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La vida en el Camino XXVII

Nuevos relatos de peregrinos en el siglo XVIII. Entre la sencillez y la picaresca

El espíritu de la Contrarreforma reactivó el Camino de Santiago, en que iban a convivir peregrinos auténticos con pícaros que trataban de vivir de las limosnas

Ampliar Imagen de peregrino del siglo XVIII
Imagen de peregrino del siglo XVIIIGrabado de Sebastián Le Clerc
Publicado el 27/11/2021 a las 06:00
La religiosidad barroca, empapada del espíritu contrarreformista, había favorecido la reactivación del Camino de Santiago en el siglo XVII, en especial durante los años santos; aunque en la ruta tendrán que convivir los peregrinos jacobeos con falsos peregrinos, interesados en vivir de la caridad y las limosnas en villas y ciudades, de tal manera que a los peregrinos de modesta condición social se une una masa pintoresca de picaros, vagos y maleantes, que van de santuario en santuario haciendo profesión de su condición de peregrinos, lo cual creó en España un concepto peyorativo de los peregrinos extranjeros pues se piensa que muchos extranjeros llegan como fingidos peregrinos, para vivir en el país “donde hallan la gente más caritativa”.
El subprior de Roncesvalles, Juan Huarte, a comienzos del siglo XVII, tiene la idea obsesiva de que son muchos los franceses que con este pretexto vienen a sustentarse en España: “Muchos labradores, dice, acabada la sementera, por no gastar en sus casas, o por no tener, emprenden la peregrinación y vienen a sustentarse en España con mujeres e hijos y con familias enteras... y se entretienen en ella hasta el tiempo de la cosecha, y entonces con las blanquillas que han cogido, cantando sus coplas y canciones, vuelven alegres a sus casas”.
Tiene contra ellos la misma prevención que contra los buhoneros franceses: “Estos pasan a sus tierras toda la buena moneda de España, dejando la suya falsa, y falsos los dijes que venden”.
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Certificado de peregrinación a Santiago, “Compostela”. 1740. Pistoia, Archivio di Stato.
EL ESCUETO RELATO DEL PEREGRINO BEARNES JEAN PIERRE LE RACQ
Evidentemente este no es el caso de médico y peregrino natural de Bruges del Bearne, Jean Pierre le Racq, nacido en 1769 que peregrinó a Santiago de Compostela en el año 1789. Es el autor del Itinéraire de Bruges à Compostelle, guía descriptiva en la que deja constancia de su viaje al sepulcro del Apóstol. La ruta que realizó es una combinación del Camino Francés y el del Norte, al que se une ya en Asturias, tras haber visitado la Cámara Santa de la catedral de Oviedo.
Jean-Pierre Racq sale de Bruges (Pirineos Atlánticos) en 1789 y se dirige a Saint-Jean-Pied-de-Port. Entra en la península siguiendo el Camino Francés, pasando por Roncesvalles, Pamplona, Puente la Reina, Estella, Los Arcos, Viana, Logroño, Navarrete, Santo Domingo de la Calzada -donde simplemente menciona “veréis el gallo y la gallina. Hospital de caridad”-, Burgos y León, y toma el desvío para dirigirse a Oviedo y visitar las reliquias que se encuentran en la Cámara Santa de la catedral. Tras un pequeño trayecto por el Camino Primitivo se desvía hacia el norte, donde enlaza con el Camino de la Costa hasta llegar a Compostela.
Su guía es parca en detalles. Cuenta, principalmente, la distancia en leguas que recorre en cada etapa, e indica las localidades en las que comienza y finaliza. Deja constancia de los hospitales y conventos de caridad en los que le acogen y observaciones útiles para el peregrino, como donde es preciso hacerse con provisiones para los días venideros. Elaboró un itinerario de naturaleza muy similar al de Nompar de Caumont, constituido por los trayectos de ida y de vuelta.
Procesión de peregrinos en Compostela, siglo XVIII. Juan Álvarez de Colmenar, Les Delices de l’Espagne & du Portugal I
RELACIÓN DE SU PASO POR NAVARRA Y LLEGADA A COMPOSTELA
Este es el escueto relato de su itinerario por tierras navarras Route pour aller à Saint-Jacques. Primeramente:

De Bruges hasta Oloron hay 5 leguas.

