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Aizkora

Iker Vicente sale a hombros

El navarro gana los 7.000 euros de la apuesta ante 1.500 espectadores

Ampliar Iker Vicente, subido a hombros tras ganar la apuesta en la plaza de Toros de Tolosa.
Iker Vicente, subido a hombros tras ganar la apuesta en la plaza de Toros de Tolosa.ARIZMENDI
  • Íñigo Goñi
Publicado el 03/04/2022 a las 06:00
Iker Vicente se impuso a Mikel Larrañaga en la apuesta que midió al campeón y subcampeón de la aizkora en la plaza de toros de Tolosa. Ante la mirada de Joxemari Olasagasti y Donato Larretxea, que fueron el último campeón y subcampeón que se enfrentaron en un desafío en 1998, el de Ochagavía aventajó en un minuto y 53 segundos al de Azpeitia.
Los aizkolaris tenían que cortar 18 troncos, divididos en 12 kanaerdikos y seis oinbikos, y se jugaban 7.000 euros por cada parte. Vicente paró el reloj en 47 minutos y 47 segundos por los 49:40 de Larrañaga. Las alrededor de 1.500 personas que se acercaron a Tolosa disfrutaron y salieron encandilados de la competición deportiva que presenciaron. El navarro ganó, pero Larrañaga no fue el perdedor. Dio todo lo que tenía dentro y si no estuvo más cerca de Vicente fue debido a un nudo que le salió en el último oinbiko, el decimosegundo tronco.
Hasta ese momento la diferencia era de 17 segundos entre ambos aizkolaris, pero ese contratiempo resultó decisivo ya que terminados todos los oinbikos, a falta de los últimos seis kanaerdikos, la renta aumentó al minuto y 28 segundos. Larrañaga perdió un minuto y once segundos en ese último oinbiko. Se puede decir, sin ningún tipo de duda, que la suerte no le acompañó al azpeitiarra. Es probable que no hubiera ganado, pero sin duda que estaría más cerca y la emoción hubiera sido mayor hasta el último tronco.
Con casi un minuto y medio de ventaja, y con menos de 15 minutos de trabajo por delante, la victoria no se le podía escapar a Vicente, salvo desfallecimiento. Viendo cómo estaban preparados ambos aizkolaris y el ritmo que llevaban no se veía ningún bajón en el horizonte. Larrañaga salió algo tocado, moralmente, del último oinbiko y el ganador tuvo una máxima ventaja de dos minutos en el penúltimo tronco. Al final, la desventaja para el derrotado fue de un minuto 53 segundos, pero la apuesta enseñó que pudo terminar más cerca.
SIN REFERENCIA HASTA LA MITAD
Ambos aizkolaris utilizaron diferente táctica para afrontar la prueba. Vicente ganó el sorteo y eligió la fila por donde arrancar. Además, quiso empezar a cortar por los oinbikos. Por su parte, el guipuzcoano cortó seis kanaerdikos antes de entrar en el primer oinbiko. El ritmo de Vicente era muy bueno, ya que los tres primeros oinbikos se separaron en diez minutos y 18 segundos. Para entonces, Larrañaga llevaba cortados cinco kanaerdikos y estaba en la mitad del sexto, que cayó en once minutos y 14 segundos.
Larrañaga entraba en los oinbikos y Vicente en los kanaerdikos. En la mitad de trabajo se vería la primera referencia fiable. El ritmo de uno y otro eran parecidos en los kanaerdikos y oinbikos, si descontamos el primer tronco, que siempre se corta más rápido. En el noveno tronco se iba estrechando la diferencia entre uno y otro. Así, en el ecuador Vicente cortó el sexto kanaerdiko en 22:15, mientras Larrañaga hacía lo propio en el tercer oinbiko en 22:43.
GRAN NIVEL
La final se emparejó más en el cuarto oinbiko cuando la desventaja del azpeitiarra era solo de cinco segundos. A partir del ecuador ambos aizkolaris iban a cortar troncos del mismo tamaño, aunque desconocían lo que tenían esos troncos en su interior.
Tras el quinto oinbiko, decimoprimer tronco, con 17 segundos de renta para el navarro, llegó la trampa mortal en el último oinbiko para Larrañaga. El nudo le complicó el desafío y dio oxígenos para un Vicente, que ya se veía ganador.
Ambos aizkolaris siguieron a gran ritmo y el tiempo final demuestra que cortaron a gran nivel. La madera que pusieron en la plaza no tenía ningún pero. No eran duros y el espectáculo lo agradeció. La afición, que abarrotó la plaza, salió encantada. El ambiente fue inmejorable. Hubo mucha presencia de gente joven, que se unió al aficionado más habitual con todos los grandes campeones de la aizkora en la grada.

“A mitad de trabajo, lo veía perdido”

Iker Vicente y Mikel Larrañaga eran las dos caras de la misma moneda. El navarro estaba feliz por su triunfo, mientras el azpeitiarra se mostraba contrariado. “Se me ha ido la victoria con ese nudo”. Vicente en cambio se sintió muy a gusto de principio a fin. “Ha habido un momento crítico cuando le he visto cerca a mitad del trabajo. Veía la apuesta perdida, pero le he sujetado y al final se ha visto que estaba bien preparado”. Larrañaga aseguraba: “Cuando tienes un rival del nivel de Iker cuando te sale un nudo dices adiós a la apuesta. Me ha hecho perder mucho tiempo y luego ya no hay nada que hacer”.
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