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Cantautor

Ismael Serrano: “La pandemia me ha hecho más frágil”

El cantautor madrileño presenta este sábado en Baluarte (20 h., 35 y 38 euros) su nuevo trabajo titulado ‘Seremos’, un disco que nación con la “necesidad de mirar hacia delante”

Ampliar El cantautor Ismael Serrano.
El cantautor Ismael Serrano.DN
Actualizado el 08/04/2022 a las 08:06
Ya han pasado ya 24 años desde que se publicara Atrapados en azul, el primer disco de Ismael Serrano. Un álbum que marcó un hito en la música en castellano porque aquel joven de 23 años renovaba la mirada de un género musical empeñado en encontrar en lo cotidiano esa poesía que no siempre somos capaces de ver. Se le consideró uno de los principales renovadores de la canción de autor. Canciones como Papá, cuéntame otra vez y Vértigo se convirtieron en himnos para una generación que buscaba nuevos referentes musicales y poéticos. 17 discos de estudio después, con una exitosa carrera plagada de discos de oro y platino giras por toda España y Latinoamérica y colaboraciones con artistas de la talla de Serrat, Mercedes Sosa, Silvio, Aute y Nach, entre otros llega Seremos, un álbum que no mira al pasado sino al futuro, con 13 nuevas canciones que para Serrano son un viaje de autodescubrimiento y que cuenta con colaboraciones de artistas como Pablo Alborán, Clara Alvarado, Ede, Litus y Jimena Ruz Echazú.
¿La pandemia ha sido constructiva o destructiva para Ismael Serrano?
Me ha afectado, no sé si más o menos que al común de los mortales. Me ha hecho más frágil. Emocionalmente me siento más susceptible.Por eso surgieron nuevas canciones, necesitaba conectar con la vida que había quedado congelada. No fui capaz de escribir canciones que hablaran explícitamente de la pandemia (la gente en los balcones, los sanitarios jugándose el tipo, la épica del confinamiento y la soledad…) y la música me ayudó…
La música fue en este periodo más catártica que nunca…
La pandemia ha demostrado el valor terapéutico de la música. Los encuentros y conciertos virtuales en las redes eran momentos en los que la angustia se suspendía. Por eso las nuevas canciones hablan de esa vida con la que yo necesitaba conectar (que más pronto que tarde retomaríamos) y de la necesidad de hacer planes y de seguir mirando hacia adelante. El futuro era algo permanentemente aplazado en un momento en el que habíamos perdido el control de nuestras vidas. La música nos ayuda a reencontrarlo y a entender lo que te ocurre alrededor. También genera un espacio de encuentro con personas que tienen tus mismas expectativas.
¿Lo que transmite Seremos tiene un enfoque bastante diferente a sus trabajos anteriores?
Hay elementos que dejan intuir el tiempo en el que están escritas las canciones. El disco se llama Seremos porque tiene la vocación de la necesidad de mirar al futuro. ¿Ese ‘seremos’ significa que seremos mejores o peores? Lo importante es que seremos. Tiraremos para adelante y levantaremos la mirada. Además en lo personal he tenido una especie de deconstrucción de mí mismo. El confinamiento nos obligó a revisarnos, mirarnos ante el espejo. La primera canción comienza diciendo: “no soy el cantautor que vino a ordenarte la vida”. Varias canciones revisan los tópicos de la canción de autor.
¿Tópicos y mitos?
Por ejemplo hay una canción que se titula Cállate y baila que es un alegato contra la idea del cantautor circunspecto que siempre se toma todo a la tremenda hasta que una chica se le dirige y le dice “anda, cállate y baila conmigo”. Ahora es difícil encontrar autores que hablen desde el nosotros, que se expresen políticamente. En el fondo los prejuicios parten del desconocimiento, y de él viene el cliché del cantautor aburrido. El 15-M logró un cambio de paradigma y muchos artistas que venían del indie y del rock comenzaron a tratar esos temas. Pero esa ventana se ha cerrado y hemos vuelto otra vez a la hegemonía del escapismo.
¿Ahora hay bastantes estilos musicales que abogan por eso?
Es como una estética musical permanente para escapar de la realidad. O es mirarse permanentemente al ombligo y escribir la enésima canción de amor que no cuenta nada diferente respecto a la anterior. Ese hablar del ‘nosotros’, como hablaba Serrat en Mediterraneo -el mar es el horizonte en el que convergen nuestros anhelos, sueños y frustraciones dentro del pueblo blanco que es el paisaje común- es lo que yo persigo al intentar hablar del relato generacional de nuestra vida. No creo que sea el único que lo hace. Pero incluso nosotros los cantautores acabamos sucumbiendo a ese estereotipo de que somos personas serias. Se rehúye del propio término de cantautor. Es como una batalla cultura perdida. Si te pones serio no pasa nada, pero es bueno cuestionar la solemnidad
Un disco que sale de la pandemia con el apoyo y participación de varios compañeros…
Sí, por la necesidad de reencontrarme en un momento en el que era muy difícil hacerlo. Por eso tiene todas esas colaboraciones que me han hecho tanto bien. Grabar juntos fue en muchos casos imposible. Hacer el disco se convirtió en un reto. Los confinamientos suspendían la grabación… alguien tenía el virus o era contacto estrecho. Mucho estrés. Pero yo necesitaba compartir las canciones y convertirlas en diálogos. Creo que ha sido un acierto porque han tomado otra dimensión con las voces de Pablo Alborán, Clara Alvarado, Ede, Litus y Jimena Ruz Echazú. Las canciones me llevaron a esas voces.
También ha desarrollado un importante trabajo audiovisual con La canción más triste del mundo.
Me gusta contar historias y estoy obsesionado con los relatos. Para mí las canciones son relatos que traducen el momento anímico del artista. Incluso un disco es un relato, un concierto también. En ese empeño esta vez me metí en el proyecto de La canción más triste del mundo, que quiere rescatar el valor terapéutico de las canciones. Me ha ayudado a pasármelo muy bien y a cantar otras canciones. Ahora voy a preparar versiones de Alfonsina y el mar, Al alba… Por eso inventé el proyecto, porque me apetecía también cantar ese tipo de canciones con el soporte audiovisual.
¿La tristeza es importante?
La tristeza incomoda. Ahora en televisión hasta las entrevistas tienen que tener tono de comedia. Hay que darse espacios para poder estar triste y para el duelo. Ayudan a cicatrizar. Las canciones nos ayudan a hacer ese viaje. No pasa nada por escuchar canciones tristes. Tampoco se trata de estar en un estado permanente de tristeza y melancolía porque puede ser patológico. Simplemente es un estado natural que a veces se vive.
¿Cómo ha sido el reencuentro con el público?
Accidentado por los aplazamientos. Había sensación de precariedad, de caminar en el alambre, omicron fue devastador, a pesar de que los teatros han sido espacios seguros. Y ahora salimos de la pandemia y tenemos la guerra ¿recesión mundial? Pero aunque los planes sean frágiles, generando ese estrés que vive todo el mundo. La cultura lo ha pasado muy mal y muchos profesionales han quedado en el camino. Pero el reencuentro con el público es muy emocionante porque todos los vivimos con una sensibilidad especial. Hay que seguir persiguiendo los sueños. Y ese sentimiento se vive en los conciertos.
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