colgaban del cuello o las cosían en sus ropajes como emblema indicativo de haber realizado la peregrinación a Compostela. Es lógico, por tanto, que al morir se les enterrara con ellas bien por haber muerto en la ruta de peregrinación o simplemente que, tras haberla realizado, por su devoción hacia el Apóstol quisieran ser enterrados con ellas.
En cualquier caso, estas veneras en los enterramientos, son bastante frecuentes en Navarra como lo demuestran las encontradas en posición original en diversas excavaciones realizadas en San Salvador de Ibañeta, en Pamplona en la calle Navarrería, en la plaza de San José, en la Catedral, en la plaza del Castillo y en la casa del Condestable, y en otros emplazamientos como en Santa María de Eunate, Santo Sepulcro de Estella, Santa María de Arlas de Peralta, San Saturnino del Cerco de Artajona, Sangüesa, Santa María de Zamarze y Santa María de Ujué.
La imagen del peregrino, incluso representada por el Apóstol como tal, será habitual a partir del siglo XIII y portará algunos de los emblemas de los caminantes tales como la “escarcela”, bolsa estrecha de piel con boca abierta y atadura, que significa la generosidad de la limosna y la mortificación de la carne; el “bordón” o báculo o bastón con el que el caminante alivia su paso, que a veces muestra una contera metálica en su zona inferior para defenderse de alimañas: Baculus defensio est hominis contra lupum et canem / El báculo es defensa de los hombres contra lobos y perros.
Asimismo, la “calabaza”, que adecuadamente vaciada, es recipiente para líquidos, especialmente el vino que se repartía en hospitales y otros lugares; “la concha o venera”, insignia que muestra que el peregrino ha estado en el santuario de Santiago; el “sombrero”, generalmente de ala ancha, con su parte superior levantada y adornado generalmente con una venera; la “esclavina”, también adornada con veneras o pequeños bordoncillos cruzados, de tal manera que tanto las conchas como bordones aparecen frecuentemente cosidos a la indumentaria.
NAVARRA. LOS PEREGRINOS EN IMÁGENES
En Navarra, donde la presencia de imágenes de Santiago peregrino es realmente numerosa, destacan también algunas imágenes de peregrinos como en la pila bautismal de la ermita del Santo Cristo de Cataláin de Garínoain; en Idocin (Ibargoiti) en la portada de la parroquia de San Clemente aparece una ménsula decorada con una figuración de un peregrino; en la ermita de la Virgen de Legarda, emplazada en Mendavia aparece la figura de un peregrino o caminante de rostro sonriente; en el claustro de la catedral de Tudela construido a finales del siglo XII, aparece una escena en la que se representa la cena de Emaús con un conjunto de peregrinos con sombreros, escarcelas y bordones.
En Roncesvalles se encuentra el relieve denominado “del socorro a los peregrinos”, que representa una escena vinculada con la peregrinación y Roncesvalles. En primer término, aparece un peregrino atacado por lobos y otros personajes que tratan de liberarlo. Junto a este grupo, un personaje con atuendo de peregrino, señala a la Virgen con el Niño que aparece en el cielo.
Cabe destacar, asimismo, diversos monumentos al peregrino realizados durante el siglo XX y comienzos del XXI, emplazados en lugares estratégicos del Camino a su paso por Navarra como en Luzaide - Valcarlos, donde se sitúa un grupo escultórico realizado por Jorge Oteiza, formado por siete estelas discoidales trabajadas en distintos tipos de piedra. En lo alto de la Sierra del Perdón, paso obligado de caminantes, se encuentra un Monumento a los peregrinos obra del artista pamplonés Vicente Galbete. Se trata de un conjunto escultórico en chapa de acero cortén que representa a varios peregrinos a lomos de animales o caminando, realizado a finales del siglo XX.
También en el camino jacobeo, en Puente la Reina, en la confluencia de las rutas jacobeas, se emplaza otro Monumento al peregrino, figuración de un caminante peregrino realizada en metal que ostenta los atributos jacobeos, realizada por el pintor y escultor Pedro Manterola, así como otros grupos escultóricos en la Autovía del Camino de C. Ciriza.
Pero hay, además dos imágenes fotográficas del siglo XX de gran interés, una de ellas de comienzos de siglo, hacia 1910, representa un curioso grupo de peregrinos alemanes en Roncesvalles.
La otra, representa a tres peregrinos de la “Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella”, Antonio Roa Irisarri, Jaime Eguaras Echávarri y José María Jimeno Jurío, peregrinos a Compostela en la primavera de 1963 que en 22 etapas recorrieron a pie los casi 800 kilómetros que separan Roncesvalles de Compostela, guiados por el Codex Calixtinus, investigando el trazado original del Camino, y elaborando informes sobre sus necesidades, el estado de la ruta, la infraestructura y servicio de los pueblos. Con atuendo de peregrinos y acompañados de una mula y un carro quisieron recuperar, en aquellos años en que la peregrinación a pie era bastante extraña, la ruta a Compostela.
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