Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Historias Encadenadas

Cáseda, el pueblo que regala cerezos

Elena Vilches recrea su infancia jugando a pelota a orillas del pantano de Yesa, luego fue monitora de este deporte en Cáseda, donde vive, ahora junto al cauce del río Aragón

Ampliar Elena Vilches, a orillas del río Aragón, en Cáseda.
Elena Vilches, a orillas del río Aragón, en Cáseda.josé antonio goñi
Publicado el 03/04/2022 a las 06:00
Tendría 17 años cuando vio ‘Memorias de África’ en el cine de Sangüesa. Aquellos 160 minutos con Meryl Streep y Robert Redford, aquellos domingos de amigos y palomitas, de descubrir, de reír y de llorar. Con escenas que enmarcan horizontes infinitos ha caminado desde entonces. La vida no es, en fin, más que un largometraje cincelado de historias. La suya, la de Elena Vilches Herrera, arrancó en Yesa hace 52 años y discurre en Cáseda, un pueblo donde ceden una robada de tierra de regadío a quien se empadrone y cada primavera le entregan dos cerezos.
Los padres de Elena llegaron desde Jaén para trabajar él en el pantano de Yesa. Se asentaron en las casas de la confederación, de la hidográfica del Ebro. La suya era algo más grande, eran siete hermanos y una de las fachadas hacía de frontón. Allí jugó a pelota desde “pequeñaja” con sus hermanos mayores, que le llevaban diez años. “A mano y a pala, con la pelota de goma negra”, sin horas ni prisas. “Yesa era pueblo de turismo, de veraneantes, venían muchas familias de Pamplona por el pantano y los niños traían raquetas de madera, a mí aquello me parecía una maravilla, nunca las había visto, qué envidia”, siluetea en el aire con sus manos la forma de la raqueta. “Y entonces jugábamos todos juntos”, describe que Yesa sumaba bares y hasta discoteca, era lugar de paso, en la carretera de los esquiadores, siempre había ambiente, camino a Javier, al monasterio de Leyre; y los domingos en invierno, al calor del cine de Sangüesa, “primero con los hermanos a las pelis infantiles, luego con la cuadrilla a las de adultos y más tarde con la pareja, se llenaba aquello”, habla en pasado porque el paisaje mudó y ahora los pueblos suena sigilosos y sus habitantes caminan despacio. Su padre falleció en un accidente en el pantano. Tenía 55 años. Elena estudió Administrativo en Lumbier, donde también jugó a pala con una chica de Uztárroz. “Y con las dos manos”. Fue madre con 21 años de una hija que es ingeniera aeronáutica. La segunda, enfermera, se prepara para ser matrona. Vive en Cáseda, de donde es su marido. “Llevo aquí más de la mitad de la vida”, resuelve y cuenta que el farmacéutico del pueblo, Arturo Aznárez, pensó en abrir una Escuela de Pelota. Era 2003. Sabía de la afición de Elena y le propuso ser una de las monitoras. “Éramos tres hombres y yo, le parecía que siendo mujer se animarían algunas chicas, queríamos que fuera algo igualitario, siempre he pensado así, y la verdad es que vinieron bastantes. Dos días por semana, no suponía un esfuerzo y para los niños de Cáseda era una actividad más y continuaba la afición local. Destacó entonces Eduardo Beroiz”, guarda buenos recuerdos. “Siempre jugué y nunca pensé que fuera un deporte acotado a los hombres, como no lo creo ahora de la huerta que me gusta mucho y en la que paso horas, me relaja”, exprime esos ratos al aire libre, a orillas del río Aragón, que les proporciona regadío. Y subraya que en Cáseda son “privilegiados”. Se reitera en su afirmación, sentada en el bar Imperio, casa de comidas, de tragos y de buenas tertulias, del ambiente casedano de todas las edades, donde Elena trabaja media jornada. Son 900 habitantes, el censo decae, no vertiginoso, pero sí a cuentagotas y ella se detiene en lo positivo: “en la industria, con Viscofán, que emplea a buena parte de los vecinos, y en los servicios que son muchos, hay centro de salud, residencia de ancianos, comercio de ultramarinos, carnicería, se vende pan, pescado, peluquerías, taller mecánico, farmacia, oficinas bancarias, transporte a Pamplona con La Veloz Sangüesina, piscina, polideportivo, frontón cubierto, campo de fútbol o el antiguo matadero que se utiliza como local de ensayos de música....”, enumera, sonríe y apunta: “Mira, me podían contratar para promocionar el pueblo o como guía turística, porque esta comarca tiene mucho tesoro, tal vez algo desconocido, como la ermita de San Zoilo donde cada 15 de mayo hay romería y se reparte pan, vino y chocolate, aunque esa es la anécdota del placer de visitar un conjunto artístico e histórico”.
Es mediodía, Elena va a comer y a las tres entra a trabajar. Camina tranquila, como quien ha cumplido, porque anuncian frío, pero ella acaba de sembrar la patata. Le gusta arrullarse en lo bueno de las villas y sus gentes y prefiere no mirar al reloj. “Lo mejor de la vida es siempre”, despide amable la conversación. Entretanto, la pared de la que fue su casa de niña es ahora parte del frontón cubierto de Yesa. Que bote la pelota.
volver arriba

Activar Notificaciones

Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE