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Teatro

Blanca Marsillach: "Siempre fui la rebelde de la familia"

"Con mi padre tuve que pasar muchos castings, yo era lo contrario de una enchufada"

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La actriz Blanca MarsillachArchivo
Publicado el 02/04/2022 a las 06:00
"No creo que haya hija que homenajee más a su padre que yo. ¿Complejo de Electra? Totalmente", admite Blanca Marsillach sin rodeos. El 6 de abril, con motivo del 20 aniversario de la muerte de Adolfo Marsillach, la actriz estrena junto a Miguel Rellán en el Teatro Infanta Isabel de Madrid 'Una noche con los clásicos', obra que en su día creó e interpretó su padre y que hoy dirige Mario Gas. "Hacer algo que hizo él me resulta un poco vertiginoso. A veces siento que está en escena conmigo. Y verle decir el verso, reflexionar sobre la vida, la muerte, el amor, los agravios, el poder, el dinero. Verle como padre, como director, como actor, como hombre de teatro, como escritor, como autor... Se me remueven muchas cosas".
A sus 56 años, la hija menor de las dos que tuvo Marsillach con la actriz Tere del Río se considera afortunada. Pero no siempre se sintió así. Opuesta a su hermana Cristina, Blanca era "la rebelde de la familia" y eso la enfrentaba a su progenitor. "Discutíamos mucho. En mi juventud tuvimos una relación bastante convulsa. Pero luego hicimos las paces. Yo quería ser libre. Él quería que yo lo fuera, pero dentro de un orden, ja, ja, ja...".
Si como padre Marsillach era exigente y un poco tímido a la hora de expresar lo mucho que adoraba a sus hijas, como director era implacable. "Muy exigente, durísimo, a mí me hacía un montón de pruebas. Con él tenía que pasar muchos castings. Era lo contrario de una enchufada", recuerda la actriz.
Hoy Blanca ve similitudes entre su padre y Miguel Rellán. "Miguel es un ser excepcional, casi de otra galaxia. Una persona impecable y con un sentido del humor disparatado. Él y mi padre, que se reía hasta de su sombra, tienen esa especie de sarcasmo. Utilizan el humor para no mostrar sus sentimientos. Mi padre más en estilo británico y Miguel, más español. Pero los dos yo creo que esconden algo, je, je...".
Presente en su casa, a través de los retratos, y en su vida profesional, a través del extenso legado que dejó, Blanca sobre todo añora al padre que perdió hace veinte años. "Lo que más recuerdo de él es su olor, sus ricitos en el cuello, su risa, sus andares. El olor era una mezcla de perfume y aroma personal. Creo que usaba Agua Brava. Siempre olía muy bien. Su forma de reír le ponía ojos de chinito. Era muy pícaro y un gran seductor. Y luego tenía una labia increíble, era un espadachín, no había quien le ganara ningún argumento".
Blanca está convencida de que, de haber nacido en Inglaterra, su padre sería Laurence Olivier. "Pero este es un país que no hace justicia a la gente que ha significado algo importante". De él dice haber heredado la capacidad de trabajo y la autoexigencia. Hija de actores y acostumbrada a escuchar en casa que "con esta profesión me iba a morir de hambre", Blanca trabajó en su juventud con estrellas internacionales como Christopher Lambert, Vittorio Gassman, Laura Antonelli... Y rodó a las órdenes de Paul Verhoeven 'Los señores del acero'. Sin embargo, acabaría montando su propia compañía y lleva años dedicada al teatro social.
CLÁSICOS Y RAP
"Hemos interpretado a los clásicos a través del rap porque el verso tiene el mismo ritmo que los endecasílabos. Hacemos como una pelea de gallos con el 'Poderoso caballero es don dinero'. Es una forma de seguir el legado de mi padre, que fundó la Compañía Nacional de Teatro Clásico para acercar ese tipo de teatro a la gente y que no lo vieran como una cosa aburrida".
Nacida en 1966 en Barcelona, Blanca se crió en el exclusivo barrio madrileño de El Viso. "Mi hermana y yo fuimos a un colegio muy progre, el Josefina Aldecoa, donde todas las profesoras habían estado en la cárcel o eran militantes". Fue compañera de pupitre de Miguel Bardem, primo del oscarizado Javier... "Pero me interesaba muy poco todo aquello. Yo era una 'outsider', y siempre me preguntaba quiénes eran esos padres que hacían cosas tan raras. Luego esas cosas raras las he hecho yo, porque no hay nada que tire más que la genética", comenta entre risas la actriz.
Por aquel entonces solo pensaba en irse de casa y completó sus estudios en Inglaterra, Estados Unidos e Irlanda. "Siempre me he sentido más libre en el extranjero, quizás porque no tenía la presión de estar con un padre tan famoso, una madre tan guapa y conocida...". Hoy lo ve de otra manera. "La madurez no son solo las arrugas, también aprendes a dar valor a las cosas y a ser más agradecida. Yo hoy me siento una privilegiada".
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