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Sucesos

La policía y el vídeo del delito

Cada vez es más habitual que documentos grabados por personas que infringen la ley se conviertan en pistas para que la policía identifique y acabe imputando a los protagonistas. Muchas veces, son los propios autores quienes se ‘inmortalizan’

Ampliar policia foral
Imagen de archivo de una imputación contra la seguridad vialCEDIDA
Publicado el 20/02/2022 a las 06:00
Negar la comisión de un delito cuando la policía que te acusa cuenta en su poder con un vídeo en el que se te reconoce perfectamente cometiendo la infracción correspondiente sirve más bien de poco. A poca neurona que quede al investigado, lo más sensato es asumir que el exceso de ego ha jugado una mala pasada, impidiendo el clásico “no lo sé, no lo recuerdo, no era yo” con el que escurrir el bulto cuando vienen mal dadas. En las últimas semanas, la Policía Foral ha dado a conocer varios casos en los que los agentes se han servido de vídeos colgados en redes para arrancar una investigación: un implicado en una pelea que pudo ser identificado a raíz del análisis de unas imágenes, un investigado por conducir sin carné que se grabó a sí mismo en semejante proeza por las calles de Pamplona o los documentos con carreras ilegales y la evidente conducción temeraria de un vehículo haciendo trompos junto a una curva, en el polígono de Tajonar, mientras decenas de personas observan a pie de asfalto las maniobras. Mikel Santamaría es el responsable del grupo de Comunicación de Policía Foral y a diario se encargar de ‘cribar’ todo el material que decenas de ciudadanos les hacen llegar a través de los perfiles de Instagram o Twitter, o que directamente mandan a la dirección de correo electrónico: pfredessociales@navarra.es. “Las redes dan mucho juego y a día de hoy suponen un goteo de información diaria. Si de entre todo lo que nos va llegando detectamos imágenes o vídeos que puedan tener su interés policial, lo miramos con más calma (perfil que lo cuelga, seguidores, otras publicaciones que ha podido enviar o compartir) y enseguida se ve si es o no una información buena, con recorrido”. En caso de que lleguen a la conclusión de que es así, lo derivan a la unidad correspondiente. “En función de la zona geográfica a la que hagan referencia los hechos o la tipología que se denuncie, se traslada a la comisaría que proceda o al equipo de Policía Judicial de Pamplona, por ejemplo”, explica Santamaría.
EL ANONIMATO, CLAVE
La información ciudadana que llega a la policía a través de las redes también fructifica en ocasiones en investigaciones que incluso concluyen con arrestos e ingresos en prisión. El caso reciente de un detenido en Bera por tráfico de drogas que terminó con la entrada en la cárcel del susodicho comenzó precisamente con una serie de mensajes a través de las redes. “A la gente, y más en casos que puedan localizarse en pueblos pequeños, donde se conocen todos, lo que más le preocupa es que puedas garantizarle el anonimato. Pueden estar tranquilos, estos canales con los que trabajamos en la policía son totalmente confidenciales”. No solo en el plano reactivo, sino que en ocasiones son los propios agentes quienes contactan con usuarios para recabar más informaciones acerca de un vídeo o imagen que han colgado o compartido. “Los policías conocen determinados perfiles que graban peleas o agresiones o metidos en foros como los que suelen intercambiar información los aficionados a quedadas para carreras ilegales de coches. En los casos más graves, de una agresión con lesiones importantes y donde lo que se busca es localizar a un testigo, los investigadores pueden llegar a contactar con estas personas y solicitar un teléfono”. Si las cosas van para adelante, comenta Santamaría, los informantes que hacen llegar material suelen recibir una llamada o correo posterior, a la conclusión de la investigación, agradeciendo la confianza y con un resumen del caso.
El caudal de información, de cualquier tipo, en redes, se ha multiplicado exponencialmente en los últimos años y en ese cauce ‘pesca’ también la policía. Es muy variable y difícilmente cuantificable, pero Santamaría calcula en “al menos un par” las investigaciones mensuales que tienen su arranque en un vídeo o documento compartido en redes. “La gente ha comprendido que tiene mucho más a mano a la policía para hacerle llegar cualquier documento. El ir a poner una denuncia a comisaría implica un esfuerzo y una inversión de tiempo mucho mayor”.
EL 'PATRULLAJE CIBERNÉTICO'
Desde Guardia Civil y Policía Nacional también comparten esa sensación de cómo el rastreo de redes conlleva cada vez más el hallazgo de indicios de un posible delito. En la Unidad Orgánica de Policía Judicial de Guardia Civil indican que esa tendencia ha influenciado a los distintos equipos especializados: el GIAT, dedicado a delincuencia vinculada al mundo del automóvil, es la unidad encargada de investigar lo relacionado con posibles delitos relacionados con el tráfico, así como la propia unidad de Tráfico o el grupo de Delitos Informáticos, son algunas de las áreas en cuya actividad ha repercutido todo ese impacto del aumento de archivos variopintos en redes.
En Policía Nacional rescatan varias anécdotas al hilo de este tipo de investigaciones. “Hay gente muy concienciada contra esa, casi chulería, de quien se graba cometiendo una infracción y además la luce ante sus seguidores. Recientemente, en Pamplona, nos han denunciado un vídeo viral de un tipo que orinaba dentro de un taxi, pidiéndonos que por favor lo identificáramos y denunciáramos por hacer eso”. Finalmente los agentes dieron con él (los hechos sucedieron en Alicante) y no solo se hizo viral su ‘proeza’, sino también su ‘escarmiento’. Otro ejemplo relacionado con los riesgos de las redes y los retos virales que rozan la infracción ha sido uno que ‘proliferó’ hace pocos meses, que alentaba a menores a conseguir tocar (y grabar) el arma de un policía. “Habla de esa extraña necesidad no solo de hacer una tontería, sino de que quede para la posteridad”. Para detectar lo antes posible este tipo de comportamientos, desde Policía Nacional explican que todos los cuerpos llevan a cabo acciones preventivas de ‘patrullaje cibernético’. “Son cuatro pasos, un protocolo de actuación que implica la preservación de la prueba (ese vídeo o esa imagen que inmortaliza el posible delito), la recopilación de información reconocible en él (una matrícula, por ejemplo), la petición oficial de información (solicitud de información a la DGT, con el propietario de ese vehículo, siguiendo el ejemplo) y finalmente la colaboración ciudadana, si fuera necesaria, para terminar de identificar a protagonistas, testigos o implicados en el asunto”. Los temas que más suelen abordar en estos ámbitos suelen estar relacionados con el acoso escolar, la seguridad vial o altercados en la vía pública como una pelea. “En general, ese vídeo suele ser muy útil a la policía. Documenta el posible delito y es una prueba contundente, muchas veces facilitada por el propio investigado. Para nosotros, fenomenal”, indica este investigador. En Policía Foral es fácil que ese afán por fotografiar, grabar y compartir se relacione con la reconstrucción de la agresión sexual perpetrada por la Manada. El policía que destripó los archivos de los teléfonos de los 5 condenados lo recordaba así: “Lo grabaron todo y, gracias a eso, es como si hubiera ido con ellos en el coche”.
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