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Comercio

Fallece Pablo Goñi Labiano, tercera generación de las zapaterías Pablo Goñi

Tenía 90 años y era gran aficionado a la fotografía

Pablo Goñi Labiano
Pablo Goñi LabianoFoto Zubieta Retegui
Publicado el 22/10/2021 a las 06:52
Pablo Goñi Labiano, que regentó la centenaria zapatería Pablo Goñi de Pamplona desde los años 70 hasta su jubilación, ha fallecido a los 90 años de edad. Goñi Labiano era nieto de Pablo Goñi Repáraz, fundador de la fábrica de calzado, que llegó a tener en 1914 a medio centenar de artesanos en la calle Eslava.
Pablo Goñi Labiano entró a trabajar en 1945, con apenas 15 años. Entonces regentaba el negocio su padre, Pablo Goñi Gaínza, al que le tocó reconvertir la empresa debido a la crisis tras la Segunda República y la Guerra Civil. De ser una fábrica mecanizada, Pablo Goñi se centró en la distribución y venta de calzado con dos tiendas, en la calle Eslava y la calle Zapatería.
Goñi Labiano asumió la gestión del negocio hacia 1965. Su padre falleció en 1974. Le tocó vivir la época dorada para el pequeño comercio, en las décadas de 1970 y 1980, gracias al crecimiento de la población de Pamplona y al desarrollo económico. En 1981 abrió un nuevo punto de venta en la calle Paulino Caballero
Hace dos décadas cedió el testigo a su hijo Pablo Goñi Berruezo (cuarta generación), actual propietario y presidente de la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo de Pamplona. Pablo Goñi abrió en 2016 un cuarto establecimiento, en la calle Paulino Caballero.
Goñi Labiano, Taíto, estaba casado con Mercedes Berruezo y tenía cuatro hijos. Era gran aficionado a la fotografía en blanco y negro. Obtuvo un centenar de premios locales y participó en exposiciones. En la zapatería de la calle Eslava se conserva una de sus Leicas. “Yo siempre he hecho arte. Tengo el premio Paulino Caballero, el Ansoleaga... He pintado, he esculpido, y luego, por falta de tiempo, me metí en la fotografía”, comentaba en 1997, cuando recibió el premio La Foto del Verano de Diario de Navarra.
Tenía un pequeño laboratorio donde cada noche se encerraba a revelar “tres o cuatro fotografías”. Su cámara le acompañaba en sus viajes por Europa a ferias de calzado. “Saco fotos de todos los pares de zapatos que veo. Y cuando voy a París a las tiendas, aprovecho un descuido de la dependienta para fotografiar con mi cámara de espía todo el escaparate”, confesaba.
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