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La vida en el camino XXII

Un peregrino de sangre real

El noble polaco Jacobo Sobieski llegó a Pamplona desde Bayona y marchó a Santiago a caballo

Ampliar Exterior de la catedral de Santiago en el siglo XVII. Dibujo de Vega y Verdugo
Exterior de la catedral de Santiago en el siglo XVII. Dibujo de Vega y VerdugoXacopedia
Actualizado el 24/09/2021 a las 11:41
Jacobo Sobieski de Janina (1590 - 1646), fue padre del rey Juan III Sobieski de Polonia y Gran Duque de Lituania de la llamada Mancomunidad polaco-lituana. La zona del mar Báltico hasta más allá de Danzing y Reval pertenecía, a finales de la Edad Media, al espacio de donde procedían las peregrinaciones ad sanctum Jacobum. En este sentido las conexiones políticas y dinásticas que Polonia estableció con otros lugares europeos contribuyeron al aprecio del culto al Apóstol, de esta manera se tiene constancia de viajes de peregrinos polacos a Santiago desde el siglo XIV.
Siguiendo una costumbre acreditada entre la nobleza polaca, Sobieski hizo en su juventud un largo viaje de seis años por Europa, para perfeccionar así su educación. La mayor parte de los peregrinos polacos procedía de la aristocracia, puesto que emprender un viaje de semejantes características no estaba al alcance de la mayoría de los ciudadanos, y entre ellos, será Jacobo Sobieski el polaco más destacado que llegó a Compostela en 1611. Partió en 1607 de Cracovia, pasando por Praga, Nuremberg, Estrasburgo y París, donde permaneció varios años estudiando latín, griego, matemáticas, historia y varias lenguas. También viajó a Inglaterra, Holanda y Flandes emprendiendo en febrero de 1611 su viaje a España.
SOBIESKI LLEGA A PAMPLONA
En la narración de su viaje comenta que salieron de Bayona para Navarra, región llena de montañas y árida que le pareció más triste de lo que es, después de haber visitado las alegres provincias de Francia.
De esta manera el 1 de febrero cruzó la frontera por Bayona y Urdax para viajar luego, pasando por Maya y Beruete a Pamplona, donde él y sus servidores fueron víctimas de una desleal mesonera cuyo suceso describe detalladamente. Su relato es muy revelador y muestra evidente de la tensión latente a lo largo del camino entre peregrinos y posaderos. Sobiesky se alojó en una posada de Pamplona y guardó su dinero en un armario del que el posadero le entregó la llave. Pero al parecer su mujer y su hija disponían de otra, duplicada. El posadero acompañó a los polacos a un paseo por la antigua ciudadela y, en tanto, Sobiesky fue desvalijado por la madre y la hija. El noble polaco denuncia el caso ante el virrey, que le recibe amablemente al saber que es natural de Cracovia y envía a un funcionario a investigar el caso. El posadero, que era inocente, alegó sorprendido que estaba con los polacos en la ciudadela y las mujeres negaron todo hasta que el criado de Sobiesky descubrió que habían arrojado al suelo la llave culpable. Todos, padre, madre e hija, son detenidos.
Como a otros viajeros, al noble Sobieski, le llama la atención el milagro y los gallos de Santo Domingo de la Calzada
Como a otros viajeros, al noble Sobieski, le llama la atención el milagro y los gallos de Santo Domingo de la CalzadaDN
A continuación, describe detalladamente cómo tuvo que acreditarse ante el funcionario “Entonces el me preguntó cómo podía justificar yo que era aquel quien decía ser. Le mostré mi pasaporte, que me había extendido mi señor Segismundo III y también el pasaporte del rey francés. El leyó los pasaportes y me dijo, perdóneme señor, pero quien sabe si el señor es aquel que aquí se dice” después de enseñarle todos los papeles, así como las letras de cambio para Lisboa y Sevilla, “el funcionario se disculpó diciéndome que no le tomase a mal el que no me hubiese creído ya que así debía hacerlo un buen funcionario”. Más tarde la intervención de un enviado del obispo, rogando al polaco que no pidiera la muerte de los culpables, salvó a los mesoneros, además, todo su dinero le fue devuelto.
El viajero comenta que después de marcharse no sabe qué pasó con la posadera y su hija, habida cuenta que el posadero era un hombre honrado e inocente, pero le había caído en suerte una mujer poco honrada que, juntamente con su hija, le había robado todo.
