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BAILARINES NAVARROS

Ion Garnika, la danza como lenguaje

'DE LA DANZA AL MUNDO' Una serie sobre bailarines navarros que abandonaron la Comunidad foral para dedicarse profesionalmente a la danza. El estellés Ion Garnika es profesor de danza clásica en la Escuela Oficial de Danza de Castilla y León

Ampliar Ion Garnika, en una playa del Mar del Norte (Bélgica, 1986).
Ion Garnika, en una playa del Mar del Norte (Bélgica, 1986) cedida
Publicado el 29/05/2022 a las 06:00
Confiesa que tuvo que colgar las zapatillas de danza para recuperar el equilibrio. Llegó a lo más alto, pero seguir ahí le hubiera supuesto perder la cabeza y el desarraigo de su familia y de su tierra. “Necesitaba tomar contacto otra vez con mis raíces. Quería que se parara el mundo y yo bajarme de él”, asegura que se dijo Ion Garnika, cuando en 1998 decidió hacer su última interpretación en la Gala de Estrellas del Ballet de la Expo de Lisboa’98. Este estellés de pura cepa ya sabía entonces que “la danza iba más allá del final de una carrera” y, por eso se siente “satisfecho”, “porque en cada una de sus etapas se ha entregado por completo”.
Jon Gotzon López Garnica, su nombre en el DNI -aunque lo cambió “para que fuera más sonoro y tuviera más tirón artístico”- también comenzó a bailar tarde, cuando estaba a punto de cumplir los 18 años. “En 1980 el Conservatorio Pablo Sarasate buscaba alumnos varones para danza clásica, cuando esta disciplina artística estaba adscrita al centro (más tarde se crearía la Escuela de Danza del Gobierno de Navarra). Eran los tiempos de la serie ‘Fama’ -recuerda- y nos presentamos como 12 chicos. Estábamos en plena ‘movida’ de los 80 y ¡flipaban con nosotros!”, exclama.
Tras superar las pruebas, Garnika empezó a bailar con José Lainez y Concha Martínez, premios Príncipe de Viana 2017 y a quienes considera “sus mentores”. “Aunque todos veníamos con ‘pedrada’ desde casa, ellos nos metieron el gusanillo- añade-. No era solo la formación que recibíamos, sino que con el grupo Yauzkari subíamos al escenario a defender propuestas coreográficas muy modernas. Tuve mucha suerte de coincidir con la gente adecuada en el momento adecuado. Fue un milagro, una conexión de los astros. Ahora lo veo claro”, ríe.
El bailarín estellés estuvo un par de cursos en el conservatorio y luego, como se veía con proyección, siguió formándose en Zaragoza, donde estaba la Escuela de María Dávila, que había sido directora del Ballet Nacional. Un día de agosto de 1983 asistió al estreno del Ballet del Siglo XXI de Maurice Béjart en la Quincena Musical Donostiarra y cuenta que fue como “una revelación”, supo de inmediato que “quería bailar con él”.
Ion Garnika, en Marsella con Ballet del Siglo XX, preparándose para bailar 'Sacre du printemps' de Maurice Béjart en 1987.
Ion Garnika, en Marsella, con Ballet del Siglo XX, preparándose para bailar 'Sacre du printemps' de Maurice Béjart en 1987cedida
La escuela de Béjart estaba subvencionada por la Unesco, así que Garnika cogió su mochila y se presentó en Bruselas a las audiciones, donde fue seleccionado con una docena de jóvenes entre 300 bailarines. Con Béjart aprendió otros dos años, gracias a las becas de apoyo, primero del Gobierno Vasco y luego del Gobierno de Navarra; y con él pasó a ser profesional formando parte de su compañía. “En 1985, nada más estrenarme, durante mi primera gira de dos meses por Japón y Nueva York -relata- un bailarín principal tuvo un problema de salud y me tocó reemplazarlo. Desde entonces, comencé a afrontar roles de solista. ¡De película! Pero estas cosas pasan, ¿verdad? También hice coreografías significativas con Béjart, porque él se nutría mucho de bailarines coreógrafos y firmábamos las obras juntos”, señala.
