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Salud

Ocho residentes cuentan lo que cuesta ser médico: 11 años de estudio y sin nada fijo

La fuerza de voluntad, a base de horas arrebatadas al ocio y al sueño, sustenta la carrera de médicos que están a punto de completar su especialidad. Son optimistas por encontrar trabajo en un sector lastrado por la inestabilidad de los destinos que acaba generando malestar en los pacientes

Ampliar Idoia Bilbao, Juan Luján Colás, Hodei Rodrigo, Ignacio Soriano, Ángela Estenaga, Amaia Urrizola, Carmen Jiménez y Natalia Castro.
Idoia Bilbao, Juan Luján Colás, Hodei Rodrigo, Ignacio Soriano, Ángela Estenaga, Amaia Urrizola, Carmen Jiménez y Natalia Castro.DN
Publicado el 01/05/2022 a las 06:00
Semanas atrás, el departamento foral de Salud anunció la toma de posesión de 141 médicos (107 plazas de medicina de familia y 34 de pediatría). “Esta consolidación de plazas -informó- va a suponer un salto cuantitativo, pero también cualitativo, al permitir una importante continuidad del servicio de estos profesionales, con especial relevancia en aquellos que desarrollan su trabajo en el ámbito rural”. La estabilidad laboral no es plena garantía de un servicio continuado, a decir de pacientes, profesionales y alcaldes. Si se trata de una localidad alejada de Pamplona, la obtención de una plaza fija no es sinónimo de permanencia. El alcalde de Peralta, Juan Carlos Castillo, lo dijo claro en un foro: “En un año o año y medio volveremos a tener el mismo problema, porque cuesta mantener a los médicos en la zona”. “Salvo que tengan arraigo -señaló- los profesionales no quieren quedarse”.
El dilema de la falta de médicos, que estruja la entendederas de los responsables de la Administración, aquí en Navarra pero también en otros puntos de España, está sujeta a variables. Una de ellas es la criba en el acceso a las facultades de medicina con un corte de nota accesible a estudiantes más que aplicados. Una segunda, una tendencia mayoritaria a elegir especialidades frente a la Atención Primaria en la etapa MIR. Y una tercera, la dilatada trayectoria hasta que un profesional completa su formación. La exigencia es mayúscula. Al menos, once años de su vida, si no más, están dedicados en cuerpo y alma a hincar codos y a aprender de la práctica. Parte de ellos concluirán esta semana su ciclo y se asomarán a un nuevo desafío con una incertidumbre sobre su futuro laboral, nada seguro. El precio es máximo: “Mi vida profesional ha supuesto sacrificar en muchas ocasiones la personal”.

Idoia Bilbao, médico en formación en el ClInic de Barcelona: “Este trabajo supone gran carga emocional”

Idoia Bilbao del Olmo, residente de Medicina Interna en el Clinic de Barcelona
Idoia Bilbao del Olmo, residente de Medicina Interna en el Clinic de BarcelonaDN
Idoia Bilbao Del Olmo completó sus estudios de medicina en 2016 en la Universidad de Navarra para traslarse después a Oviedo donde preparar el examen MIR. Se encuentra en el quinto y último año de especialidad en Medicina Interna en la Clínica Universidad de Navarra, ampliada en los últimos meses con una estancia formativa en la Unidad de Críticos del Hospital Clinic de Barcelona. “Todo esto hace un total de 13 años de formación”. Asegura que siempre se sintió atraída por “el ámbito sanitario” como legado de sus padres en los que supo ver reflejado su futuro desde pequeña. El dilatado proceso de preparación ha estado salpicado de “momentos mejores y peores”, pero, como dice, “un momento bueno compensa todos los malos”. “Merece la pena”, concluye. “No voy a negar que es mucho esfuerzo formar este oficio. No solo en la universidad con todo lo que hay que estudiar, que al final es lo de menos, sino por todas las horas que requiere este trabajo y por supuesto toda la carga emocional que conlleva”.
Desde su especialidad en Medicina Interna habla en primera persona del desgaste de la pandemia:“Era muy duro el momento de llamar a algún familiar para avisarle de que su padre, hermano, hijo… , tenía que ser trasladado a la UCI y que no podía estar junto a él. La verdad que ha sido una de las cosas más duras de la pandemia”. La dedicación al cuidado de pacientes contagiados le implicó perder alguna rotación de su plan formativo. Después de 13 años de estudio y dos de una experiencia profesional y personal difícil de olvidar, su futuro laboral es una incógnita: “Ahora tocan unos meses de meditar todas las opciones. Me gustaría quedarme por aquí cerca para terminar mi tesis doctoral”.

