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Atletismo

Carmen Riaño, la ‘red hawk’ peraltesa de los récords

Se marchó en enero de 2020 a vivir la aventura americana de la estudiante-atleta, con un inglés básico y unas marcas aún no destacables; En este 2022, Carmen Riaño no para de sorprender con su progresión y sus continuos hitos en el fondo

Ampliar Carmen Riaño Aransay, de 20 años, durante una prueba con la camiseta de Miami
Carmen Riaño Aransay, de 20 años, durante una prueba con la camiseta de MiamiPamplona Atlético
Actualizado el 13/04/2022 a las 07:42
Hace apenas 5 años, Carmen Riaño Aransay (Peralta, 8-11-01) quedaba séptima en un duatlón de los Juegos Deportivos de Navarra, defendiendo al Club Triatlón Atalaya. Tenía 15 y un futuro por delante que iba por otro camino. El Grupompleo la reclutó para las pruebas de mediofondo, fue subcampeona de España sub-18 en 1-500 en 2018 y, tras terminar su etapa en el IES Ribera del Arga, rama Ciencias, tomó una decisión: probar la aventura americana. Era enero de 2020, pre-pandemia, e hizo las maletas para defender los colores de Miami Track and Field and Cross Country, en la Miami University, donde se matriculó en Ingeniería Biomédica. Dos años han pasado de aquel cambio y se ha producido la explosión Riaño. En la milla, en 3.000 obstáculos, en 5.000, en pista cubierta y al aire libre, la navarra sorprende con la asiduidad con la que fabrica récords.
Al otro lado del teléfono, el acento peraltés de Carmen es inconfundible. A pesar de competir para Miami, reside en Oxford (Ohio), a 1.500 km de la meca latina, y a 6.700 de Peralta. Y con la camiseta roja de Miami (se les llama red hawks, halcones rojos) está dando las mayores alegrías a su universidad. La última, el espectacular récord navarro de 3.000 obstáculos, 9:57.42, primera vez que una atleta foral baja de 10 minutos en la distancia. Y, aunque sea anecdótico y las expertas aún no han iniciado la temporada al aire libre, encabeza el ránking nacional con un minuto de ventaja sobre la siguiente.
LÍDER NACIONAL DEL AÑO
“¡No lo sabía! Es muy heavy -se sorprende gratamente Carmen-. No me esperaba esta marca. En Navidades estuve con dolor de rodilla y pasé tres semanas parada. Empecé a entrenar poco a poco y me fui encontrando muy bien. Le dije al entrenador que era raro, pero que la cosa iba muy bien”, afirma Riaño sobre la marca lograda en el Stanford Invitational el pasado 2 de abril, cuando batió el récord navarro de obstáculos y también el de su universidad.
Consciente de que no todos los que intentan el sueño americano aprovechan la oportunidad, Carmen ha tenido paciencia. “Tengo muchas amigas que habían venido y sé que hace falta tiempo. Si llegas y te obcecas con que todo va a ser perfecto... Hay aspectos como la comida, la gente, el clima... Yo llevo casi dos años y medio aquí y es ahora cuando me he adaptado al estilo de vida, a los entrenamientos... Al principio, fue chunguillo”, se sincera Riaño.
Efectivamente. No todo han sido sonrisas y no siempre han salido las cosas de cara. “Al principio, me costó el inglés. Tenía el nivel B-1 pero llegué y pensé: ‘No sé si me han traído a China’. No entendía nada. Encima estoy en Ohio y me gusta mucho hablar. No podía comunicarme y eso era lo peor. El clima era frío, mucho peor que Pamplona. En enero y febrero ha hecho días de menos 20 grados. No quieres ni salir de casa”, reconoce con humor la atleta.
Tampoco el tema gastronómico fue sencillo. “Los primeros años comes en los comedores, lo mismo que todos. Ahora me cocino lo que quiero yo en casa. Cuando tenemos competiciones, vamos a restaurantes de comida rápida menos grasienta. Para ellos, eso es comer sano. Echo de menos las legumbres, las verduras...”, razona.
Una vez adaptada, la mejora deportiva no se ha hecho esperar. “Yo hacía triatlón, pero corría poco. Pero en Estados Unidos son de hacer muchos kilómetros a la semana. Pasé de hacer 25 a 80. Una vez que te haces es llevadero y se disfruta, no noto que sea mi nivel máximo de exigencia”, resalta.
La deportista navarra comparte afinidad y tiempo con compañeros de equipo que son ya amigos. “Hay muchos de EEUU; pero también australianos, sudafricanos, canadienses, y europeos, con los que tengo otro rollo: ingleses, alemanes, croatas.. Así he mejorado el inglés”, bromea, con ese acento peraltés que no se va. “Eso me dicen. Voy dos veces al año, en Navidad y en verano. Estoy muy bien, aunque hay veces que echo de menos a mis padres y amigos. Eso sí, aquí si te vas a cenar después a casa, no hay nada más abierto”, afirma divertida.

Las marcas de una futura ingeniera biomédica

Ser la mejor obstaculista española del año puede ser anecdótico. Ella misma reconoce que aún no han competido “las buenas”, pero también es un resumen del 2022 que lleva Carmen. Bajar de 10 minutos por primera vez en el atletismo navarro ahí queda, pero no ha sido lo único, aunque sí es la prueba que más le gusta. “Lo demás lo hago por obligación”, asegura. Y de esta forma ha llegado récord tras récord.
El día del 9:57.42 en el Stanford Invitational ganó la prueba y batió el récord de su universidad, además del navarro. “Me sorprendí. Mi entrenador decía que este año podía conseguir 9:40 y que en la primera carrera haría 10 y algo. Pero me encontré de maravilla. No me esperaba para nada esa marca. Me están saliendo cosas inesperadas, pero no quiero que me pase como el año pasado, que luego fui a menos. Quiero disfrutar del día a día”, apunta. Carmen Riaño compite ahora en los regionales, a la espera de clasificarse bien y poder correr en los trials nacionales. Su plan B es el campeonato de España sub-23, aunque tiene mínima para el absoluto, prefiere esperar.
La atleta ha mejorado también estas marcas navarras: sub-23 en 5.000 (16:18.39), el pasado 23 de marzo en Oxford, Ohio, también con victoria, y antes en 16:29.56, en Nashville, Tennessee, el 15 de febrero; absoluto en pista cubierta de 5.000 (16:31.72) el 26 de febrero, proclamándose subcampeona de la Mid-American Conference; el de la milla, con 4:54.03; y el sub-23 de 3.000 bajo techo (9:35.84), en Bloomington (Indiana).
¿Quién da más? Ella. Estudia Ingeniería Biomédica, una especialidad que le permitirá el conocimiento de las máquinas UCI, las prótesis internas para enfermedades como el cáncer o la innovación para el desarrollo del deporte. “Me está gustando, pero ahora se está complicando”, admite la obstaculista.
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