D’Oloron a Gironce, 1 legua y media.

De Gironce a Mauleon, 4 leguas.

De Mauleon a Saint-Jean-de-Pied-de-Port, 6 leguas.

De Saint-Jean-de-Pied-de-Port a Roncesvalles, 6 leguas: caridad a todas las horas.

De Roncesvalles a la Trinidad (de Arre), 7 leguas: caridad.

De la Trinidad a Pamplona, 1 legua: caridad a las 11 horas.

De Pamplona a Puente la Reina, 4 leguas: caridad a las 10 horas.

De Puente la Reina a Estella, 2 lugares: caridad a todas las horas.

De Estella a Los Arcos, 4 leguas.

De Los Arcos a Viana, 2 leguas.

De Viana a Logroño, 1 legua.

De Logroño à Navarrete, 1 legua.

De Navarrete à Najera, 3 leguas.

De Nájera a Santo Domingo, 4 leguas. Veréis el gallo y la gallina. Caridad en el hospital”.

Pasadas las tierras navarras y riojanas, y con la misma parquedad en la descripción de su itinerario, llega a Santiago y sobre su estancia en Compostela, menciona que reza a Dios por todos los pecadores y en particular por el “que ha escrito esta ruta”, él mismo. Además, reseña que en la catedral se confiesa con un sacerdote francés, recibe la comunión en la capilla del Rey de Francia, y después de haberla recibido, visita las santas reliquias y “todo sin pagar”. De regreso sigue el Camino Francés hasta llegar a León, da gracias a Dios y muestra su contento por llegar a dicha ciudad, pero menciona que estará más contento si el Buen Dios le concede la gracia de llegar a su país, es decir a Francia.
VIAJE DEL FRANCISCANO DE BOLONIA GIAN LORENZO BUONAFEDE VANTI
El humanista franciscano y profesor de Teología en Bolonia Buonafede Vanti peregrinó a Santiago entre el 30 de abril de 1717 y el 4 de mayo de 1718. Durante el trayecto envió doce cartas a un amigo, en las que iba describiendo los lugares por los que pasaba. Dejó un relato de su peregrinación, el Viaggio Occidentale a S. Giacomo di Galizia, Nostra Signora Della Barca e Finis Terrae, editado en 2004 por Guido Tamburlini. Años más tarde, en 2007, Jacopo Caucci hijo de Paolo Caucci, publicó la obra Gian Lorenzo Buonafede Vanti. Cartas desde el Fin del Mundo.
El largo recorrido del italiano comenzó por mar, en Génova, donde se embarcó hasta Cádiz, de allí marcha a Sevilla, camina hasta la desembocadura del Guadiana y deja una interesante descripción de la parte meridional del Camino Portugués -el tramo que va desde Extremadura a Lisboa- poco frecuente en los relatos de viaje y, a través de dicho Camino llega a Santiago. Una vez allí, decidió continuar hasta la costa, para visitar los santuarios marianos de Finisterre y Muxía que describe detalladamente, lugar del que comentó que sus vecinos “eran pobres” y que los hombres se dedicaban al mar y las mujeres básicamente a hacer encaje de bolillos.
Buonafede habla de su recorrido, describiendo numerosos lugares que los peregrinos de hoy conocen bien, también hace referencia a otros lugares, entre Compostela y Ponferrada, del que actualmente se denomina, Camino de Invierno, trazado jacobeo que une Ponferrada con Santiago de Compostela pasando por el valle del río Sil y la Ribeira Sacra. Se trata de una variante meridional del Camino Francés que evita las cumbres del Cebreiro, y por tanto resulta más asequible en invierno, como ya conocían los peregrinos medievales.
Asimismo, describe las ciudades del camino, las obras artísticas que vio, las devociones, las iglesias que admiró, las incomodidades que padeció o las personas de las que tuvo buena o mala impresión. Realiza detalladas y preciosas informaciones acerca del clima, de las medidas del tiempo y las correspondencias entre medidas de peso, distancias y capacidades antiguas y actuales.
