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ENTREVISTA
Portera navarra del Sala Zaragoza

Ana Etayo: "Cuando Leandro me llamó, se me abrió un universo"

Han pasado 10 años desde que debutó en Primera y acaba de disputar su partido 250, tras superar su temporada más difícil

Ana Etayo Garde, en una imagen con el uniforme de su equipo, el Sala Zaragoza
Ana Etayo Garde, en una imagen con el uniforme de su equipo, el Sala ZaragozaCEDIDA
Publicado el 21/10/2021 a las 06:00
Pocas deportistas navarras pueden presumir de los números que atesora Ana Etayo Garde. La portera del Sala Zaragoza disputó en la última jornada su partido 250 en la máxima categoría, cuando se cumplen diez años de su debut en Primera. Fue Leandro Fernández (actual entrenador del Tafatrans) quien le dio la oportunidad en el Orvina un 24 de septiembre de 2011 y desde entonces no ha hecho más que crecer. Pero no olvida sus orígenes.
¿Cómo se siente al haber alcanzado esas cifras con sólo 26 años?
Contenta. Porque esos 250 son sólo partidos de liga. Ha habido muchos más en torneos. Es una satisfacción por haber vuelto a jugar contra el equipo con el que me lesioné en enero y cerrar una etapa.
Efectivamente, podían haber sido aún más porque se lesionó en el codo y se complicó todo.
Se me fue el codo hacia atrás de un balonazo. Me acuerdo perfectamente de hablar con la portera del Alcorcón que había estado dos meses y medio de baja por el codo. Yo no pensaba estar tanto, porque he jugado con dedos rotos, tanto el índice como el meñique, el escafoides... Yo he arriesgado y he jugado, soy animal. Nunca se me olvidarán esas palabras. Yo intenté volver y no había forma. Hicimos una resonancia, donde no se veía la fisura, estuve entrenando con bastante dolor, y hubo un momento en el que dije que lo sentía en el alma pero que no podía. La fisura salió en otra resonancia dos meses después. Como vimos que estamos salvadas y que sólo arriesgando llegaría a final de liga, vimos que no era necesario. Tuve que parar, poner cabeza y volver este año a tope.
Regresó en septiembre. ¿Cómo fue esa vuelta?
Había comenzado la pretemporada en agosto aparte del equipo. En la segunda semana empecé a entrenar con ellas. Era la primera que llegaba al pabellón y la última que me iba. Tuve que hacer mucho trabajo preventivo, ensayo y error con los fisioterapeutas, y después del entrenamiento, vendaje, hielo...
¿Y ahora le ha quedado algo de miedo o respeto?
Yo siempre me había vendado después de lesionarme, pero no hay forma de vendar un codo para que no te duela. Es la impotencia de querer levantarte rápido del suelo y no poder. Mentalmente, eso me dejó K.O. El dolor sigue presente. Llevo casi cinco coderas y cada día estoy un poco mejor, gracias a mis fisios y mi entrenador de porteras, a los que les debo todo.
En mayo, renovó por dos años.
Sí. Una vez que decidí no jugar más para recuperarme, creía que no podía dejar debiendo nada a nadie. Siempre me he ido por la puerta grande de los sitios. Y aquí no lo había demostrado.
Mire hacia atrás. ¿Cómo recuerda la estancia en cada club?
En Orvina era una cría. Ahora veo a las chicas de 16 años que no abren la boca y lo que dicen las mayores va a misa, y yo estaba en esa tesitura. Cuando Leandro me llamó, se me abrió un universo, tanto deportivo como en los estudios. Descubrí lo que quería. Me fui a Madrid con 18 años, algo que me hizo crecer a pasos agigantados. A los 3 años me llamaron de Murcia y allí gané todo: la Liga, el Europeo, el Europeo Universitario... Me pude ir con el entrenador a Italia, pero preferí acabar la universidad. Abrí mi propia escuela de porteros, que es lo que de verdad me llena, enseñar a los más pequeños. Cuando llegó la pandemia, me di cuenta de lo lejos que estaba de casa y, como estoy en la Asociación de Jugadores de Fútbol Sala, valoraba ser profesional, con un contrato, seguridad social, y en Zaragoza lo tengo.
Ahora que lo ha conseguido todo, ¿cómo recuerda ese día en el que Leandro le dice que se quede a entrenar con el primer equipo?
Estaba con las cadetes, con 15 años, y me dijo si me podía quedar a entrenar. No tenía otra cosa mejor que hacer -bromea-, así que llamé a mis padres. Me acordaré siempre, y también de mi entrenador de cadetes, que me dijo que tenía que ser portera. Y acertó de lleno.
¿Qué quiere conseguir con su presencia en la asociación?
En 1993, la liga de fútbol sala femenino contaba con cuatro equipos. Esas mujeres fueron pioneras en que yo hoy tenga un trabajo. La asociación nació hace diez años con la idea de ir poco a poco y lucha por que haya licencias profesionales en los equipos de fútbol sala. Antes eran 60 personas y ahora son casi 500, que tienen fuerza para reunirse con el CSD, con la RFEF, tener voz y voto.
¿Sueña con volver a la selección?
El año pasado a estas alturas estaba en la selección, pero ahora tengo otra visión: olvidarme del codo y disfrutar. Era un objetivo que antes no tenía, pero ahora busco entrenar sin dolor.

DNI
Nombre Ana Etayo Garde
Fecha de nacimiento Pamplona, 16-8-95
Trayectoria en Primera Orvina (2011-14), Móstoles (2014-17), Jimbee Roldán (2017-2020), Sala Zaragoza (2020-)
Palmarés campeona de Liga 2017-18, campeona de Europa de clubes 2019, campeona de Europa universitaria 2019, nominada a mejor portera del mundo (fue séptima)

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