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De la danza al mundo

David Mejías, la danza que vive en los cruceros

'De la danza al mundo'. Una serie sobre bailarines navarros que abandonaron la Comunidad foral para dedicarse profesionalmente a la danza

Ampliar El coreógrafo David Mejías muestra, junto a su compañera, un paso de danza a los bailarines de los cruceros TUI, en los estudios que esta compañía tiene en Berlín.
El coreógrafo David Mejías Clavijo muestra, junto a su compañera, un paso de danza a los bailarines de los cruceros TUI, en los estudios que esta compañía tiene en Berlíncedida
Publicado el 22/05/2022 a las 06:00
Su historia es, en versión masculina, la de Alexandra, la protagonista de la película 'Flashdance': una joven trabajadora que sueña con ser bailarina profesional y que, para hacer realidad sus sueños, se emplea por el día como soldadora en una industria del acero y por la noche baila en un cabaret. Como ella, tampoco David Mejías Clavijo (Burlada, 1978) empezó a bailar de niño: sino que lo hizo tras haber cumplido 23 años, y tener un trabajo fijo en una empresa proveedora de Volkswagen, a la que se había incorporado al cumplir la mayoría de edad.
Este profesional navarro, que es el pequeño de siete hermanos y el primero en dedicarse a una actividad artística en toda la familia (“el bicho raro”, le llaman), cuenta que su historia de amor por la danza comenzó cuando un primo suyo le introdujo en un grupo de aficionados a los bailes de salón (el Ballet de Pili Fernández), con el que hacía pequeños espectáculos de flamenco y bailes de salón en las fiestas de los pueblos.
“Un día -prosigue-, teníamos que actuar en Burlada con un par de numeros de salsa; y, a una hora de que comenzara el espectáculo, una de las parejas que tenía que bailar con nosotros empezó a discutir y no quería subir al escenario. Como no pudimos convencerles de lo contrario, cuando faltaban 10 minutos para el inicio, otro miembro del grupo se vino hacia mí y me dijo: ‘Acabo de comprar el disco de Chayanne, voy a poner la canción de 'Torero' y tú vas a subir a bailarla’. Me quedé blanco, no supe ni qué decir, y al rato me vi en el escenario delante de toda esa gente que conocía bailando el famoso ritmo, lo que para alguien tan tímido como yo resultó un antes y un después”.
Tras comprobar que “se le daba bien” y que durante un par de semanas se había vuelto “famosillo” en su círculo de amistades, Mejías Clavijo se apuntó a la academia de Almudena Lobón, para entregarse a la danza por completo.
“De los 25 a los 30 años dediqué literalmente todo mi tiempo al ballet y a la danza contemporánea -recuerda-. Un día normal empezaba a las 9 de la mañana con el ballet y estaba bailando hasta la una. Luego me cambiaba y comía algo antes de empezar a trabajar en la fábrica, entre las dos y la diez de la noche. Cuando llegaba a casa, cenaba algo y me ponía a estirar para mejorar mi elasticidad antes de irme a dormir.Y los fines de semana los solía dedicar también a los ensayos y a los espectáculos de la compañia Aldanza, de Almudena Lobon”.
Como el ballet le encantaba, Mejías buscó opciones para poder bailar profesionalmente, y en 2008 dejó su trabajo y se fue a hacer pruebas a Madrid y a otras ciudades españolas, aunque no las superó.
Un golpe de suerte le hizo encontrarse con los cantantes navarros Maite Itoiz y John Kelly, que necesitaban un bailarín para un show que iban a realizar por Alemania y les acompañó en una pequeña gira. Después, a partir de 2009, hizo audiciones para los musicales de los cruceros TUI (“que son grandísimos”) y logró “varios contratos de 6 meses como bailarín, mientras navegaba, viajaba, y aprendía un montón de baile y un montón de idiomas”.
“Vine a Alemania por trabajo, porque emplearse en España como bailarín es casi imposible -confiesa el ahora coreógrafo en la misma compañía de cruceros-, pero me quedé en Alemania por amor”. En su segundo contrato como jefe de bailarines para los espectáculos del barco conoció a Johanna, su mujer, que era cantante en el mismo crucero y ya no se separaron. En 2013, como necesitaban profesionales para coreografiar y preparar los shows, le contrataron como coreógrafo manager de TUI.
Su jornada laboral comienza a las 9 de la mañana para hacer labores de oficina hasta las 11. Después trabaja con los artistas, enseñando coreografias a los bailarines, cantantes o acróbatas hasta las 13:30h, cuando descansa para comer; y luego, a las 14:30h sigue trabajando con el equipo hasta las seis. “El trabajo que tenemos con los artistas en Berlín es bastante intenso, ya que hay que enseñar y preparar muchos espectáculos en poco tiempo. Tras la pandemia, además, solo contamos con un mes para hacerlo antes de que zarpe el barco”, explica.
Mejías, que lleva ya 9 años residiendo en la capital germana, dice que “la danza lo es todo” para él. “Por la danza viajé por el mundo, por la danza conocí a mi mujer y por la danza mis dos hijos existen”, confiesa. A ellos, Noelia (de 3 años) y Etriel (de año y medio), dedica “todo su tiempo libre”, porque su mujer viaja mucho por las giras.
El navarro admite que “si naciera de nuevo, volvería a ser bailarín” aunque, sin duda, les pediría a sus padres que “le apuntasen a ballet desde niño”. No obstante, aunque su carrera en el escenario ha sido corta, “sigue trabajando en lo que adora: crear, enseñar y bailar coreografias”.
“Echo de menos a mi familia y a mi querida Pamplona, pero he viajado por todo el mundo, conociendo lugares y personas maravillosas y, mientras el barco viajaba por el mar, yo me lo pasaba en grande bailando en un teatro ante 800 espectadores”, relata. “En mi familia no vieron mi decisión con buenos ojos y, por mucho tiempo, parecí un descerebrado que, con 30 años, dejaba su trabajo por un estúpido sueño. Sin embargo, siempre he creído que hay que luchar por los sueños y, por eso, estoy aquí”.
El bailarín navarro David Mejías Clavijo, en uno de los espectáculos de los cruceros TUI.
El bailarín navarro David Mejías Clavijo, en uno de los espectáculos de los cruceros TUI cedida

TRAYECTORIA PROFESIONAL 

David Mejías Clavijo cumplirá 44 años el próximo 10 de octubre. Con 30 dejó su trabajó en una empresa proveedora de Volkswagen y se fue a Alemania para ser bailarín. Primero, hizo una pequeña gira con los cantantes navarros Maite Itoiz y John Kelly, y luego se presentó a varias audiciones para los espectáculos musicales de los cruceros TUI. Allí encadenó “contratos de 6 meses navegando, aprendiendo un montón de baile y un montón de idiomas”, y en 2013 le contrataron para enseñar coreografías y preparar los ‘shows’. Ahora es director coreográfico en esta compañía.

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