Salió de Pamplona “no me di ni siquiera la vuelta, sino que di gracias al buen Dios de que hubiera recuperado todos mis bienes; pasé la noche en una pequeña ciudad”, de allí marchó a Estella, una ciudad mediana con su río por medio, a Logroño y a Santo Domingo de la Calzada donde se detiene en detallar, como tantos peregrinos, los pormenores del famoso milagro del ahorcado. El polaco, no obstante, muestra cierto escepticismo ante la presencia de los gallos en la iglesia: “Cuenta la tradición que aquel gallo que volvió a la vida fue colocado en la jaula para eterno recuerdo y que los gallos que hay allí descienden de él... ¡Vaya usted a saber si se ha de creer a la pluma del autor o no que estos descienden de aquella gallina o de aquel gallo! Y así los conservan en la iglesia, cosa que yo he visto con mis propios ojos, y los alimentan a la vista del público en esta pequeña ciudad.”
EL VIAJERO MARCHA A SANTIAGO
Prosiguió su viaje a través del Camino Francés, por Burgos donde ensalza la catedral y menciona el crucifijo milagroso, Valladolid, León cuyas tierras califica de áridas e improductivas y desviándose del Camino, marcha hasta Oviedo, donde contemplo la Cruz de los Ángeles y partió a Santiago por el Camino del Norte.
Siguiendo una vieja tradición practicada por los peregrinos a caballo, el noble polaco descabalgó una milla antes de la ciudad, en señal de humildad y respeto, entrando en Compostela a pie. Queda impresionado por la catedral: “El Apóstol Santiago descansa bajo un altar. Este arzobispado es rico y tiene un gran número de clérigos. Los canónigos van vestidos como los cardenales y pasan del número de siete”. Describe el magnífico hospital, del que señala que puede competir con los mejores de la cristiandad. Luego, sigue a Padrón, donde admiró la fuente milagrosa y el barco de piedra en el que Santiago había sido traído por mar a Galicia. Pasando por Portugal, Andalucía, Madrid, Burgos, Vitoria y Guipúzcoa, regresó en julio de 1611 a Francia país donde aún permaneció dos años antes de regresar a Polonia en 1613.
El noble polaco, a la vuelta de su viaje, comenzó su carrera militar y diplomática destacando por su formación y elocuencia. El viajero tomó durante su viaje breves notas en francés y español que le sirvieron, veintinueve años más tarde y cuatro antes de su muerte, para redactar una relación más detallada en lengua polaca. Su manuscrito se publicó en Posnania con el título de Diario, por el conde Eduardo Raczynsky, incluyéndose una traducción española de la parte referente a la Península. El 13 de junio de 1646 falleció Sobieski en sus posesiones de Zolkiev.
POLONIA Y EL APÓSTOL SANTIAGO
Realmente Polonia es un país centroeuropeo de larga tradición jacobea, en el que llegó a haber, a finales del siglo XVIII, hasta 155 iglesias bajo la advocación de Santiago, y Ostroróg se erigía como el principal de sus santuarios. El Apóstol era, asimismo, patrón de la región de Gostynin. En la actualidad son varias las asociaciones encargadas de la difusión de la ruta Jacobea, entre las que destaca la Asociación Polaca de Amigos del Camino de Santiago fundada en 2003. Se conoce como Ruta Jacobea de Pequeña Polonia o Camino Małopolska, al trayecto comprendido entre Sandomierz, lugar en que se emplaza una iglesia de Santiago, y Cracovia.
Iglesia de Santiago en la localidad polaca de Sandomierz
Iglesia de Santiago en la localidad polaca de SandomierzDN
Es uno de los países que han experimentado un mayor crecimiento de las peregrinaciones en las últimas décadas del siglo XX. Este aumento de la devoción al Apóstol estuvo muy ligado a la visita del papa polaco Juan Pablo II a Compostela en el año 1982. Resultan importantes y ejemplares las palabras pronunciadas por el Papa en aquella ocasión: “Yo, Obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal desde Santiago te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: vuelve a encontrarte, sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces…”. Pocos años después, en agosto de 1989, consiguió reunir en la IV Jornada Mundial de la Juventud, de nuevo en Compostela, a más de 400.000 jóvenes.
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