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Linajes del Reino

Los Lehet, de la octava cruzada a la rebelión (II)

El periodo más brillante del linaje Lehet abarca desde el siglo XIII, donde se embarcaron en una cruzada en Túnez, hasta el siglo XIV cuando protagonizaron actos de rebeldía

Ampliar La toma del castillo de Cartago en la octava Cruzada, en la que participó un Corbarán de Lehet.
La toma del castillo de Cartago en la octava Cruzada, en la que participó un Corbarán de Lehet.archivo
  • Begoña Pro Uriarte
Publicado el 25/04/2022 a las 06:00
En el siglo XIII comienza el periodo más brillante y destacado de los Lehet. Su participación en la política fue muy activa, llegando incluso a tener actitudes beligerantes en contra del poder establecido. Durante este tiempo hay dos apelativos que se repiten en la familia de generación en generación: Corbarán y Juan. El primero se puede corresponder con un término situado en el municipio de Milagro, entre El Raso y Soto de la Pena, zona que la familia había señoreado desde antiguo. El segundo es el nombre más repetido entre los varones en esta época.
La nueva etapa se inicia con la figura de Corbarán de Lehet cuya actividad se documenta ya a finales del siglo XII como alcalde de Estella y, poco después, de Milagro (1201).
Durante el reinado de Teobaldo II (1253-1270), los Lehet se posicionaron cerca del rey, acompañándolo en la octava cruzada. A la cabeza de ellos estuvo otro Corbarán de Lehet, probablemente hijo del anterior, quien poseía un señorío en Gorrizlucea (cerca de Tiebas) y estaba desposado con Toda Ibáñez, hermana del alférez Gonzalo Ibáñez de Baztán. Siguiendo las consignas de Luis IX de Francia y de Teobaldo II, las tropas navarras partieron a comienzos de la primavera de 1270 hacia Túnez. Una vez allí, se acantonaron en el castillo de Cartago, junto al resto de los cruzados. Un día, mientras comían, fueron atacadas por las fuerzas de al-Munstasir. El primero en reaccionar fue Teobaldo II y, con él, el resto de sus hombres. El poeta Guillem Anelier de Tolosa, que acompañaba a los franceses, destacó este gesto en su poema sobre la guerra de la Navarrería. “Y entonces veríais a muchos huir y esconderse / y fue tanto el estrépito y el griterío en el ejército / que apenas hubo alguno que pudiera aclararse y encontrar las armas en su lugar. / Y cuando el rey Teobaldo los vio desesperarse / entonces gritó ‘Navarra’ y fue a colocarse el arnés, / y el rey picó espuelas a su caballo y se lanzó en medio de la refriega. / Y los navarros cuando vieron a su señor atacar dijeron: ‘Barones, vamos a defender a nuestro señor, / y muramos todos con él antes que dejar que le venzan´”.
ALFÉREZ Y GOBERNADOR
Juan Corbarán de Lehet continuó la saga familiar. De su matrimonio con Urraca Vélaz, hija de Ladrón de Guevara, nacieron tres vástagos: Urraca, Martín (mesnadero de Tierra Estella a partir de 1318) y Juan Corbarán de Lehet (alcaide de Toro y alférez del estandarte real). La figura de este último personaje fue destacadísima en su época. En 1319 encabezó la embajada que se dirigió a París para tomar el juramento a Felipe II de Navarra y V de Francia. El viaje se realizó ante la negativa del rey capeto de venir a Navarra para ser coronado en la catedral y tras pedir que se enviara una representación del reino, ante la cual realizaría el juramento.
En 1328, al morir el rey Carlos I el Calvo, Juan protagonizó uno de los actos de rebeldía más notorios de la historia de Navarra al encabezar la rebelión contra los reformadores, gobernadores y senescales impuestos por Francia, decidir desligar el reino del trono francés, en el que acababan de recaer los Valois, y ofrecer la corona a Juana II, hija de Luis I de Navarra, casada con Felipe III de Evreux. Lehet fue nombrado regente junto con Juan Martínez de Medrano en las Cortes celebradas en Puente la Reina en marzo de 1328, apostó por la legítima heredera y ganó el pulso a los Valois, revelándose como un gran estratega y diplomático.
Fueron los años dorados de este linaje. La familia Lehet estaba consolidada en el escalafón nobiliario más alto del reino. Su éxito en política era incontestable. Además, Juan poseía grandes riquezas y controlaba zonas influyentes y prósperas; ricas en minerales, entre las que se encontraban Orendáin, Arzoz, Artazu, Arízala, Milagro, Peralta, Learza, Arguiñano, Opaco, Bera, Goizueta y Lesaka. Estas tres últimas formaban un señorío por sí mismas y tenían suma importancia, pues estaban emplazadas en una de las fronteras con más concurrencia de bandidaje.
La influencia de Juan Corbarán de Lehet fue máxima hasta que se topó de lleno con la política feudataria de Carlos II de Evreux, quien quiso atraerse a su lado al señor de Oñate, Beltrán Vélaz de Guevara. Esto provocó un conflicto de intereses sobre los territorios que señoreaba Juan Corbarán de Lehet. “En junio de 1351, por mandato del tribunal de la Cort y a instancia de Juan Vélaz de Guevara, hermano del señor de Oñate, se envió a un portero real a confiscar las villas y bienes del ricohombre Juan Corbarán de Leet y de su esposa Sancha Vallés de Foces”, escribe Félix Segura Urra en Goizueta “intus Ypuzcoam”. Percepción de la frontera navarro-castellana en el siglo XIV. Esta expropiación afectaba a Bera, Goizueta y Lesaka, territorios que quedaron adheridos definitivamente a la corona en 1359. En 1366, como compensación, el rey donó a su hija, Urraca Corbarán de Lehet, la villa de Andosilla.

