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El adiós de Olaizola II

Aimar Olaizola: “Después de mi familia, la pelota ha sido lo mejor de mi vida; he sido feliz”

El sábado se vestirá de blanco por última vez Aimar Olaizola. Será en el día de su cumpleaños y en el frontón de Goizueta.

Ampliar Aimar Olaizola, en el frontón Beotibar
Aimar Olaizola, en el frontón Beotibarj.a. goñi
Publicado el 11/11/2021 a las 06:00
El epílogo de Aimar Olaizola como pelotari ha sido largo. Los cuatro partidos de homenaje han acabado siendo nueve. En todos los frontones el goizuetarra, que el sábado cumplirá 42 años, ha sentido el cariño y la admiración de los pelotazales. “No pensaba que fuera a ir tanta gente a los frontones, me he sentido querido”, dice. Olaizola II deja la pelota cuando quiere y donde quiere, con el segundo mejor palmarés de todos los tiempos. Aimar dice adiós.
Esto se acaba.
Sí, llega la fecha que se puso y todo ha ido mejor de lo previsto. Me ha llamado la atención la cantidad de gente que ha ido a los partidos. Me he encontrado muy a gusto.
¿Retirarse el día de su cumpleaños fue un capricho o una casualidad?
Una casualidad. No soy de ese tipo de cosas, no soy de festejar Navidad, ni los cumpleaños. Sí con mi mujer y los críos o con mi madre, pero no tengo costumbre de hacer grandes celebraciones. Pero mirando las fechas coincidía así, era sábado, al día siguiente la final del Cuatro y Medio.
Queda muy redondo, la verdad.
Queda bonito. A mí me daba igual que fuera o no mi cumpleaños, lo único que le pedía a la empresa es que el último día que me vistiera de blanco fuera en Goizueta.
¿Por qué?
Porque después de tantos años, de tantos partidos en los que la gente del pueblo no ha dejado de animarme nunca, creía que estaba en deuda con ellos. Me han acompañado en las finales, cuando jugaba en el Labrit, en el Atano. Y siempre con mucho cariño. Yo sentía dentro que le debía algo al pueblo, que es muy pelotazale. Yo quería que la gente no pagara dinero por ir a ese partido, creo que se lo debía.
En el fondo, usted es un sentimental.
Tampoco. Yo creo que debía tener ese detalle con la gente, y creo que lo van a agradecer. Al final es complicado cumplir con tantos. La empresa se ha portado muy bien en ese sentido, y mucha gente ha colaborado para que el festival salga muy bien. Han pintado el frontón, se van a poner un montón de sillas...
¿Y después del partido?
Mucha gente preguntó a ver si había cena después. Yo cenaré en el restaurante de un amigo con los de la cuadrilla de toda la vida, estamos 22.
¿Se considera un tipo agradecido?
Sí, aunque o parezca muy detallista, ya veo quién me hace y me trata bien y quién no. Me quedo con los detalles.
Ahora que llega el final, ¿qué le ha dado la pelota?
Todo. Han sido 24 años de profesional, más lo de antes. He estado siempre en la pelota, toda la vida. Desde niño estaba todo el día en el frontón. Mi hermano Asier también ha jugado a gran nivel muchos años y en casa se hablaba de pelota. He sido un privilegiado porque he vivido y he sido feliz haciendo lo que más me gusta. Muchos de los amigos que tengo los he conocido por una cosa o por otra en la pelota.
De no ser por la pelota, ¿qué hubiera sido?
No tengo ni idea.
¿Era mal estudiante?
No, tampoco. Cuando me ponía lo sacaba todo bien. Pero tampoco he sido muy de ponerme a conciencia. Supongo que me hubiera dedicado a otro deporte.
¿Le ha hecho feliz la pelota?
Mucho, sin duda. Después de la familia ha sido lo mejor de mi vida. He tenido muchos momentos buenos, también malos.
La felicidad en la pelota han sido los buenos contratos, las txapelas, el nivel de vida que tiene, divertirse...
Una mezcla de todo y el entorno de la pelota. Yo le doy importancia a los títulos, es lógico. Pero le doy más importancia a otras cosas, mi carrera no han sido los títulos. La pelota es el entorno, la familia, los amigos, los compañeros, la cultura que hay alrededor de esto.
¿Y qué le ha dado Aimar Olaizola a la pelota?
Todo lo que tenía. Si en algo no me pueden decir nada es que he sido profesional dentro y fuera de la cancha porque he sido un maniático perfeccionista por la pelota. Me gusta ganar, en todo. Por eso siempre lo he dado todo en la cancha. Y luego creo que he sido muy respetuoso con la gente.
El más exigente con Olaizola ha sido Olaizola.
Sin duda. Muchos me han dicho que era muy maniático con los horarios, las comidas, hacer las mismas cosas... Por eso me he cansado de esto, también. Al final, lo que yo entiendo como ser pelotari no es solo la hora y media que entrenas, más el partido del fin de semana. No. Para mí esto es hacer todo perfecto los días anteriores. He podido ser maniático, perfeccionista, pero yo entiendo esto así, y ahí están los resultados. Ahora los jóvenes no le dan importancia a esas cosas. A mí me gusta llevar los tacos perfectos, hacer las cosas a rajatabla. Eso es ser profesional, pero eso desgasta mucho.
