Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

ENTREVISTA
Actor

Pepe Viyuela: "Me he inspirado en Donald Trump por su manejo de la mentira"

El popular cómico interpreta al impostor por excelencia: el ‘Tartufo’ de Molière, en una versión que alude a las redes sociales y a los gurús de Silicon Valley. La obra llega este domingo al Gayarre coincidiendo con el Día Mundial del Teatro.

Ampliar Pepe Viyuela, en una escena de 'Tartufo'
Pepe Viyuela, en una escena de 'Tartufo'focus 
Publicado el 27/03/2022 a las 06:00
En los últimos años, Pepe Viyuela (Logroño, 1963) ha protagonizado algunos clásicos del teatro, entre ellos 'Rinoceronte' de Ionesco, con el que logró el premio Max 2016 al mejor actor, y 'Esperando a Godot' de Beckett, obra con la que actuó en el Festival de Teatro de Olite de 2020. Actor, cómico y humorista, actualmente compagina la gira de 'Tartufo' con la grabación de la serie 'La caza. Guadiana' de TVE, thriller en el que interpretará un papel dramático. Paralelamente ha desarrollado su faceta de payaso con 'Encerrona', espectáculo unipersonal con el que lleva trabajando 30 años.
Con 'Tartufo' sigue coleccionando grandes clásicos del teatro. ¿Es una obra a la que le tenía ganas? 
Particularmente a 'Tartufo' no, pero a Molière sí, porque nunca había tenido la ocasión de interpretar alguna de sus obras. Cuando ya nos sumergimos en la función, me di cuenta de que tenía ante mí a uno de los grandes personajes de la historia del teatro. 'Tartufo' se mantiene con la misma vigencia y la misma capacidad para remover conciencias, pero ante todo es una obra muy divertida, porque Molière era un cómico excelente. 'Tartufo' nos habla de ese hipócrita que habita dentro de nosotros y al que hay que mantener a raya porque nos puede sorprender en cualquier momento.
¿Lo curioso es que tendemos a pensar que solo los demás son hipócritas?
Exacto. Yo creo que Molière no solo hace un llamamiento contra aquellos que son marcadamente hipócritas, sino que también está esa lupa que debemos emplear para mirarnos a nosotros mismos y analizar cuántas veces engañamos al día, cuántas veces nos valemos de la mentira y de los disfraces para aparentar lo que no somos y ganarnos el favor de quienes nos rodean. 'Tartufo' presenta ante nosotros a los grandes hipócritas del momento. El mundo está lleno de estafadores.
¿Quiénes son esos Tartufos del siglo XXI?
Están en la política, en el mundo del marketing, en las redes sociales, los medios de comunicación... Yo creo que las propias redes vendrían a ser Tartufos digitales porque convierten nuestra vida en una mentira muy grande. Intentamos aparecer como quienes no somos. Además, las propias redes incentivan que nos presentemos ante los demás como personas más guapas, listas o divertidas. Internet y las redes son la gran innovación de nuestro tiempo en la hipocresía y la mentira. Vivimos en una confusión permanente entre realidad y ficción.
A la hora de abordar el personaje de Tartufo, ¿cómo lo ha hecho para no caer en la caricatura?
Los personajes de la obra tienen una gran carga de verdad, pero Tartufo es una farsa y Molière se vale de la exageración del carácter de los personajes para potenciar la capacidad de comedia. Yo he concebido a Tartufo como un muñeco en el que todos podríamos vernos representados. En general, todos los personajes tienen algo de muñecos porque esta obra es muy farsesca.
Cuando empezó a construir este Tartufo, ¿se inspiró en alguien en concreto?
Se te pasan por la cabeza multitud de personajes, tanto imaginarios como reales. Pensé especialmente en Donald Trump por esa muñequización de su propia persona que él ha propiciado por su manejo de la mentira y por su capacidad para embaucar. Dentro del mundo de la política, los ejemplos abundan, pero el personaje de Trump era muy evidente, porque es muy farsesco. No sabes si Trump es un ser humano o si es un ser creado para la mentira. En general, el personaje de Tartufo se mueve en la ambigüedad. No sabemos si estamos ante un político, ante un embaucador, ante un acosador...
En el cartel de la obra lleva una peluca con latas en lugar de rulos. ¿Cómo surgió esa caracterización?
No te dejes engañar por el cartel (ríe).
¡Como para llevar esa peluca durante la función!
Esa fotografía pertenece a un momento previo a los ensayos. Entonces había una propuesta estética que no se corresponde con lo que vais a ver en el teatro, porque durante los ensayos todo ha ido cambiando mucho. Pero sí, es una pregunta que nos suelen hacer al terminar la función: “¿Dónde está esa peluca?”. Ahí también hay un ejercicio de tartufismo (ríe), porque la propuesta estética de este montaje no tiene nada que ver con la del cartel. Mi Tartufo tiene un aspecto curil, parecida también a la que pueden tener los grandes dirigentes de Silicon Valley.
¿Esos dirigentes son embaucadores especialmente peligrosos?
Sí, porque durante años han escondido los peligros que tenía el entregarse incondicionalmente al mundo virtual. Y ahora resulta que estamos encerrados en un mundo en el que nos pueden conocer mejor que nosotros a nosotros mismos, gracias a la cantidad de datos que les estamos regalando a estas empresas. Han conseguido llevarnos al huerto, como hace Tartufo con Orgón. Por ejemplo, en esta función están presentes los teléfonos móviles.
Además de disfrutar de las funciones, ¿también le gusta estar de gira?
Para mí, el teatro tiene el aliciente de la itinerancia. Con este 'Tartufo' estaremos por ciudades y festivales, dando tumbos como los cómicos de la legua (comediantes nómadas). En cada lugar tienes que conectar con un público diferente. Según donde actúes, el público tiene su idiosincrasia: hay diferencias entre el norte, el sur, el centro, las grandes ciudades, las pequeñas poblaciones... Percibes matices muy interesantes. Además, en cada espacio escénico se respira una atmósfera distinta.
La puesta en escena de 'Tartufo' coincide con el Día Mundial del Teatro. ¿Qué valor tiene el teatro en estos tiempos tan convulsos?
Creo que el teatro es un asidero importante a la hora de conocerse y de relacionarse con los otros. En estos tiempos tan cambiantes, en los que todo es muy volátil, el teatro es una referencia milenaria, porque sigue haciéndose de la misma manera en que lo hacían los griegos. No ha cambiado la relación directa entre el actor y el público. El ritual del teatro tiene mucho que ver con esa necesidad que tenemos de analizarnos a través de la ficción, pero sin el filtro de una cámara. Creo que el teatro es algo indestructible: existirá mientras existan los seres humanos. 
volver arriba

Activar Notificaciones

Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE