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Victoriano Flamarique, pionero del cooperativismo

El sacerdote Victoriano Flamarique, párroco durante casi 30 años de Santa María de Olite fue uno de los pioneros en el cooperativismo de origen católico en Navarra

Ampliar Las máquinas de la Harinera de Olite.
Las máquinas de la Harinera de Olite.CEDIDA
  • Javier Corcín Ortigosa
Publicado el 16/05/2022 a las 06:00
Se cumplen 150 años del nacimiento de uno de los personajes que más contribuyó al desarrollo de la Navarra rural a comienzos del siglo XX con la creación de las cajas rurales y las cooperativas agrarias. Es, por tanto, buen momento para recordarle, reconocer sus méritos y mantener vivo el espíritu de su labor social.
Flamarique nació en la villa de Beire el 13 de enero de 1872, en el seno de una familia católica y conservadora. Estudió en el Seminario Conciliar de Pamplona y desempeñó su labor sacerdotal en Lezáun (1895) y Mañeru (1897), antes de tomar posesión de la parroquia de Santa María de Olite (1898-1927). Su persona se asoció a su actividad en Olite y pronto se le conoció como “el cura de Olite”. En Flamarique se funden la vocación de párroco y la de sociólogo. Era un hombre tenaz, trabajador, entregado entusiasta, de palabra fácil y sencilla, con gran sensibilidad artística y dotes para la música y el canto.
A comienzos del siglo XX Olite era una ciudad de 2.660 habitantes, marcada por una fuerte conflictividad social y la penuria económica. Estaba reciente la pérdida del viñedo, su principal fuente de riqueza, a causa de la filoxera. La precariedad en el trabajo originó una fuerte emigración hacia América, fundamentalmente a Argentina. De muy atrás se venía arrastrando una distribución desigual de las tierras y habían surgido serios conflictos a causa de los comunales. A esto se unían el control ejercido por la clase pudiente y la práctica de una usura abusiva sobre las clases media y baja, que impedían tanto el desahogo familiar como el desarrollo económico.
Flamarique sentía la necesidad de actuar para mejorar las condiciones de vida y las relaciones sociales. Para ello se formó en temas relacionados con el cooperativismo en la Escuela Social de Valencia dirigida por el jesuita P. Vicent, y siguió la estela del zamorano Luis Chaves Arias en lo relativo a la organización de las Cajas Rurales. La influencia y amistad con ambos ideólogos fue para él y sus proyectos sumamente enriquecedora. Conocía también las iniciativas que se llevaban a cabo en Europa -principalmente en Alemania y en Bélgica- para dinamizar el mundo rural. Esta preocupación fue compartida por D. Antonino Yoldi, profesor de sociología en el Seminario Conciliar de Pamplona, y contó con el apoyo decidido del obispo de Pamplona Fray José López de Mendoza.
Este movimiento se enmarca dentro del campo de la acción social desarrollada por la Iglesia, como consecuencia de la doctrina emanada de la encíclica Rerum Novarum (1891) de León XIII, en la que se exhortaba a los sacerdotes a un compromiso social con los más necesitados.
El camino no fue fácil. Flamarique tuvo que soportar la oposición, fuerte y activa, de buena parte de los ricos liberales, lo que impidió que su proyecto fuera asumido por todo el pueblo. Y así se creó una segunda bodega cooperativa, Cosecheros reunidos, y el Sindicato de Labradores, una organización fuerte e influyente en un sector de la localidad. Está oposición perduró en el transcurso de los años y fue uno de los factores que influyeron en el fracaso posterior de toda su labor. En Navarra fue atacado por algún segmento de la derecha económica, por los sindicatos y partidos de izquierda, y, al mismo tiempo, cuestionado por sectores conservadores de la Iglesia.
Hombre de mentalidad abierta, su concepción del cooperativismo trascendía el ámbito de lo local. Así promovió la federación de varias “cajas” entre pueblos vecinos para emprender empresas conjuntas, como fueron la Cooperativa de Abonos, La Harinera Navarra, la Electra y la sociedad exportadora Federación de Bodegas Cooperativas de Navarra.
La obra desarrollada por Flamarique tuvo gran repercusión en el marco de la acción social desarrollada desde la Iglesia y su persona gozó de reconocido prestigio. Su labor como propagandista social fue intensa. Impartió conferencias por toda la geografía navarra y en diversas ciudades españolas (Bilbao, Vitoria, Valladolid, etc.), participó activamente en las Semanas Sociales de Valencia, Sevilla, Barcelona y Pamplona, dedicadas al estudio, difusión y aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia, y en el Congreso Nacional de Viticultura de Pamplona de 1912. Mantuvo contacto y relación con numerosos propagandistas del cooperativismo católico, entre otros con Severino Aznar, uno de los fundadores del Grupo de la Democracia Cristiana.
LAS OBRAS SOCIALES
Olite va a ocupar un puesto privilegiado como precursor del movimiento cooperativo, haciendo realidad un importante entramado de cooperativas de crédito, de producción, de consumo y de instrucción y recreo, con una repercusión crucial en el resto de Navarra. Estas instituciones van a estar orientadas a la formación integral de la persona: religiosa, económica, instructiva y recreativa.
Bien se le puede aplicar a Flamarique la cita Evangélica “por sus frutos los conoceréis”. Una exposición de las obras sociales pone de manifiesto la magnitud de su obra.
La primera iniciativa que acometió Flamarique fue la creación de la Caja Rural (1904-1930), con el objetivo de frenar la huida de dinero del campo a la ciudad y de hacer frente a la práctica abusiva de usura. Adoptó el sistema Raiffeissen, basado en la responsabilidad ilimitada y solidaria de todos los socios. Sirvió de estímulo para que en los años siguientes se crearan hasta 150 “cajas” por toda Navarra, labor emprendida casi siempre por curas rurales. A los imponentes se les pagaba el 3 por ciento anual y los prestatarios pagaban el 5 por ciento. Las operaciones de caja a caja se hacían al 4 por ciento.
En torno a la Caja Rural, y bajo su amparo, surgieron y se desarrollaron todas las obras sociales cooperativas proyectadas.
La Cooperativa de Abonos (1904-1925) fue la primera realización de las obras sociales emprendidas por la Caja Rural. En ella se puso a prueba la unión de los pequeños agricultores para la compra en común del abono en grandes partidas. Con esto se conseguía reducir los precios, evitar los intermediarios y asegurar la calidad, pureza y peso de los abonos; al mismo tiempo que un aumento en la producción agrícola. Durante los primeros años la Cooperativa centralizó la compra para 40 cajas de los pueblos vecinos, para pasar, a partir de 1910, a realizar los pedidos a través de la Federación Católico-Social Navarra. De los 8 vagones adquiridos en 1904, se pasaron a 534 en 1908.
En 1908 se fundó la Harinera Navarra por las cuatro cajas federadas de Olite, San Martín de Unx, Ujué y Pueyo, con un capital de cien mil pesetas, amortizado en pocos años.
En 1914 era la mayor fuente de riqueza de la Caja Rural, daba trabajo a 16 obreros y acaparaba la mayor parte del trigo producido en Olite. A su vez, los precios que pagaba eran superiores a los particulares y las condiciones de compra al contado y en depósito eran muy ventajosas para los agricultores.
Es de destacar la envergadura del proyecto: la arquitectura del edificio, la modernidad de sus instalaciones y de la maquinaria, y la alta preparación de sus gestores.
La Sección Panadería (1914) dispuso de hornos giratorios montados con todos los adelantos. Se daba trabajo a nueve obreros panaderos y se elaboraban cada día entre 17 y 20 sacos de harina de 100 kilos. Contaba con catorce puestos para la venta de pan y se enviaba pan a seis o siete pueblos del contorno. Ofrecía el pan a unos precios más que razonables y, en los momentos difíciles, procuraba evitar el alza y ser previsora en las épocas de crisis. Entre 1913 y 1918 la Caja Rural asumió la Carnicería o suministro de carne a sus socios a unos precios ventajosos.
Uno de los logros más significativos, que muestra la envergadura de los proyectos realizados, fue la creación de la Electra-Caja Rural, asociada con las centrales eléctricas en Lumbier (1909) y Gallipienzo (1918). Para el suministro de luz a domicilio se fijaron unas tarifas tal vez desconocidas debido a lo bajo de los precios. Con estas centrales se aseguraba la electrificación y el funcionamiento óptimo de la fábrica de harinas, de las trilladoras, los motores de industrias particulares y de las bodegas cooperativas, y se garantizaba el alumbrado de cuatro pueblos: Olite, San Martín de Unx, Ujué y Gallipienzo.
En 1909 se organizó el Círculo de Instrucción y Recreo: “El Círculo Católico”. Los locales del Círculo fueron un foco de cultura. Disponía de un gran salón de actos utilizado fundamentalmente como sala de proyecciones, conferencias y representaciones. En los tres primeros años se celebraron más de 28 veladas a cargo del cuadro de actores del Círculo, poniéndose en escena más de 50 comedias, sainetes y zarzuelas, amenizadas por el cuarteto y la rondalla del mismo Círculo. También contaba con un pianista que amenizaba y acompañaba buena parte de los actos. Tuvieron gran éxito las sesiones dominicales de cine. El Centro de Proyecciones poseía un fondo inicial de más de un millar de diapositivas con las que se podían dar cien conferencias catequísticas, de Geografía, de Historia natural y sociales. En la Escuela Nocturna se impartían clases para adultos de instrucción y cultura general. Contaba con una sala de lectura dotada de una importante biblioteca con enciclopedias generales, libros de historia, de literatura general, religiosos, de conocimientos agrícolas. Además, disponía de un salón de café y juegos, y un salón de billar. Llegó a contar con 500 socios.
Los fines principales que perseguía el Círculo eran la formación religiosa y cultural, la instrucción profesional, científica y artística, y la honesta expansión. Se trataba también de contrarrestar la influencia de las tabernas y cafés públicos luchando contra la blasfemia y el juego, y se entendía como un lugar de encuentro de ricos y pobres que sirviera para acortar las distancias y aproximarse al principio de hermandad.
El año 1919 se constituyó la sección titulada Trilladora Sindical, que llegó a contar con tres trilladoras para socios de la Caja Rural.
Flamarique promovió la edición de El Olitense (1913-1925), publicación quincenal que constituía el órgano de expresión de las parroquias y de las obras sociales. Fue fiel a la cita quincenal durante doce años y constituye uno de los documentos más valiosos para conocer el devenir de las obras sociales y la vida de Olite de esos años. Desgraciadamente no se ha conservado ninguna colección completa.
La Bodega Cooperativa Olitense (1911) representó el proyecto más ambicioso realizado por la Caja Rural de Olite. Previamente se realizaron ensayos que demostraron la viabilidad del proyecto y animaron a 208 socios a constituir la bodega, llegando hasta 280 en 1920.
Siguieron años de gran desarrollo y beneficios para los pequeños viticultores. Las liquidaciones de uva supusieron alrededor de un treinta por ciento de aumento en relación al precio de la compra de uva en vendimia. Se consiguió la mejora de la calidad de los vinos elaborados y su buena aceptación en el mercado, especialmente el moscatel de celebrar. En 1918 se amplió la bodega con un moderno edificio con 52 depósitos de hormigón. Fue importante la labor del ingeniero agrónomo Nicolás García de los Salmones en la recuperación del viñedo y la del enólogo navarro Apolinar Azanza en los trabajos de bodega y tratamientos de la vid.
La Fábrica de Aguardientes y Licores (1912 - 1923) ofertaba una gran diversidad de licores: ron, anís, coñac, vermú, aguardiente…
Incentivados por la necesidad de abrir nuevos mercados para los vinos en el extranjero, el año 1920 se organizó la Federación de Bodegas Cooperativas de Navarra, constituida por las bodegas de Olite, San Martín de Unx y Villafranca. Fue una empresa audaz, al mismo tiempo que arriesgada, y acabó en fracaso por impagos de pedidos de Cuba y México, que influyeron decisivamente en el declive de la Bodega.
El gran desembolso económico que supuso la ampliación de 1918, los impagos de pedidos y la llegada de unos años de malas cosechas y bajos precios, perjudicaron el desenvolvimiento posterior de la Bodega. A partir de 1923 van a surgir graves dificultades: necesidad de solicitar créditos, hipoteca de la Bodega, multas a socios, retirada de socios, pleitos en los juzgados y venta de los edificios del Círculo, Bodega Vieja, Caja Rural, Harinera, destilería y molino. A los problemas económicos y posibles fallos de gestión, se unió la desconfianza de numerosos socios, la falta de disciplina de los mismos, la división y la influencia en contra ejercida desde sectores locales adversos a las realizaciones de la Caja Rural. Cuesta creer que se desmoronaran todas las obras sociales que tanto esfuerzo había costado crear.
Desde 1925 hasta 1940 la Bodega Olitense fue arrendada a diversos particulares y estuvo gestionada por una Junta Liquidadora. Una vez solventada la cuestión económica, se reorganizó de nuevo la Bodega con 74 socios para dar paso a la campaña de 1941. A pesar de los arriendos, la bodega no perdió nunca el carácter de bodega cooperativa. En la actualidad la Bodega Olitense forma parte de Bodegas Vega del Castillo (1999), resultado de la unión con las bodegas cooperativas de Pitillas y Ujué.
La complicada situación creada en Olite influyó en el ánimo y la salud de Flamarique a tal punto que un grupo de personas influyentes de la Democracia Cristiana le proporcionaron una salida digna con una canonjía vacante en la catedral de Tarazona. Fueron años de penuria y dificultades durante la República, la Guerra Civil y la posguerra. Ejerció de Director Diocesano de varias asociaciones Eucarísticas. Esos años estuvo atendido por su sobrina Primi Flamarique y murió el 11 de octubre de 1946 en medio de la pobreza y el olvido.
Hablar de Flamarique nos obliga mencionar a dos personas que lo han llevado en el alma, que lo han defendido y difundido su labor. Es el caso del olitense Ángel Jiménez y del sacerdote don Jesús Equiza autor del libro El cooperativismo navarro.
En el centenario de su nacimiento fue reconocido por la Unión Territorial de Cooperativas del Campo de Navarra y la Caja Rural en unas jornadas celebradas en Olite. La Bodega Olitense le recordó en el centenario de la bodega y sus vecinos de Beire le han dedicado una plaza y un busto en 2006. La sociedad navarra, y Olite en particular, tiene una deuda por su entrega y aportación al cooperativismo
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