Juan Luján, cirujano en formación en la Clínica Universidad de Navarra: “Hay pocas profesiones como ésta que den tanta gratitud”

Juan Luján Colás, residente en su etapa final de cirujía en la CUN
Juan Luján Colás, residente en su etapa final de cirujía en la CUNBuxens
Juan Luján Colás dice que “lo tenía claro”. Estudió medicina en la Universidad de Murcia, donde nació hace 30 años, para seguir los pasos de su padre, cirujano. Hoy mira desde la atalaya de su quinto año de residente (R-5) de Cirugía General y Digestiva en la Clínica Universidad de Navarra para confirmar su elección. En su padre halló no sólo un modelo de persona sino un referente laboral. De pequeño se le quedaron grabadas las escenas de agradecimiento que en plena calle con las que le honraban sus pacientes. “Yo quiero ayudar a la gente como ayuda él”, se dijo a sí mismo. Ahora que es cirujano, experimenta el mismo sentimiento cuando se acerca a un enfermo encamado tras una intervención: “El agradecimiento de los pacientes es especial hacia un cirujano. La relación entre ambos es también especial”. En los once años de bagaje formativo, reconoce que hubo períodos complicados, “de más estrés” en los que llegó a preguntarse a sí mismo: “¿Qué hago aquí?”. Se aferró a su desafío personal, alimentado en el ejemplo de su padre, para despejar cualquier duda o comparación con sus amigos que accedían al mercado laboral tras completar una carrera de cuatro años cuando a él aún le restaban dos por delante para sortear la criba del examen MIR. “Eso fue duro, pero hoy no me cambiaría por nadie. Hay pocas profesiones como ésta que te dan tanta gratitud”. Rezuma optimismo sobre su futuro: “ En medicina hay poco paro. Otra cosa es que, después de formarse, uno quiere estar en el mejor sitio posible y haciendo su especialidad. Esto es más complicado”.

Hodei Rodrigo, médico en formación en la UCI del Hospital Universitario de Navarra: “Hay que ser un apasionado para mantener la ilusión”

Hodei Rodrigo, en su último año de residente en la UCI del Hospital Universitario
Hodei Rodrigo, en su último año de residente en la UCI del Hospital UniversitarioDN
Hodei Rodrigo Pérez habla de “admiración por la profesión” que ejerce como médico en la UCI del Hospital Universitario de Navarra. Si profesa tal devoción es por su padre, del que aprendió a bucear en el mar ancho del “conocimiento y la dedicación” para cultivar “la capacidad de curar, cuidar y acompañar a las personas enfermas”. “El proceso necesario para ser médico es largo y exigente. Hay que ser un apasionado de esto para mantener la ilusión y entrega durante toda la formación”. Reconoce que ha debido de “prescindir de mucho”, pero, a cambio, ha ganado “mucho a nivel personal”. No tiene reparos en “dedicar tiempo a estar en el Hospital al lado de los pacientes” y con el aliciente del aprendizaje continuo. Fue alumno de Medicina Interna en la CUN para acabar cumpliendo sus expectativas como adscrito a la UCI del Hospital Universitario de Navarra. Le sedujo “la atención integral del enfermo crítico y su familia, en un entorno bien preparado para ello y con un equipo de profesionales de un alto nivel”. “Después del MIR”, su idea es seguir en Pamplona: “Hay oportunidades laborales y el sistema sanitario navarro tiene mucho potencial”.

