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Viróloga e investigadora del CSIC

Isabel Sola: “El virus se va a quedar, la duda es si lo hará como una gripe o un resfriado”

Codirige junto a Luis Enjuanes el Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC). Advierte que todavía es prematuro hablar del fin de la pandemia, pero reconoce que esta nos deja lecciones a futuro

Ampliar Isabel Sola es viróloga e investigadora del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Isabel Sola es viróloga e investigadora del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)Mari Paz Gener
Publicado el 16/01/2022 a las 06:00
El paisaje de su infancia es San Adrián. Un cielo azul surcado por el elegante vuelo de una cigüeña, los grises y ocres de una mañana fría de invierno en la que poda las ramas de unos frutales junto a su padre y el verde silencioso del Ebro. Por ello, cuando hace unos meses Navarra la distinguió con la Cruz de Carlos III el Noble, Isabel Sola afirmó que haberse criado entre agricultores le ha ayudado en su trayectoria científica: “no siempre el esfuerzo da resultados inmediatos”. Atesora más de 25 años en el estudio de las familias de los coronavirus y se ha convertido en un referente en esta pandemia.
¿La explosión de contagios de la variante ómicron preludia el fin de la pandemia?
Todavía es difícil hacer una predicción. Dar por terminada o poner una fecha de caducidad a la pandemia sería algo prematuro. Asistimos a un aumento de casos, pero en cambio el número de hospitalizaciones y de muertes se ha reducido mucho. La pregunta es si esto se debe a que el virus se ha atenuado o a que la población se encuentra en su mayoría inmunizada por la vacuna o por haberse infectado ya. Y la clave para que este virus tenga menos impacto en la población es conseguir una inmunidad lo más extendida y potente mejor.
¿Da por hecho que el virus permanecerá?
Así es, no va a desaparecer. La gran duda es si el virus que va a permanecer, ya sea ómicron u otro que aparezca, va a ser un virus muy atenuado, como el de un resfriado que no causa mayores problemas y no necesita vacunas, o si bien va a ser un virus más virulento, más parecido a lo que es una gripe. Pero, con la debida prudencia, podemos ser medianamente optimistas y pensar que vamos a dejar atrás la situación de emergencia para entrar en una convivencia más pacífica con el virus.
¿Está agotada de perseguir al SARS CoV-2 desde hace dos años o este es un reto fascinante para una viróloga?
Dos años son mucho tiempo y a la vez me han parecido un suspiro. En esta situación en la que el virus ha causado tanto sufrimiento y problemas, el hecho de que dijera yo como viróloga que me ha resultado fascinante no se entendería. Pero lo cierto es que asistir al nacimiento de un virus pandémico y a su posterior evolución, desde el punto de vista de un virólogo sí tiene cierta fascinanción. Las preguntas que te haces de por qué suceden las cosas, los mecanismos que todavía quedan por concocer... para un virólogo es muy atractivo.
¿Había imaginado como viróloga que un día asistiría a una pandemia como esta?
En cada proyecto de investigación que presentamos tenemos que justificar la importancia de lo que queremos hacer. Y la tarjeta de presentación para los coronavirus es que son virus emergentes, con potencial pandémico. Pero no, una pandemia y una emergencia como la que hemos vivido no era algo imaginable.
¿Por qué dobla Navarra las tasas de contagio en España y lidera las de Europa? ¿Le basta la explicación de que aquí se hacen más test o se nos escapa alguna clave?
Es cierto que cuando hay una transmisión comunitaria, cuantos más test hagas más casos vas a encontrar. Y Navarra hace el doble que otras Comunidades. Pero también miro a diario los datos en el País Vasco y ello hacen más test que nosotros y, sin embargo, la incidencia y el porcentaje de positividad es menor. Debe haber algo más y entiendo que es en el comportamiento, pues no vamos a pensar que la población de Navarra es más susceptible al virus ya que no somos una comunidad aislada genéticamente. Por tanto, pienso que tendrá que ver con el comportamiento, con el hecho de que las medidas de precaución no se respeten tanto o de que interactuemos más socialmente.
Si el virus se va atenuando, ¿tienen sentido ya las terceras y cuartas dosis de la vacuna para toda la población?
Si esto me lo hubiera preguntado antes de que apareciera ómicron, le habría dicho que a las personas más vulnerables, a los más mayores, sí se les debería reactivar y potenciar su inmunidad y al resto, no. Pero ha aparecido ómicron, muy diferente a los virus que han circulado antes y que escapa sobre todo a la protección de los anticuerpos. Me explico. La inmunidad tiene dos ramas, los anticuerpos y la respuesta celular. De los anticuerpos hablamos más porque se miden muy fácilmente, pero estos caen más rápido en el tiempo. En cambio, la respuesta celular la medimos menos, pero es muy resistente a los cambios de las variantes. Y aunque no nos protege de la infección, sí lo hace de la enfermedad severa, de la hospitalización y de la muerte. Por eso, aunque nos hayamos vacunado hace un año y los anticuerpos hayan caído, tenemos una respuesta celular que de momento está activa. Por eso, a menos que aparezca un virus radicalmente distinto como ha sido ómicron, poner más dosis de vacunas lo reservaría a partir de ahora para la población más vulnerable.
Desde el punto de vista ético y social, ¿comparte que algunos países planteen vacunaciones obligatorias?
No tengo una respuesta cien por cien clara, ya que hay que buscar un equilibrio entre las libertades individuales, la salud pública y el bien común. Lo ideal sería que todo el mundo voluntariamente se vacunara. A día de hoy, las evidencias sobre la seguridad de la vacuna y la efectividad que tiene son incontestables. Parece mentira que haya gente que todavía no lo quiera creer. Ahora bien, hablando con juristas, ellos dicen que sería complicada hacerla obligatoria en España a todo el mundo, pero en determinados contextos profesionales en los que se tiene contacto con muchas personas y personas vulnerables, como son los sanitarios y los trabajadores sociosanitarios, sí sería posible. Es curioso, pero también he leído que empresas como Ikea se plantean en algún país reducir las condiciones económicas de las bajas a sus trabajadores no vacunados si enferman de covid.
Hay confusión en la información que hemos recibido y no sé si él ha dicho toda la verdad. Pero creo que una persona pública de su relevancia podría haber tenido una conducta mucho más ejemplar que la que ha demostrado con las vacunas. Me ha decepcionado que un ídolo del deporte para tanta gente no sea responsable.
¿Le han chirriado como científica alguna de las obligaciones y restricciones dictadas en la pandemia por el Gobierno de Sánchez y las Comunidades autónomas?
En cuanto a las más recientes, el pasado diciembre se produjo un incremento enorme en la incidencia y se decidió el uso obligatorio de la mascarilla en exteriores sin acompañarlo de otras medidas más importantes, como limitar los aforos en el interior, donde el riesgo de transmisión es mayor. Dio la impresión de que más que un propósito sanitario, lo que se buscaba era cambiar las medidas sin causar grandes descontentos en la población. Y lo que más he echado de menos en toda la pandemia, no sólo ahora, es que desde el momento en que hemos tenido disponibilidad de test de antígenos, que son bastante fiables y te dan una medida de quién puede contagiar y quien no, no se hayan usado de una forma muy generalizada para racionalizar lo que uno puede hacer o dejar de hacer.
¿Le parece razonable que se haya reducido el período de aislamiento de los casos positivos, aunque en ello también hayan pesado las causas económicas?
Debemos adaptarnos a que el virus cambia y también lo hace la inmunidad de la población. Si podemos reducir el aislamiento bienvenido sea, porque es cierto que está causando muchos problemas en el funcionamiento del mundo. De ahí la importancia de los test. Si al quinto día das negativo, no tiene sentido seguir confinado en casa. Lo mismo ocurre con los niños en la escuela. Cuando hay contagios deberían irse a casa solo los que den positivo en el test, no todo el aula.
¿Qué lecciones debemos aprender de esta pandemia?
Una de las primeras lecciones es que como individuos y como sociedad somos vulnerables. Nuestra generación no había sufrido grandes problemas con enfermedades infecciosas como lo fueron en su día la poliomelitis y la viruela gracias a la vacunación. Eso nos ha llevado a pensar que vivíamos en un mundo libre de enfermedades infecciosas, excepto cosas asumibles como la estación de gripe, los resfriados o el VIH, que ya no es un problema como lo fue antes. Pero formamos parte de la naturaleza y hay muchos virus que no vemos, pero que pueden emerger y dar lugar a pandemias como la actual. Como consecuencia, debemos estar preparados. Y aunque uno no puede estar preparado contra todo lo desconocido, hay determinadas familias de virus que tienen mayor potencial pandémico. La gripe es uno de ellos y ya la tenemos integrada en los sistemas de vigilancia y de vacunas. Los coronavirus también deberíamos incorporarlos a los sistemas de vigilancia y centinela para ver dónde están y cuándo aparece uno nuevo. Debemos reforzar la investigación y quizás incorporar también medidas de prevención, como el uso de las mascarillas en invierno en sitos cerrados, la ventilación y la precaución de no acudir al trabajo si uno tiene fiebre o síntomas de infección.. todo eso que sabemos que funciona, que otros países habían adoptado y aquí todavía no, Debemos, en definitiva, cambiar los hábitos y la preparación ante futuros virus epidémicos porque están ahí, en la naturaleza, y son una amenaza real.

DNI

​Isabel Sola Gurpegui (Pamplona, 13 de mayo de 1967): Hija de una familia de agricultores de San Adrián, donde todavía vive allí su madre, que fue maestra, y un hermano. Casada con Miguel Ángel García Soldevilla, de Calahorra, tienen tres hijos: María, Miguel Ángel y Sofía. Estudió Biología en la Universidad de Navarra. Hoy es investigadora del CSIC y codirige el Centro Nacional de Biotecnología.

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