¿Usted siempre ha sido así o ha evolucionado?
Yo hago las cosas igual que hace 15 años, como si jugara mañana una final contra Irujo. Desde que debuté era muy maniático. Los pequeños detalles significan mucho a la hora de tener un buen rendimiento.
¿Quién le enseñó eso?
Cada uno es como es. Mi hermano, por ejemplo, no era tan maniático. Ahora, por ejemplo, veo muy pocos pelotaris que sean tan perfeccionistas. La diferencia entre estar arriba o no está en el detalle pequeño.
¿Cuánto se ha dejado para llegar hasta donde ha llegado?
Le he quitado mucho tiempo a la familia en los últimos años, a mi mujer y a mis hijos. No es fácil vivir con alguien así al lado. Si jugaba el fin de semana, viernes y sábado estaba ya centrado en el partido, vivía por y para eso. Mi mujer ha tenido que estar ahí siempre, nunca he ido a comidas...salirme de esas rutinas me descentraba.
Y eso le ha gastado.
Sí, un poco sí. Sobre todo la familia. Hombre, luego están mis caprichos. A mí me gusta cazar e ir con los perros y he ido menos de lo que me hubiera gustado.
¿Cómo ha cambiado el Aimar pelotari?
Mucho. Yo empecé jugando clásico, a bote, más pausado. Me di cuenta contra Irujo en el mano a mano que tenía que cambiar. Él jugaba todo de aire, hacía saque -remate y yo restaba a bote. Y ahí tenía poco que hacer.
Pero eso no se cambia de un día para otro.
No. De hecho yo creo que empecé tarde a cambiar mi juego. Si hubiera empezado antes creo que tendría más txapelas. A mí Irujo me cambió y me hizo mejor pelotari, de eso no tengo ninguna duda.
¿Cómo fue ese proceso de cambio?
A mí no me costó mucho. Es verdad que nunca se me había pasado nunca por la cabeza jugar así. Pero cuando llegó él, veías que siempre iba para adelante, que era valiente. Probé y vi que si jugaba yo también así podía hacer mucho daño. Fui probando en los entrenamientos y en los partidos. En la primera txapela que le gané a Juan en el Atano, cuando iba perdiendo 15-7, le doy la vuelta y la gano porque empiezo a jugar como él. De ahí para adelante empecé a jugar más cómodo de esa forma.
Más agresivo.
Sí, yo tampoco era un pelotari que rompiera con el golpe como otros. Jugando así era más peligrosa.
¿Usted ha tenido una pureza técnica que no ha tenido nadie?
Tampoco sabría decirlo. Yo creo que uno de por sí tiene habilidad o facilidad para hacer algunas cosas. Hay pelotaris que entrenan la técnica y no llegan a ese nivel. Eso se tiene o no se tiene, y luego por supuesto hay que trabajarlo.
Sus famosos 50-100 ganchos al final de cada entrenamiento.
En eso he sido muy maniático. Siempre que acababa los entrenamientos con Salva Bergara o con Roberto García Ariño hacía mis remates. Aunque estuviera reventado. Si en una semana en vez de hacer 200 remates haces 1.000, se nota.
¿Cuánto hay en Aimar Olaizola de cabeza y de repetición?
Hay de todo. De por sí tengo la habilidad, pero he trabajado muchísimo.
Y un carácter ganador.
Sin duda.
¿Le gusta su palmarés?
Sí, pero creo que podía haber ganado algún título más de parejas. Al final en eso influye también un montón de cosas. Pero me quedo contento, de ninguna manera pensaba que iba a ganar tanto. Por ejemplo, con 20 años nunca pensé que podía ganar una txapela mano a mano.
Usted ha jugado dando muchas facilidades.
Eso es normal. Al final cuando estás ahí arriba las empresas tienen que equilibrar las cosas y te ponen partidos más complicados.
¿En qué ha cambiado la pelota en 24 años?
La gente habla mucho del material. Sí que ha cambiado algo, pero menos de lo que se dice. Sí que ha cambiado la forma de jugar, todo se hace mucho más rápido, se hace casi todo de aire...
¿Es porque el pelotari es físicamente mejor?
Puede. Cuando yo empecé ya se trabajaba muy bien con los pelotaris, ahora quizá se hagan las cosas de otra manera. El pelotari ahora es más atleta. No hay más que ver la altura con la que vienen ahora los chavales. Me siento pequeño, cuando antes era un tiarrón.
¿Se puede jugar más rápido todavía?
Yo creo que es más complicado que se juegue más rápido que ahora, pero seguro que dentro de 20 años se jugará de otra manera. ¿Cómo? No sé. Más rápido creo que es difícil porque ahora se juega siempre y todo hacia adelante. Por eso se falla tanta pelota, porque se juega a lo loco.
Da la impresión de que usted e Irujo han sido los últimos grandes campeonísimos de la historia.