Ignacio Soriano, radiólogo en la Clínica Universidad de Navarra: “Tuve que valerme por mí mismo en la carrera”

Ignacio Soriano Aguadero es residente de Radiología en la CUN
Ignacio Soriano Aguadero es residente de Radiología en la CUNBuxens
“Yo quería ser médico”. Ignacio Sorianio Aguadero, pamplonés de 28 años de edad, tuvo claro su vocación como también la especialidad que conciliaba una segunda preferencia, legado de su familia. Salvo su padre, cirujano, sus raíces están regadas con la savia de la ingeniería. De ahí su interés por la tecnología. “La radiología combina ese darse a los demás con el conocimiento de la tecnología”, confiesa quien está próximo a finalizar su etapa MIR en la Clínica Universidad de Navarra. Por sus vínculos estrechados con su tierra de origen, reforzados además con su matrimonio en Pamplona, piensa como primera opción permanecer en el entorno conocido. “Cuando estás en el colegio te marcan el camino. En la carrera, te sueltan. Tienes que aprender a trabajar por ti mismo, a buscar la información. Los primeros años de la carrera me costaron más. A partir de tercero me adapté al ambiente de universidad. En la preparación del examen MIR todo el mundo se planteaba ir a Asturias. Miré academias pero, por mi forma de ser, decidía prepararlo vía on line. Estudié la preparación del examen MIR en mi casa. Aquí, en Pamplona, está mi familia y la que hoy es mi mujer”.

Ángela Estenaga, dermatóloga en formación en Australia: “Es buena época: no falta trabajo en lo público y privado”

Ángela Estenaga Pérez de Albéniz, dermatóloga en formación en Australia
Ángela Estenaga Pérez de Albéniz, dermatóloga en formación en AustraliaDN
Especialista de formación durante 4 años en Dermatología en la CUN, Ángela Estenaga Pérez de Albéniz ha podido compaginar su labor asistenciación con la doencia e investigación en la Universidad de Navarra y en el CIMA. Su currículum incluye los tres meses en el departamento de Dermatología del hospital Westmead en Sydney (Australia), donde puede ampliar conocimientos “en inmunología y tumores cutáneos: melanoma, cáncer de piel no melanoma, linfomas cutáneos y carcinoma de células de Merkel, principalmente”. Hija de químico y enfermera, una experiencia personal con 10 años de edad marcó su destino: “Tuve que ir varias veces al hospital. Comencé a admirar a las personas que me cuidaban y decidí que quería ser como ellas. Me esforcé en el instituto y en selectividad y finalmente pude hacer la carrera que quería. A pesar de que el camino es duro, la gratitud de ayudar a los demás hace que cada día de trabajo merezca la pena”. Renunció al medio grado de arpa para dedicarse en cuerpo y alma a la medicina. Sobre su futuro, cree que “es buena época en la que no falta trabajo en el sistema público ni en el privado. Al margen de las salidas laborales, intentaré mantener las líneas de investigación en las que participo actualmente, y no descarto seguir formándome realizando un fellowship de cirugía de Mohs, probablemente fuera de España”.

Amaia Urrizola, oncóloga en formación en Noruega: “El mayor sacrificio ha sido el tiempo propio”