A su regreso, Buonafede emprendió su viaje por tierra siguiendo en parte el Camino Francés dado que quería atravesarlo y visitar todos esos lugares maravillosos de los que hablan guías y códices, libros de milagros, canciones y leyendas. Sin embargo realizó varios desvíos pues tras llegar a Astorga, marchó a Valladolid, Madrid -con parada en El Escorial- Zaragoza, Logroño, con desvío hasta Santo Domingo de la Calzada, Roncesvalles y Saint-Jean-de-Pie-de-Port, y siguiendo la Vía Tolosana, entró en Italia por el paso del Frejús. Su peregrinación duró un año exacto: el 30 de marzo de 1718 estaba de vuelta en el convento de San Pietro.
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Manuscrito del pícaro Giacomo Antonio Naia
GIACOMO ANTONIO NAIA CON UNA GUITARRA Y UNA MARIONETA
Otro peregrino italiano, Giacomo Antonio Naia, carmelita, peregrinó a Compostela entre el 2 de junio de 1717 y el 2 de abril de 1719, escribiendo el relato Viaggio in Ponente a San Giacomo di Galitia, e Finisterre, caminato da me fra’ Giacomo Antonio Naia. El viajero demuestra no tener ninguna prisa en llegar a su destino, por lo que el viaje dura casi dos años. Desde Milán y Turín, cruza los Alpes a través del Moncenisio, sigue la costa francesa por Marsella, atraviesa Nimes, Montpellier, Narbonne y Perpiñan, pasa a continuación por Barcelona, Zaragoza y Tudela y se une con el Camino Francés en Logroño.
Estudiado detenidamente por Carmen Pugliese en su obra Viaje a Santiago de Compostela de Giacomo Antonio Naia (1717-1719): texto integral en español, describe la autora que el viaje de Naia no está exento de un importante componente de picaresca. Camina con un compañero, posiblemente un carmelita, que trae consigo también su perro y que organiza frecuentes escándalos. En realidad, mantiene un comportamiento poco adecuado para un fraile: roba fruta, es perseguido por los campesinos, molesta a los novicios, discute con todo el mundo, actividades a las cuales Naia se apunta gustoso. Por suerte, el compañero deja la peregrinación en Barcelona para embarcarse en un navío como capellán.
Seguramente el viaje de Naia tiene unas motivaciones religiosas, dado que cumple con todas las practicas devocionales que se requieren y se desvía a los santuarios marianos, pero también lúdicas, ya que desde el momento de la partida, Naia llevaba consigo en peregrinación como equipaje un burro, una marioneta, una guitarra y un repertorio de canciones burlescas que utilizaba para montar divertidos espectáculos acerca de la vida en los conventos femeninos. Su pieza fuerte es el Canto de la Madre Badessa, que cosecha constantes aplausos allí donde la representa.
Según C. Pugliese, a su vuelta no sigue el Camino sino que pasa por Valladolid y Salamanca, ciudad donde inexplicablemente se interrumpe su relato en abril de 1718, hasta Bolonia. Emplea ocho meses para llegar a Santiago, casi el triple del tiempo utilizado por otros peregrinos y sigue a Fisterra y Muxía. Cuando puede, se aloja en los conventos de su orden y si es necesario desvía y alarga su camino para poder hospedarse en ellos. Anota con precisión las distancias entre las localidades y a su vuelta a Italia continúa peregrinando por el sur.
Tres relatos peregrinos muy diferentes en el siglo XVIII, el del bearnes Jean Pierre Le Racq que describe el Camino con un escueto relato, el del franciscano de Bolonia Gian Lorenzo Buonafede Vanti, con sus detalladas informaciones y el del pícaro carmelita Giacomo Antonio Naia con un burro una guitarra y una marioneta, muestran la vitalidad del Camino y los variopintos personajes que lo recorren.
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