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El acusado del atropello mortal y fuga en Pamplona asume todo

El conductor, que se enfrenta a entre 3 y 9 años, pidió perdón a la familia de Pablo Salinas Cervera, de 32 años

juicio atropello Pablo Salinas
El acusado del atropello mortal al joven Pablo Salinas, durante la vista celebrada en el Juzgado de lo Penal número 2 de PamplonaGabriel González
Actualizado el 22/10/2021 a las 20:52
El acusado del atropello mortal y fuga del pasado mes de mayo en Pamplona reconoció y asumió este viernes en el juicio todos los hechos que le imputan, hasta el punto de que su abogado calificó lo que hizo aquella noche como “indefendible”, la actuación de “un descerebrado”. El acusado, de 26 años, pidió perdón en repetidas ocasiones a la familia de Pablo Salinas Cervera, de 32 años, y que murió atropellado cuando cruzaba un paso de peatones en la Avenida de Bayona. Era trabajador de Diario de Navarra y volvía a casa del periódico.
El acusado, que se encuentra en prisión, se enfrenta a penas que pueden ir hasta los 9 años que pide la familia de la víctima, los 7,3 de la fiscal, o una pena inferior (entre 3 y 5,6) si se estiman las atenuantes de intoxicación, confesión y reparación del daño que aprecia la defensa. Al inicio de su declaración, la magistrada de lo Penal nº 2 le preguntó si era consciente de las consecuencias de asumir el relato de la fiscalía. Respondió que sí. Y la fiscal pasó a leer su escrito. Cómo la madrugada del 28 de mayo, sobre las 00.10 horas, circulaba por la Avenida de La Rioja, a entre 106 y 109 kilómetros por hora, según el informe policial, haciendo chirriar sus ruedas en la rotonda, hasta que advirtió que una patrulla policial le había visto. Siguió a gran velocidad y cruzó un semáforo en rojo, atropellando a Pablo Salinas, que pasaba correctamente. El acusado no se detuvo y fue detenido a pie en las proximidades de la comisaría de la policía local, junto a unos arbustos. Dio positivo en alcohol (arrojó tasas de 0,53 y 0,56), en cocaína y MDMA. El peatón murió en el acto.
El acusado añadió pocos detalles en su declaración, gran parte de ella entre lágrimas. Afirmó que tras ver que la policía le seguía se asustó. “Mi impulso fue acelerar, iba mirando para atrás y no me fijé... no me acuerdo”. No recuerda si frenó o no tras el atropello, solo que le “invadió el pánico” y continuó. ¿Con qué intención?, le preguntó la fiscal. “No sé, no sabía cómo abordar la situación, me entró el pánico, no sabía qué hacer”, respondió. Reconoció que había consumido alguna cerveza, dos cubatas de ginebra y cocaína, sin recordar que hubiera tomado MDMA.
Desde la cárcel ha pedido un préstamo de 10.000 euros - “es lo único que he podido conseguir”- para indemnizar a la familia, a la que envió una carta de disculpas. Ayer volvió a hacerlo. “Lo siento mucho y lo sentiré siempre. Quiero pedirles disculpas a ellos y a la sociedad, ojalá nadie más muera en estas circunstancias tan innecesarias. Lo siento mucho”.
Dentro del coche viajaban tres amigos. Ellos le pedían que parara tras el atropello, pero el acusado declaró que no les entendía, que solo escuchaba “chillos”. Un amigo declaró que se quedó “en shock”: “No paraba de repetir ‘¿qué hago, qué hago?’, no daba de sí”. Otro no recordaba mucho: “Íbamos muy borrachos y él entró en pánico”, contó el amigo con el que finalmente aparcó el coche y se escondió en una zona de matorrales.
Según una perito de la defensa, se aprecia en el acusado un comportamiento “errático” - “se quiere esconder a 20 metros de la policía”- y una afectación “moderada” de sus capacidades. El abogado de la familia de la víctima restó importancia a la influencia de alcohol y drogas, destacando que se marchó del lugar, que paró para dejar a unos amigos y que al ser interceptado por la policía no dijo inicialmente que conducía él. Y añadió que, al margen del reconocimiento de los hechos por el acusado, las pruebas eran contundentes.

“Oí un acelerón fuerte, venía a muchísima velocidad”

En el semáforo del suceso estaba parado un camión de la basura. “Oí un acelerón muy fuerte, miré para atrás y venía muchísima velocidad”; declaró el camionero. ¿Tuvo Pablo alguna posibilidad de reaccionar?, le preguntaron. “Imposible”. Una peatón afirmó que el coche iba “muy revolucionado”, lo mismo que el agente de policía que le vio y empezó a seguirle. “Oí un ruido muy fuerte de motor y accioné las luces”. Más adelante del camión, había otro coche detenido. “Iba a una velocidad impresionante y tomé la matrícula para avisar a la policía, pero porque era un peligro, no sabía que había atropellado a alguien. Al bajarme lo vi y fui, porque soy enfermera, pero ya estaba muerto”. Iniciada la búsqueda, dos agentes a pie encontraron al acusado y un amigo junto a unos matorrales. “Solo decían ‘la hemos liado, la hemos liado”.
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