Amaia Urrizola Martínez, en su estancia de formación de oncóloga en Oslo
Amaia Urrizola Martínez, en su estancia de formación de oncóloga en OsloDN
A Amaia Urrizola Martínez no le resulta difícil regresar a su infancia e imaginarse “con bata blanca”. No se dejó influir por nadie de su entorno - “nadie en mi familia había elegido la medicina previamente”- para dibujar su futuro con los trazos de su imaginación infantil. Terminará en mayo su formación en Oncología Médica en la Clínica Universidad de Navarra, tras completar su rotación externa en el Hospital Universitario de Oslo (Oslo Universitetssykehus).
Asegura que la vocación “compensa la presión asistencial, la responsabilidad y la precariedad laboral del sistema sanitario actual. Por todo ello, echando la vista atrás, volvería a elegir nuevamente el camino de la medicina”. Habla con sentido común del futuro: “La decisión mayoritaria suele ser incorporarse al sistema nacional de salud, cubriendo alguna oferta temporal hasta que se convoque una oposición con la que obtener una plaza fija. Existen otras alternativas, más o menos convencionales, como puede ser la de continuar formación con una súper-especialización a nivel nacional o en el extranjero; trabajar en el ámbito privado, en la industria farmacéutica, dedicarse a docencia ... Los pasos para seguir dependerán del objetivo final”. Expresa su satisfacción por los estudios, aunque “sin duda el mayor sacrificio es tu tiempo. Mi vida profesional ha supuesto sacrificar en muchas ocasiones la personal, rechazar planes porque no tienes tiempo, experimentar cierta desconexión emocional o distancia con personas que no viven tu misma realidad o que no parecen comprenderlo”.

Carmen Jiménez Jaso, médico en formación en el Clinic de Barcelona: “Las posibilidades que se vislumbran son muchas”

Carmen Jiménez Jaso completa su formación  en Psiquiatría en el Clinic de Barcelona
Carmen Jiménez Jaso completa su formación en Psiquiatría en el Clinic de BarcelonaDN
Siempre hubo disponibilidad por “ayudar a los demás” en Carmen Jiménez Jaso, con meses por delante hasta completar su especialidad de Psiquiatría en la Universidad de Navarra. Afianzó su valor humanitario durante su etapa de estudiante de Bachiller en Lodres y como voluntaria sanitaria en Ruanda. Natural de Valtierra y residente en rotación en el Clinic de Barcelona, reconoce que la carrera de medicina “es larga y sacrificada.., pero al final del día, cuando llegas a casa y sabes que tus pacientes se encuentran bien, ha merecido la pena todo el esfuerzo realizado. Aún recuerdo estudiando todas las Navidades para un examen de fisiopatología en segundo de carrera”. “¿Y después del MIR, qué?”, atiende por interpelación. “Navarra es una comunidad donde la calidad de vida es muy buena y se vive muy bien. Tengo a mi familia y llevo casi toda mi vida aquí, por lo que me siento muy arraigada a ella. Las posibilidades que vislumbran en el horizonte son muchas. Aún me quedan varios meses para terminar la residencia y quiero continuar formándome y disfrutando de mi formación”.

Natalia Castro, oncóloga en formación en el Hospital Universitario de Navarra: “Después de estudiar tantos años no se nos asegura estabilidad”

Natalia Castro. residente de Oncología en el Hospital Universitario de Navarra
Natalia Castro. residente de Oncología en el Hospital Universitario de NavarraDN
Último año de residencia de Oncología en el Hospital Universitario de Navarra, Natalia Castro Unanua, pamplonesa de 29 años de edad, reconoce que nunca ha llegado a cuestionar su elección profesional aunque en algún momento pudo surgirle dudas por decantarse por “otras carreras como biología o bioquímica”. Como señala, “son muchos años estudiando y cuando terminamos la formación completa tenemos casi 30 años. Quizás el mayor sacrificio de estudiar Medicina es que después de tantos años no se nos asegura un contrato con cierta estabilidad y muchas veces no es en la cuidad donde nos gustaría. Esta realidad dificulta en cierta manera asentarte en un lugar y establecer un plan de vida”. La elección de Oncología ofrece oportunidades: “Desde ejercer de clínico en el hospital, dedicarse a la investigación o incluso a la industria de desarrollo de nuevas terapias en ensayos clínicos. Ahora mismo no tengo claro donde estaré en los próximos meses y tampoco creo que dónde vaya sea mi lugar definitivo. Me gustaría seguir formándome en alguna rama de la Oncología y realizar un máster de biología molecular”.
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