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Ruinas romanas

Zona arqueológica Zaldua, un asentamiento romano en proceso

Desde 2012 la Sociedad de Ciencias Aranzadi dedica parte del verano a trabajar en las ruinas romanas cerca de Burguete, lugar en el que durante este año ya han extraído restos como trozos de vasijas, monedas, y un anillo

  • Ruth Baztán Perochena
Publicado el 24/07/2021 a las 06:00
Fue a finales de los años 80 cuando el historiador navarro Jose Mari Martínez Txoperena descubrió en unos campos labrados entre las localidades de Burguete y Espinal una serie de materiales cuyo aspecto tenía mucha similitud con aquellos existentes en la época romana.
Han pasado más de cuatro décadas desde que Martínez Txoperena descubriera las primeras piezas de lo que hoy en día se conoce como la zona arqueológica Zaldua, que refleja el edificio de unas termas romanas en una zona de asentamiento, y que actualmente está supervisada por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, en colaboración con el organismo londinense Museum of London Archeology (Mola).
Desde 2012 Aranzadi trabaja todos los veranos en la zona, y en este periodo de tiempo ha descubierto abundantes restos entre los pueblos de Burguete y Espinal. Este viernes por la mañana, la codirectora de los trabajos, Oihane Mendizabal, en presencia de Miren Oyarbide y Ana Azanza, representantes del Ayuntamiento de Burguete, presentó frente a las ruinas romanas de esta localidad los últimos hallazgos arqueológicos, entre los que destacan materiales de construcción, como baldosas, restos de vasijas y tuberías, según indicó Mendizabal.
UNA JOYA ARQUEOLÓGICA
En el año 2011 la Sociedad de Ciencias Aranzadi comenzó su investigación en la calzada principal del Valle de Arce, y se topó con el descubrimiento de los dos miliarios de epigrafía romana en Asibar. “Este descubrimiento fue la confirmación de que, efectivamente, la calzada que estábamos estudiando recorría esta zona”, indicó Mendizabal. Acto seguido, se puso en marcha un proyecto donde se trabajaron diferentes sondeos a lo largo de la calzada, alrededor de 20 kilómetros. Uno de estos al lado del actual edificio de las termas romanas.
Después de que la geofísica Ekhiñe García realizara entre 2013 y 2014 una tesis doctoral sobre las diferentes técnicas geofísicas que se podían emplear en la actual zona de Zaldua, se descubrió la posible existencia de un asentamiento de 4,5 hectáreas que en palabras de Mendizabal “supondría el mismo tamaño que Burguete y Espinal hoy en día”. El hallazgo de García supuso un antes y un después en la idea que se tenía del periodo romano de aquella zona, ya que, antes de estas inspecciones geofísicas “no se tenía tanto conocimiento sobre la magnitud territorial de este asentamiento’, afirmó la co-directora de las excavaciones de ‘Zaldua”.
A mediados del 2017, Aranzadi comenzó las excavaciones gracias a las cuales hoy en día se puede conocer un antiguo edificio de termas romanas con seis habitaciones diferentes. “Este edificio constaba de 800 metros cuadrados. Nosotros cuando lo encontramos estaba prácticamente arruinado ya que los habitantes de la zona se llevaron todo lo que ellos podían reutilizar. No es de extrañar que lo que ellos considerasen de poco valor, lo abandonaran”, narró Mendizabal.
UN ANILLO Y MONEDAS
En los trabajos de este año, uno de los instrumentos hallados fueron tuberías que se cree que servirían para conducir el aire caliente desde una zona a otra del edificio de las termas. También se han podido rescatar algunos fragmentos de mármol. “Entendemos que las losas que estarían mejor labradas se las llevarían. Estos cachitos que tenemos aquí, se ven que están compuestos por una veta rosada y verdosa, proveniente del Pirineo central, de la zona de Campan concretamente”, narró la codirectora.
Junto a estos, se descubrió una cantidad “ingente” de clavos de diferentes tamaños. Como contó Mendizabal, estos utensilios tuvieron una gran importancia en aquella época, sobre todo en la construcción y en los objetos del día a día.
En relación con los restos animales, se ha descubierto que se tratan de animales que sirvieron como alimento, como el caballo, la vaca o las ovejas.
Entre esta nueva colección de restos arqueológicos destaca un amplio conjunto de restos de cerámica de diversas clases, como la terrasigilata. “Este material nos ayuda a adaptar cronológicamente a cada una de las fases que ha sufrido la terma, y así reconstruir el puzzle a la inversa de qué fue lo que ocurrió aquí”, relata Mendizabal. Para completar la categoría de ‘cerámica’, cabe destacar los restos de ollas de borde plano.
La codirectora quiso destacar la existencia de fragmentos de vidrio que se cree que pertenecieron a las cristaleras de las ventanas, y una pequeña asa de una lámpara de aceite de aquel entonces.
Dos de los hallazgos más sorprendentes fueron el de un anillo de bronce y una selección de monedas de pequeño tamaño propias de la Antigüedad tardía en las que todavía se pueden ver la cara del emperador de aquella época junto a una breve descripción. “Este tipo de objetos nos hablan de las personas de las que todavía tenemos muchas preguntas que hacernos”, concluye Mendizabal.
Según narró Mendizabal, el objetivo de estas excavaciones consta de tres ejes principales. El primero de ellos es la investigación académica. El siguiente es la formación de todos aquellos jóvenes que se quieren formar en ámbitos como la arqueología o la restauración. Finalmente, se encuentra el deseo de la divulgación y la socialización. “ Queremos que todo el material que hallemos, pueda disfrutarlo también los visitantes y los habitantes de la zona. Que pueda ser un recurso por el cual ellos también aprecien el interés y el valor que tenga. Queremos que sean conscientes de la joya arqueológica que tienen tan cerca”, explicó Mendizabal.
Desde el año pasado se impulsaron los trabajos de consolidación. Debido a la climatología y al entorno donde está situado el yacimiento, poco a poco los restos van deteriorándose cada vez más, es por ello que, gracias al apoyo del Gobierno de Navarra, se han implantado dos paneles explicativos que ayudan al visitante a entender lo que aquellos restos fueron originalmente.

Iturissa, una ciudad estratégica en el Pirineo

Después de que el historiador Jose Mari Martínez Txoperena hubiera dado parte al Gobierno de Navarra de sus descubrimientos arqueológicos, dio comienzo una excavación arqueológica en la que se pudieron descubrir dos zonas de asentamiento de pequeñas dimensiones, en Zaldua y Ateabalsa; dos necrópolis, en Ateabalsa y Otegi, y un tramo de calzada propios de la época alto imperial, de los siglos I y II d.C.
Según avanzaba su investigación, este conjunto arqueológico se ha relacionado con la antigua ciudad de Iturissa, antes de ser abandonada. La identidad de esta ciudad se conoce gracias a unos documentos escritos por el historiador griego Ptolomeo, quien aseguró la existencia de esta zona, a la cual se refirió como “aquella que está en la tierra de los vascones”, en esta misma ubicación. Iturissa se encontraba ubicada en un lugar “estratégico”, debido a su relación con el paso occidental de los Pirineos, por donde transcurría la vía romana de Burdeos a Astorga, una de las principales calzadas de la antigua Hispania. Uno de sus cometidos más destacados fue el control del tránsito de personas y mercancías entre Hispania y la Galia.
Se cree que este asentamiento estuvo activo alrededor de cuatro siglos, entre el I y el IV d.C., hasta que sus habitantes decidieron marcharse de allí.
Esta zona fue un foco de explotación minera, una industria de gran importancia para la economía de la época en la que existieron explotaciones de oro, plata, plomo, mercurio, hierro y cobre.
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