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Análisis

El arreón de Osasuna que quedó en espejismo

Arrasate cambió a tres defensas pero la reacción apenas duró quince minutos

Ampliar Juan Cruz, que jugó solo la primera parte, conduce el balón ante la presencia de Joaquín.
Juan Cruz, que jugó solo la primera parte, conduce el balón ante la presencia de Joaquín.EFE
  • Fernando R. Gorena
Publicado el 04/04/2022 a las 06:00
Los primeros 45 minutos de Osasuna en el Villamarín fueron para olvidar. Parecían la tercera parte del Barcelona-Osasuna de hace unas semanas. Los rojillos no mordían y los verdiblancos controlaban el juego y las ocasiones aparentemente a su antojo. Las disputas de balón, muy amables, caían siempre del lado de los de Pellegrini. Los de Arrasate corrían y corrían pero no llegaban. El esfuerzo inútil conduce a la melancolía, decía el filósofo y menlancólicos estaban los rojillos corriendo y no pudiendo.
Con el 2-0 en el marcador y con dos raquíticos acercamientos lejanos de Osasuna, el trencilla mandó a los veintidós jugadores a los vestuarios y a Jagoba Arrasate a la sala de pensar. Y lo hizo.
No buscó la solución inmediata en los nombres de arriba sino que cambió su línea más intocable -si bien acuciado por las circunstancias- que es la defensa.
Sacó del campo en el descanso a Juan Cruz, que renqueaba después de una carrera, y a Manu Sánchez, que venía también de estar con los Sub 21, y entraron en su lugar Aridane, que parece adelantar definitivamente a Unai como tercer central, y a Cote. No cambió el esquema pero sí las piezas. Y a los 64, un centro muy tocado del asturiano desde la banda izquierda fue transformado, tras un mal despeje de Bartra, por Budimir. Y eso reactivó definitivamente a Osasuna, que dispuso de sus mejores minutos de juego y que a punto de estuvo de convencerles que la primera parte pasada estaba y que se podía dar la vuelta al partido. Jagoba se animó a volver a tocar a los intocables y esta vez fue Nacho Vidal, algo mermado tras un fuerte encontronazo al inicio del partido, quien dejó el pasto. Moncayola ocupó su posición. De cuatro defensas titulares, tres acabaron en el banquillo y el equipo mejoró en ataque.
GOL ANULADO A BUDIMIR
A los 70 minutos, el colegiado anulaba un segundo gol de Budimir, anotado en claro fuera de juego, y apenas ocho minutos más tarde, Cote puso a prueba al guardameta Claudio Bravo con un disparo lejano que detuvo en dos tiempos.
El Betis sufría, un tanto atolondrado por la reacción rojilla aunque se estiraba con peligro. Osasuna se había subido en el alambre y, de momento, no se caía. Estaban dentro del partido y al final de la cuerda se vislumbraba la posibilidad de sumar algún punto. Pero era un espejismo. A falta de nueve minutos, William Carvalho rompió el espejo con una fina jugada frente a Aridane, subió el 3-1 al marcador y bajó a cero las esperanzas navarras de puntuar. Alex Moreno dio la puntilla minutos más tarde.
El resultado fue justo pero Osasuna fue capaz de pegar un arreón que le hizo ilusionarse. El espejismo apenas duró quince minutos. La superioridad del Betis, más de ochenta. Habrá que mejorar en casa.
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