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Meteorología

Ruta por una noche en plena ola de calor

Los vecinos de Tudela soportan como pueden veladas con temperaturas sofocantes. Unos optan por salir ‘a la fresca’ a las puertas de sus casas, otros buscan el alivio en el agua de las fuentes y otros lidian con el deber de tener que trabajar

Ampliar De izquierda a derecha, las vecinas de la Virgen de la Cabeza Matilde Sánchez Gracia, Pili Revueltas Amigot, Mariví Recalde Oyarzábal, José Luis Grávalos Gallego, Conchita Jiménez Pardo, Maribel Casajús Blanco y Alfonsa García Lapeña, con su perro ‘Toby’
De izquierda a derecha, las vecinas de la Virgen de la Cabeza Matilde Sánchez Gracia, Pili Revueltas Amigot, Mariví Recalde Oyarzábal, José Luis Grávalos Gallego, Conchita Jiménez Pardo, Maribel Casajús Blanco y Alfonsa García Lapeña, con su perro ‘Toby’Blanca Aldanondo
Publicado el 18/06/2022 a las 06:00
Tudela. Noche del jueves a viernes. Son cerca de las 21.00 horas y el termómetro todavía marca 38º. Pese a que el sol ya empieza a buscar su ‘escondite’ por el oeste, las temperaturas siguen muy altas tras una nueva jornada en plena ola de calor. Es a partir de esa hora cuando las sombras empiezan a ganar terreno en las calles de Tudela dando una pequeña tregua a los vecinos.
LA TRADICIÓN DE 'SALIR A LA FRESCA'
Y esa pequeña tregua suele ser aprovechada por algunos tudelanos para cumplir con una de las tradiciones más arraigadas en la Ribera: ‘salir a la fresca’. Se trata de reuniones de vecinos en la calle, junto a las puertas de sus viviendas, para disfrutar de unas temperaturas más ‘frescas’ que las del resto del día.
Una de las calles tudelanas donde esta práctica vecinal nunca falla es la de la Virgen de la Cabeza. Y allí, puntuales a su cita, se encontraban a las 21.00 horas del jueves varias vecinas. Sentadas en sus sillas plegables, “perfectamente homologadas para salir a la fresca”, disfrutan de charlas que, según apuntan, “se pueden llegar a prolongar hasta la madrugada”. “Compartimos trucos de punto y ganchillo, intercambiamos recetas de cocina... y, algunas veces, hasta hablamos de política, aunque lo intentamos evitar porque eso sí que sube la temperatura”, bromean cómplices las mujeres, quienes aseguran que estas reuniones “son un descanso para el cuerpo, pero también para la mente”. “Además, la esquina donde nos ponemos es una de las mejores de Tudela porque está a la sombra, corre algo de viento... y controlamos a todo aquel que entra y sale de la calle, con el juego que eso da para la tertulia”, afirman las vecinas de la Virgen de la Cabeza.
CHAPUZONES EN LAS FUENTES PÚBLICAS
A las 21.30 horas, el termómetro apenas ha bajado un par de grados (de 38 a 36). Así pues, los árboles que pueblan el paseo de Invierno, en pleno centro de Tudela, son uno de los refugios más cotizados. Decenas de personas pueblan las terrazas de los bares de esta zona, que soporta una temperatura sofocante. Por ello, varios niños aprovechan las fuentes que adornan ambos extremos del paseo para darse un chapuzón. Hoy sábado, las tres piscinas municipales de Tudela (Ribotas, Ciudad de Tudela y las nuevas de Clara Campoamor) abrirán sus puertas, lo que supondrá un alivio para muchos.
UN TIEMPO IDEAL PARA HACER CAJA EN EL BAR
José Luis Domínguez Poyo, en la terraza de su bar Josema de Tudela
José Luis Domínguez Poyo, en la terraza de su bar Josema de TudelaBlanca Aldanondo
Son casi las 22 horas, hora de cierre de algunos de los bares de la parte vieja tudelana, y el mercurio todavía marca 34 grados. “El calor siempre es bueno para nosotros porque la gente bebe más”, apunta José Luis Domínguez Poyo, dueño del bar Josema, ubicado en la plaza San Jaime. “La caja lo nota para bien, pero también es cierto que los clientes aprietan más y son más exigentes ya que todos quieren que sus consumiciones estén muy muy frías”, indica Domínguez.
El hostelero bromea con el hecho de que estas temperaturas también le sirven para ahorrarse “horas de gimnasio”. “Estos días de tanto calor nadie entra en el local. Todo el servicio es de terraza y eso hace que no pare de hacer viajes de la barra a la terraza y viceversa. Así que, como siga este calor..., ¡a ver si pierdo algún kilico!”, afirma divertido Domínguez.
A MÁS DE 30 GRADOS EN UNA GASOLINERA
Tomás Jiménez posa junto a un surtidor de la gasolinera Segura
Tomás Jiménez posa junto a un surtidor de la gasolinera SeguraBlanca Aldanondo
Quizás uno de los lugares donde menos apetezca trabajar en medio de una ola de calor sea una gasolinera, allí entre los surtidores de combustible y los motores de los coches que no paran de llegar. Pues justo ahí se encontraba, pasadas las 22 horas y con más de 30 grados, Tomás Jiménez Jiménez, empleado de la estación de servicio Segura, situada en la avenida de Zaragoza de Tudela. “Según nuestro calendario laboral, esta semana me tocaba trabajar en el horario que va desde las tres de la tarde a la medianoche, y justo cae ahora la ola de calor”, afirma resignado Jiménez.
Tras cargar con una bombona de butano para una clienta, el tudelano se dispone a activar el prepago para un conductor que acaba de llegar a la gasolinera y, justo después, atiende a varios jóvenes en el interior de la tienda de la estación de servicio. “Dicen que el calor altera a la gente y la hace más irascible, pero los clientes que vienen aquí son muy amables. Y si alguno viene ‘quemado’ no es por las temperaturas..., sino por los precios de otras gasolineras”, bromea Jiménez.
CÓMO PASAR DE 240 GRADOS A 20 BAJO CERO
Alfonso Baigorri saca varias bandejas de pan de su horno
Alfonso Baigorri saca varias bandejas de pan de su hornoBlanca Aldanondo
Otro de esos trabajos que pocos elegirían en una ola de calor es el de panadero, labor de Alfonso Baigorri Laguardia, dueño de un horno en Ablitas. “El horno alcanza una temperatura de 240 grados y, después, para cocer el pan, debe permanecer a 200 grados. Esto, unido al calor que estos días hace en la panadería, hace que sea imposible que los extractores evacúen semejante temperatura”, dice Baigorri, quien tiene un truco para soportar el calor. “Cada cierto tiempo me meto en la cámara que tengo para congelar producto. Está a 20 grados bajo cero y me sirve para que el cuerpo recupere su equilibrio”, indica el ablitero quien señala que, al contrario que ocurre en los bares, “el calor hace que bajen las ventas porque la gente come menos”.
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