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Navarros globales

Un navarro, director del proyecto ‘Metro de Medellín’

Miguel Guembe Fernández de Arcaya llegó a Colombia de la mano de Siemens Mobility en enero de 2019 y, ocho meses después, ya dirigía el proyecto de modernización del Metro de Medellín, que se puso en servicio en noviembre. Pronto, regresará a España

Ampliar Miguel Guembe, de 34 años, en la terraza del hotel Nutibara. Detrás, el metro de Medellín sobre la plaza Botero
Miguel Guembe, de 34 años, en la terraza del hotel Nutibara. Detrás, el metro de Medellín sobre la plaza Boterocedida
Actualizado el 18/04/2022 a las 19:33
Aterrizó en la ciudad colombiana con 31 años y el puesto de ‘jefe residente’ de un proyecto que renovaría todos los sistemas de señalización del Metro de Medellín, “un medio de transporte que es el orgullo de todos los ‘paisas”, como se denominan los habitantes de esa zona del país. Solo ocho meses después, Miguel Guembe Fernández de Arcaya ya era ‘director’ del proyecto, que “tras muchísimo esfuerzo” de un “gran equipo” y “tres años de dedicación”, se pondría finalmente en servicio el pasado noviembre.
Según explica el ingeniero navarro, “el mayor reto de este trabajo, que en la jerga empresarial se denomina brownfield -porque usa y aprovecha una instalación ya existente, en lugar de construirla desde cero (que es lo que sucede en los proyectos greenfield)-, es que exigía renovar completamente la señalización del metro sin interrumpir su operación comercial, es decir, la actividad diaria del metro”. “En este sentido, era todo un hito ferroviario -prosigue-, porque cualquier fallo técnico hubiera paralizado la ciudad, con 4 millones de habitantes. De hecho, en otros proyectos similares como el de Madrid, para hacer actualizaciones y mejoras, se para el metro y ya está; pero en esta obra pública no era posible”.
En Medellín, como en la mayoría de las ciudades de Latinoamérica, el centro y los negocios se encuentran en la parte de abajo del valle, y la población más desfavorecida vive en las favelas de la parte superior. Así que el metro de Medellín es el eje vertebrador de la ciudad, el “transporte masivo del valle de Aburrá”, que utilizan 700.000 personas al día, y un medio formidable de “integración” para el estrato más bajo de la sociedad. Es también la envidia de la capital, Bogotá, que “lleva más de 25 años intentando tener uno”.
Una de las cosas que más le llamó la atención a Guembe cuando llegó es “lo limpio y cuidado que estaba el metro”. “Los niños hacen jornadas cívicas en él para que nadie escupa ni ensucie el vagón, todos los meses se pintan las rayas de señalización, y si abres casualmente una trampilla no encontrarás en ella ni una hoja”, comenta.
El directivo pamplonés ha estado al frente de un equipo de unas 15 personas, la mayoría jóvenes ingenieros colombianos que, de once de la noche a tres de la madrugada, debían parar todo el sistema de señalización antiguo y migrar al nuevo para realizar las pruebas necesarias y puesta a punto de este. Después, tenían que retornar al anterior sistema, antes de que comenzara el servicio de metro, a las 4.00horas. “Afortunadamente, en todo este tiempo, ningún día hemos afectado a la línea comercial y, pese a los nervios que hemos sufrido, estoy muy satisfecho de haber cumplido las expectativas y la confianza que depositaron en mí. Mi labor ha sido muy bonita, y ya se sabe, ‘sarna con gusto no pica”, declara.
Además, Guembe recuerda que “la segunda ciudad de Colombia” le encantó desde elprimer momento, y aunque de enero a mayo de 2019 solo hacía viajes de 3 semanas al país, después se instaló definitivamente en un apartamento “muy chulo”, en el barrio del Poblado, una buena zona. “Nada más llegar me compré una moto para ir a la oficina -relata-, que en realidad tengo a diez minutos andando [ríe]. Es tan agradable conducirla... Medellín es la ciudad de la eterna primavera. Estamos a 22-23º todo el año, así que todavía ¡no me he puesto el jersey! Y cuando sube la contaminación, por su ubicación en el valle, enseguida aplican ‘medidas de pico y pala’ para frenarla”.
Aunque entre semana, este ingeniero ocupa la mayor parte del tiempo en el trabajo y el gimnasio, los fines de semana suele escaparse a la playa, concretamente al parque natural del Tayrona, donde practica el surf. Allí tiene unos amigos españoles que dirigen una fundación para ayudar a los niños de la zona mediante esta disciplina deportiva y otras actividades. “Es una desconexión que agradezco muchísimo”, confiesa.
Para Guembe, “Colombia es un país increíble” y Medellín, que en 2016 fue reconocida como la ciudad más moderna de Latinoamérica, “un excelente lugar”. Pese a no poder estar con su familia y amigos en momentos muy difíciles, agradece la “calidez de los paisas”, a los que considera “acogedores, cercanos y amables”.
Y aunque admite que aún hay gente que cree que el esplendor actual de Medellín tiene que ver con el dinero que en los 80 y 90 dejó el narcotráfico, le consta que “el país hace tiempo que apostó por un nuevo modelo de riqueza basado en la transformación digital de la región”. “La estrategia del ‘valle del software’, como se denomina, trata de desprenderse del estigma de violencia e inseguridad y ha convertido a Medellín en un buen ‘hub’ tecnológico y de inversión, y a Colombia en un buen destino turístico”, señala.
El compromiso laboral de este ingeniero pasa por permanecer allí hasta julio y, luego, “seguir con el siguiente desafío que le plantee Siemens Mobility”.

DNI

Lugar y fecha de nacimiento. Pamplona, 18/03/1988
Formación. Estudió en elcolegio San Cernin y cursó Ingeniería Industrial en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) licenciándose en el año 2013. Experiencia profesional. Tras acabar el grado, comenzó a trabajar en Siemens SA en Madrid.
Estado civil. Soltero.
Padres. José Pedro Guembe Moreno (jubilado, trabajó en la Caja de Ahorros de Navarra) y María Nieves Fernández de Arcaya Gainza (farmacéutica, con una farmacia en Pamplona).
Hermanos. Dos chicas: María (de 36 años, farmacéutica como su madre y también con otra farmacia en Pamplona) y Sara (de 30 años, ingeniera industrial, que trabaja en L’Oréal en París).

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