Nunca me gusta hacer comparaciones. Antes que nosotros ha habido grandísimos pelotaris. Es verdad que Juan y yo hemos marcado una época.
Sí, pero ustedes han sido capaces de pelear y ganar las tres competiciones durante más de una década.
Sí, no es fácil. Pero ahora hay pelotaris que juegan mucho. Lo que yo sí que veo es que ahora quizá falta la rivalidad esa que teníamos en la cancha Juan y yo. Ahora hay pelotaris jóvenes, un montón, pero nos falta esa rivalidad entre dos y entre las aficiones. A la pelota de hoy le falta el pique ese que teníamos Irujo y yo. Entre nosotros dos no había nada malo en la cancha ni fuera de ella, pero nuestros partidos tenían algo.
¿La pelota de ahora es más sosa?
No, pero antes el que era de Irujo no quería ni ver a Aimar, y al revés. Gracias a eso se hablaba de pelota, había pique... y ahí está lo que pasaba, que las entradas se agotaban enseguida.
Usted en ese pique, gozaba.
Sí. Yo creo que ese pique ha sido bueno para los dos. En el momento podía haber cierta tensión, en alguna elección de material, pero luego entre nosotros nunca hemos tenido ningún problema. El pique entre Juan y yo era bueno para las empresas, para la pelota, para el aficionado que vivía esto con pasión para la tele...
Pero la pelota ha tenido también un lado negro, las lesiones.
Sí, he tenido tres muy potentes. La de la rotura del dorsal, el ligamento cruzado, y la última de la inserción de la cadera. Y aún y todo creo que tengo que estar contento. También he tenido lesiones pequeñas, se me criticaba siempre porque pedía aplazamientos.
Era un clásico.
En mis tiempos también había pelotaris con molestias o problemas, pero estaban eliminados. Si siempre estás de cuartos para arriba, semifinales y final, lo normal es que tengas pequeñas molestias. Y en mi caso tenía que llegar o intentar llegar a la final mano a mano, Parejas y Cuatro y Medio. Y en verano, rendir. Al final el cuerpo tiene sus límites.
¿Cuál le dio más miedo? ¿Cuál le hizo pensar que esto se podía terminar?
En las tres lesiones he sido superpositivo. Mucha gente que se rompe la rodilla se viene abajo. Yo al día siguiente ya estaba pensando en cómo recuperarme.
Usted siempre solía decir que su trabajo en ese tiempo era recuperarse de la lesión. Y se lo tomaba exagerado.
A mí si me decían que tenía que meter 12 horas de recuperación, las metía. Si tenía que ir a Vitoria todos los días, iba. Y sin ningún problema. En eso he sido muy positivo y muy profesional, y los resultados de las recuperaciones están ahí. De las tres lesiones graves que he tenido, nunca he sufrido una recaída. Hombre, el trabajo de Mikel Sánchez y de Itxaso Sánchez ha sido siempre impecable.
Usted siempre ha dicho que ha jugado con dolor.
El pelotari si tiene que competir en los tres campeonatos y cumplir con la empresa, tiene que saber jugar con molestias. Es echarle valor y jugar. Ahora los pelotaris tienden a suspender enseguida. Eso y tener el nivel, claro. No vas a ir a hacer el indio.
¿Cómo le ha aguantado la cabeza en todo este tiempo?
Nunca he tenido problemas con eso. Lo he pasado mal los últimos dos o tres meses, en los que prepararme me costaba más porque estaba cansado. En lo demás he sido duro de mentalidad.
Usted es de hierro.
No, para nada. Me han ido las cosas muy bien, pero he tenido derrotas duras y malas. He sido fuerte mentalmente y he aguantado bien.
¿Por qué ha aguantado hasta los 42? ¿Porque es muy bueno, porque no había otro...?
Si no hubiera dado el nivel estoy seguro que no me hubieran dejado estar aquí hasta los 42 años. Y yo mismo si no me hubiera visto con los mejores lo hubiera dejado mucho antes. Es verdad que al final he jugado con más zaguero.
¿Cómo quiere ser recordado?
Como un pelotari que siempre lo dio todo en la cancha y que ha tratado con respeto a la pelota y a la gente de la pelota.
Usted en eso ha sido siempre exquisito. Ni un mal gesto, ni una bronca...
Es algo a lo que siempre he le hado mucha importancia. Intento no jurar, no exteriorizar... Tengo mi mala leche, pero me la guardo para adentro. Es lo que me han enseñado en casa. Ni Asier ni yo hemos sido de gritar. No me gusta ver lo que hacen ahora los jóvenes de andar gritando, hacer gestos... La pelota siempre ha sido un deporte serio.
¿Le da miedo el 14 de noviembre?
No, estoy mentalizado de que el 13 de noviembre esto se ha terminado. Lo único que espero ese que las cosas salgan bien. Para el pueblo va a ser un día muy bonito.
Jubilarse a los 42...
Me jubilo de jugar a pelota. Luego seguro que hago algo. Quiero desconectar unos días, estar tranquilo, ir a cazar. Luego seguiré en el entorno de la pelota.
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