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Sucesos 

Madre de Pablo Salinas: “Me asomé y supe que era Pablo, el corazón me dio un vuelco”

La familia de la víctima, que vive en la misma calle, quiere donar una posible indemnización extra a la prevención

Flores en recuerdo de Pablo Salinas en el paso de peatones donde fue atropellado
Flores en recuerdo de Pablo Salinas en el paso de peatones donde fue atropelladoCedida
Actualizado el 23/10/2021 a las 13:09
La casa de los padres de Pablo Salinas está en la Avenida de Bayona, a escasos metros de donde ocurrió el atropello. El hecho de descubrir lo ocurrido prácticamente en directo y la fuga del acusado, dejando a la víctima en el suelo, llevaron a la fiscal a destacar el “daño excepcional” que habían sufrido. En el juicio declararon los padres y su hermana, los tres con camisetas que incluían guiños a Pablo. El padre, con la serigrafía de un cuervo en vuelo, el mismo tatuaje que su hijo llevaba en la espalda; la madre, con un corazón enorme en el pecho, y su hermana con la palabra “sister” en la parte frontal. “Así es como él me llamaba”, indicó cuando la juez le mencionó la camiseta.
El padre fue el primero en declarar. Recordó que Pablo se había emancipado tras concluir la carrera, pero seguía comiendo casi a diario en la casa familiar. Esa noche, él estaba en el salón. “Estaba sentado en el salón y oí el golpe. Mi mujer se levantó, porque estaba en la cama leyendo, y me dijo: ¿No será Pablo? No creo, le dije. Vamos a llamarle. Le llamamos pero no cogía. Me asomé y vi al camión de la basura, varios objetos en la calzada y al fondo un cuerpo y la policía”. Su mujer le pidió que bajara a ver si estaba el coche en el parking, señal de que ya había regresado del periódico. “Bajé y ahí estaba. Fui a la calle y vi una zamarra similar a la de Pablo. Luego la mochila, inconfundible, era la de Pablo. Me acerqué a la policía y les conté que mi hijo salía de trabajar todas las noches a esa hora y que todas las noches cruzaba ese paso de peatones. Me preguntó cómo se llamaba, le di el nombre y mandó a otro agente. Abrieron la mochila y ahí estaba el salvoconducto que el Diario le había dado a Pablo para moverse por la noche, porque era época covid...”. Los agentes le pidieron que subiera al piso en compañía de los médicos que habían atendido a su hijo, fallecido, para comunicar lo ocurrido a su mujer. “El dolor que llevo dentro no sabría expresarlo. Paso por ahí a diario, todos los días cruzo ese paso de peatones y siempre miro unas estrellas que pintaron sus amigos. Sé que Pablo está con nosotros”.
Su madre afirmó que al asomarse al balcón le sorprendió que ya estuviera la policía, porque el golpe acababa de producirse. “Vimos un camión de la basura parado en el semáforo, había algo caído, 3 o 4 personas de pie y un coche oscuro parado. Había también ropa. Y entonces supe que era Pablo. Era su cazadora marrón con el forro de cuadros escoceses. Sabía que era Pablo, me dio un vuelco el corazón. Le llamamos y no cogía... mi marido bajó a la calle... y ya se confirmó todo. Así me enteré”.
Destacó que fue “terrible”. “He tardado mucho tiempo en asomarme a ese balcón, me ha costado un gran esfuerzo. Quería vender mi casa, irme de allí, pero me hicieron ver que era nuestra casa, que ahí están nuestros recuerdos de 41 años viviendo ahí. Poco a poco lo voy superando, salgo al balcón y rezo por Pablo, y por nosotros. Y eso me ayuda”. Le preguntaron por cómo le afectaron las circunstancias en las que se produjo su muerte. “Me da mucha rabia, más que dolor, que por eso Pablo hoy no esté. Él cruzaba bien...”. Al igual que su marido, contó que Pablo comía en casa casi todos los días. “Esa tarde le di el bocadillo cuando se iba y me dijo que dejaba el casco y los guantes, que tenía que pasar al día siguiente la ITV de la moto y que vendría a desayunar. Le dije que el restaurante Lucía (su nombre) siempre estaba abierto... hicimos esa broma y le vi marcharse por las escaleras riendo. Fue la última vez que le vi”.
Su hermana vive en Madrid y mantenía una relación “muy estrecha” con Pablo. Esa noche dormía con el móvil en silencio y no escuchó las llamadas de sus padres. “Ellos removieron cielo y tierra hasta dar con unas amigas, que llamaron a una amiga de Madrid y ella vino hasta mi casa. Me desperté asustada por el timbre, y me dijo que llamara a mis padres, que Pablo había tenido un accidente”. Al conocer lo ocurrido -“no me lo podía creer”-, tomó un taxi, como le pidieron sus padres, y viajó hasta Pamplona. “Al cruzar la puerta de mi casa me desmoroné. Ahí perdí la fe en la humanidad. Me genera muchísimo sufrimiento saber que se le dejó ahí tirado y que murió delante de las narices de mis padres”.
Tanto ella como su madre se encuentran en tratamiento y los tres piden una indemnización extra más allá de la del seguro. “No es un dinero para nosotros, nos quemaría. Lo queremos donar a alguna asociación que trabaje en la prevención para que este tipo de acontecimientos no vuelvan a ocurrir, algo sobre seguridad vial, antidroga, antialcohol... Me aliviaría saber si en algún momento puede servir para que otra familia no pase por esto”, declaró el padre.
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