Garnika siguió después su carrera en otras compañías y fue a parar al Ballet de Frankfurt de William Forsythe, otro hito en su carrera profesional, ya que “Béjart en los 80 y Forsythe en los 90 son en la historia de la danza -admite- como Mozart y Beethoven enl a historia de la música”.
“Fue con William Forsythe y cumplidos los 30 años, cuando se cerró el círculo -rememora-. Estaba bailando la pieza 'Steptext' de Forsythe en el escenario del Teatro Arriaga de Bilbao y de repente me volví a sentir igual de libre que como cuando no sabía nada... Como cuando era joven y bailaba en las clases de yoga o en la discoteca... Como cuando iba a mi bola... En un momento dado me vi por encima de la técnica, dominando y disfrutando, en plenitud, una experiencia que me hizo comprender el sentido de mi proceso”, confiesa este reconocido intérprete.
Vídeo del bailarín Ion Garnika de su etapa de intérprete, improvisando en el desfile de moda del diseñador japonés Isey Miyake en París en 1995CEDIDo
Así continuó unos cuantos años más “a full, como se dice ahora” , “bailando por todo lo alto”, de escenario en escenario, “arrastrando una maleta de hotel en hotel y de ciudad en ciudad”, remarca. “Estaba al máximo de mi desarrollo profesional, pero llegó un momento en que sentí que empezaba a tener carencias: de mi familia, mis raíces, mi cultura, mi tierra... Si no paraba, iba a perder el equilibrio. Tenía miedo de que el éxito se me fuera de las manos y que eso se convirtiera en mi manera de vivir, así que a los 36 años pegué otro giro de 180 grados y decidí dedicarme a la docencia”.
Garnika ha sido profesor, primero en Barcelona, durante siete años (Institut del Teatre, Conservatorio Superior, Compañía Metros de Ramón Oller y Teatre de Catalunya); después un año en Palma (Escuela de María Antònia Mas), otro en Valencia (Estudio de María Carbonell) y, desde 2006, en la Escuela Profesional de Danza de Castilla y León: 12 años en Valladolid y 4 en Burgos. “Considero maravillosa la labor docente, sobre todo en las enseñanzas elementales, que me ha permitido, además, desarrollar mi pasión por la creación coreográfica con bastante regularidad”, afirma.
Para el artista estellés “la danza lo es todo”: “Es el lenguaje que amo, el mío -reconoce-. Me da siempre la oportunidad de aprender, realizarme, seguir creciendo, evolucionar y desarrollarme”. “Tengo una sensación de realización y de saciedad enorme. Me siento feliz, afortunado y agradecido de seguir viviendo apasionadamente de la danza. Y aunque parezca difícil de creer: me siento como el primer día”.
Retrato de Garnika realizado por el fotógrafo estellés Ricardo Galdeano, para la serie expositiva ‘Objetos con vidas’.
Retrato de Garnika realizado por el fotógrafo estellés Ricardo Galdeano, para la serie expositiva ‘Objetos con vidas’ricardo galdeano

TRAYECTORIA PROFESIONAL Jon Gotzon López Garnica (Estella, 2-10 -1962) Se formó durante 5 años en el Conservatorio Pablo Sarasate y en el grupo de danza contemporánea Yauzkari de José Lainez, con María de Ávila en Zaragoza y en la escuela de Maurice Béjart en Bruselas. Es licenciado en Coreografía y Técnicas de Interpretación de la Danza, diplomado del Método de Danza Académica Vaganova y profesor de Forsythe’s Improvisation Technologies. Bailó profesionalmente durante 13 años en el Ballet Siglo XX de Maurice Béjart (Bruselas), Béjart Ballet Lausanne (Suiza), Balletto di Toscana (Florencia) y Ballet Frankfurt de William Forsythe (Alemania), con quien desarrolló significativas coreografías. En 1998 dejó los escenarios y lleva 24 años dedicándose a la docencia. Desde 2006, es profesor de Danza Clásica en la Escuela Profesional de Danza de Castilla y León, primero en Valladolid y luego en Burgos. También ha sido docente en el Théâtre Contemporain de la Danse de París, el Institut del Teatre de Barcelona, la CND (Nacho Duato), The Forsythe Company y el Instituto Cervantes de Nueva Delhi.

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