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Fútbol regional

La historia de Marc Cia: de defender a Isco o Muniain, al Valle de Egüés

Un torneo hace despertar el interés de Osasuna, que cambia su vida con solo 16 años

Ampliar Marc Cia Santos, jugador del Valle de Egüés, en la tarde de ayer en Sarriguren
Marc Cia Santos, jugador del Valle de Egüés, en la tarde de ayer en Sarrigureneduardo buxens
Actualizado el 24/11/2021 a las 12:40
Sus compañeros de equipo fueron Edgar Badía, actual guardameta del Elche o Ignasi Miquel, central del Huesca. Se enfrentó a jugadores como Isco, Iker Muniain, Thiago Alcántara, Rafinha, Omar Mascarell, Rubén Sobrino o Fernando Pacheco. Marc Cia Santos (Barcelona, 1992) defiende desde hace ocho temporadas la camiseta del Valle de Egüés. “Tengo sangre navarra. Mi abuelo paterno era de Úcar y mi padre venía aquí de pequeño cada verano. Me considero bastante reservado y creo que aquí hay mucha gente como yo. De primeras no suelen contar sus problemas, pero luego son muy familiares”, comenta.
Sin embargo, no fue su vínculo familiar lo que le hizo trasladarse a Pamplona. “Empecé a los cuatro años jugando en el Europa, en el barrio de Gracia donde vivía. A los equipos se les identificaba por nombres de futbolistas míticos. Yo era Ramallets. En el alevín C comencé a destacar por la altura o la fuerza. Me llamaron del alevín A. El entrenador era Juan Ferrando -actual técnico del Goa de la Superliga India-. Jugamos el torneo internacional MIC en la Costa Brava. Había rivales como el Manchester United. Contra ellos me salí. En verano me apunté al campus del Espanyol. Contactó conmigo el entrenador del Cornellà. En ese club suelen recalar descartes del Espanyol y del Barcelona para relanzar su carrera. Jordi Alba también pasó por ahí”, explica.
Marc tenía 12 años. “El follón era ir desde mi colegio hasta Cornellà. Había que pasar por toda la Ronda de Dalt. Todos los días atasco a la ida y a la vuelta. Me llevaba mi madre y aprovechaba a hacer la tarea en el coche”. La exigencia del conjunto catalán pronto se vio. “A final de temporada el club se reunía con los padres. Yo progresaba, pero hubo gente que no. Era duro ver a niños llorar, pero es parte de la vida. Es un mal trago”, reconoce.
En el infantil “aprendí muchas cosas tácticas” y en el cadete “me pusieron de capitán”. Su progresión no tenía techo. “Para cubrir la baja de un compañero me subieron un partido al cadete A. Ya no volví a bajar. Estábamos así Sergio Aguza, Ignasi Miquel y yo. Coges una experiencia terrible. Nos salimos y ganamos al Barça. Nos quedamos segundos. Cinco jugadores del Cornellà fuimos con la selección catalana. La primera fase fue en Logroño. Pasamos y jugamos en Albacete. Con la valenciana estaba Isco y, con Euskadi, Iker Muniain. Fue una de mis mejores experiencias. Celebré allí mi cumpleaños”.
LA LLAMADA
Fue entonces cuando Kiko Urra, ojeador de Osasuna, cogió el teléfono y cambió la vida de Marc Cia. “Llegué a la residencia Amigó (Lagun Etxea) con 16 años. El primer mes ya vi nevar. Hice amigos rápido y conocí a Raquel Arteta, mi actual pareja. Llevé peor los tutores que tenía. Eran demasiado cuadriculados. Mis padres alquilaron un piso y venían cada fin de semana. Mi madre se pidió excedencia hasta el 2013. Mis padres han hecho un esfuerzo terrible y han renunciado a muchas cosas. Siento que les debo algo”, se sincera.
En Osasuna compaginó temporadas muy buenas con otras no tanto. “En mi tercer año de juvenil vino José Manuel Mateo y me dijo que no estaba para jugar. Agradecí su sinceridad. Mejoré y me gané la titularidad. Nos metimos en la Copa del Rey. Ganamos 1-2 al Real Madrid de Rubén Sobrino, Pacheco o Mascarell. En Tajonar la liamos. Éramos críos de 19 años que no estábamos acostumbrados a jugar con público en la grada. Para el minuto 15 ya perdíamos 0-3”.
La etapa en el División de Honor terminó con el ascenso al Promesas. “Ángel Martín apostó por mí, pero no así Miguel Merino. No me sentí inferior al resto. No jugué ningún amistoso. Nadie me dijo nada. Me fui cedido al Valle de Egüés. Creí que era mi fin. Lo jugué todo y me repescaron a final de temporada. Otra vez al Promesas. Jugué contra el Numancia y desaparecí del once. En enero fichan a Sipo del Teruel. Merino me dijo que pasaba a ser el tercer lateral. Había muchos intereses que se me escapaban. No quería quedarme y salí cedido a la Peña Sport. Con Amatriain y Monasterio me volví a sentir futbolista”.
Cia compaginaba el fútbol con los estudios de Periodismo. En plenos exámenes finales se jugó la permanencia en Segunda B con el equipo tafallés. Aquella campaña se desvinculó de Osasuna y fichó por el Valle de Egüés en Tercera. Jugó con cierta regularidad hasta que hace dos años las lesiones le lastraron. “Me rompía con facilidad los isquios. Más que la recuperación mi miedo era volver y romperme de nuevo. Me sentía mal por mí, por los entrenadores y mis compañeros. Por si no fuera poco me detectaron un edema óseo en el pie. Tenía un hueso roto de nacimiento. Al correr me molestaba. El verano me ayudó. Ahora estoy trabajando en Zentrum y vuelvo a disfrutar con el fútbol”.
Ahora Marc Cia vuelve a sonreír. Es un fijo en los esquemas de César Sánchez y el pasado sábado abrió el marcador ante el Azkoyen. Además de jugar en Tercera, el barcelonés es coordinador del club de Sarriguren y organiza los campus. “Me gusta enseñar a los niños. Esa edad de 9 a 13 años. Creo que hay mucho que mejorar en la base en cuanto a comunicación entre los jugadores y detalles que se pasan por alto”.
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