Protagonista de historia y leyendas

Juan Corbarán de Lehet fue un hombre enérgico y de acción. Algunas fuentes atestiguan su presencia en la llamada fazienda de 1321, ocurrida en la zona de Beotíbar. Una campaña en la que lo más selecto de la nobleza navarra se enfrentó a las mesnadas de bandidos oñacinas lideradas por Gil López de Oñaz, que operaban en la muga guipuzcoana. La empresa resultó un enorme fracaso para Navarra, ya que en ella murieron muchos de los hombres que ocupaban los cargos más importantes del reino. Puede que esta circunstancia favoreciera el rápido ascenso en el escalafón funcionarial de Juan Corbarán de Lehet, quien sustituyó en el cargo al alférez Martín de Aibar, caído en esta contienda.
Su protagonismo levantó suspicacias en los primeros reyes de la dinastía Evreux, a pesar de su apuesta personal para que este linaje accediera al trono navarro. El 27 de febrero de 1329, pocos días antes de que Juana II y Felipe III fueran coronados en la catedral de Pamplona, protagonizó un acto de sumisión, entregando los sellos a los nuevos reyes. Sin embargo, esta circunstancia no le impidió ser uno de los doce ricoshombres que elevaron a los nuevos monarcas sobre el pavés.
El 6 de diciembre de 1334 fue convocado por el gobernador junto con el obispo Barbazán y otros nobles, para tratar los conflictos fronterizos con Guipúzcoa. José Goñi Gaztambide, en Los obispos de Pamplona en el siglo XIV cuenta que a Arnalt de Barbazán y a Corbarán de Lehet les unía una gran amistad: “el 8 de agosto de 1320 [el obispo] le concedió de por vida, sin contar con el cabildo, las cuartas de la iglesia de San Juan de Peralta, pero luego se desavinieron, se las quitó y, a instancias suyas, el papa Juan XXII revocó todas las concesiones, donaciones y enajenaciones de los bienes y derechos de la mensa episcopal, hechas por el actual obispo y sus predecesores de cuarenta años a esta parte sin observar los requisitos legales. La bula hería directamente a Juan Corbarán de Leet sin nombrarlo”. Este hecho llevó a Lehet a pronunciarse en contra de la decisión del obispo de nombrar a su pariente, Folcau de Barbazán, rector de la iglesia de Peralta. El conflicto se enredó tanto que ambos juntaron mesnaderos para defender su causa por las armas. El gobernador Sully en persona tuvo que intervenir. Citó a juicio a Corbarán de Lehet (al que por cierto no se presentó) y prohibió la entrada en el reino de gentes de armas para unirse a cualquiera de los dos. La disputa se zanjó al final merced a la disposición del obispo para solventar el conflicto.
Entre la fábula y la historia se cuenta también de él que, estando de campaña contra los aragoneses, en plena racha de victorias, se acordó de cierto pecado que había cometido; y tal fue su vergüenza que a causa de ello perdió la contienda. Se casó con la aragonesa Sancha Vallés de Foces, con la que tuvo a Urraca (desposada con Álvaro Díaz de Haro, señor de Cameros), Elvira García (casada con Fernando Gil de Asiáin) y Juan Corbarán de Lehet. Entre sus nietos estaban Urraca Álvarez y Elvira, Fernando y Sancha Gil (señora de Learza).
A pesar de sus encontronazos con la corona, la familia todavía retuvo una cota de poder bastante relevante hasta el último tercio del siglo XIV. No está muy claro si las noticias siguientes sobre Corbarán de Lehet fueron protagonizadas por este mismo personaje o por su hijo del mismo nombre. Un Juan Corbarán de Lehet es nombrado en numerosas ocasiones como uno de los hombres de armas que acompañaron a Carlos II en sus reivindicaciones en suelo francés. Bajo las órdenes de Felipe de Longueville, hermano de Carlos II, participó en el asesinato de Carlos de la Cerda, enemigo declarado del rey navarro y favorito del rey francés, Juan II, perpetrado en una posada de L’Aigle (1354). A consecuencia de este crimen, Carlos II fue encarcelado en el castillo de Arleux. Según una de las versiones narradas alrededor de este suceso, fueron los caballeros navarros Fernando de Ayanz, Rodrigo de Úriz, Carlos de Artieda y Juan Corbarán de Lehet quienes consiguieron rescatar al rey de su cautiverio, disfrazados de carboneros.
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