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La recogida neumática choca con los residuos de los comerciantes

En Erripagaña, Arrosadía, Lezkairu y Entremutilvas varios profesionales muestran su impotencia ante el nuevo sistema

Ampliar Una mujer se dispone a introducir su bolsa en un buzón
Una mujer se dispone a introducir su bolsa en un buzóncordovilla
Publicado el 28/11/2021 a las 06:00
Transcurridos menos de 15 días desde la puesta en marcha de la recogida neumática de residuos en Erripagaña, Lezkairu, Arrosadía y Entremutilvas, los comerciantes de estos barrios muestran su impotencia ante el nuevo sistema. Coinciden en sus testimonios en que no es capaz de absorber los distintos tipos de residuos que se generan en los comercios y piden alguna solución a la Mancomunidad. Aseguran que en la entidad les atienden rápido y de manera amable, pero sin aportarles ninguna salida. En la entidad gestora sostienen que contactarán con los 18 comercios afectados para tratar de reconducir la situación y “encontrar una solución para cada uno de ellos”.
Bodhan Koshovskyy denuncia su impotencia tras el mostrador de la tienda de la esquina, la frutería que abrió hace seis años en Erripagaña, su barrio. “Lo primero es que nos enteramos de un día para otro y nos encontramos que no había contenedores de plástico ni de resto, por ejemplo, donde yo dejaba las cajas de fruta de plástico y de madera. Ahora no sé qué hacer con ellas, porque por los buzones de las fachadas no entran, imposible”, describe diáfano. Explica que llamó a la Mancomunidad y no le dieron respuesta. “Más o menos me dijeron que tenía que buscarme la vida y de momento las estoy almacenando en la furgoneta, pero así no puede ser”, apunta que el sistema tiene otras deficiencias. “Muchas veces las puertas no se abren, no funcionan, esta misma mañana, de cuatro solo una y, además, nuestras bolsas de desechos de orgánica para los restos de la verdura son grandes y tampoco entran en los buzones de la recogida. Si utilizo las pequeñas, tengo que estar cada rato llevando bolsas y dejar la tienda sola”, asegura.
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Bodhan pide que pongan contenedores para los comerciantes. “No somos muchos, en esta calle la Tahona, el bar-café y una carnicería, además de nuestra frutería, con uno o dos tendríamos suficiente”, sostiene y concluye que paga 80 euros al mes por los residuos en sus dos establecimientos. “Más de 1.600 euros al año por no tener un buen servicio”, lamenta.
No es ajeno el testimonio de los comerciantes en Lezkairu. Raquel Méndez abrió allí recientemente la pescadería El Castillo y afirma que una semana ha sido suficiente para comprobar que la recogida es incompatible con la actividad comercial y que en este tiempo ha llamado tres veces a la Mancomunidad. “Lo primero es que la tarjeta no me llegó a tiempo, pero como vivo en el Soto, utilicé la de casa”, indica y subraya su quebradero de cabeza con las cajas del pescado, que son de porespán. Deben ir al contenedor amarillo, en este caso al buzón, pero no entran y, si lo hacen, se atascan los conductos. “Me dicen que las trocee, pero tengo entre 20 y 30 cada día”, sostiene por otro lado que cuando se desprende de los desechos del pescado ensucia la pared y, aunque va con agua y jabón para limpiarla luego, ya hay quejas de los vecinos.
En la Mancomunidad, afirma, le han respondido que “el sistema no está pensado para los comercios”. “Pero aquí hay comercios. Yo, como vecina, no tengo problema, tal vez echar la basura con la tarjeta resulte más incómodo, pero se puede hacer, y en la pescadería es imposible. Solo pido que pongan algún contenedor o que pase el camión y, a la hora que nos digan, yo dejo las cajas en la puerta”, apunta a un funcionamiento similar al que hay en el Casco Antiguo de Pamplona. “Contenta, no estoy”, zanja Raquel Méndez.
En la frutería la Flor de la Ribera de Lezkairu la situación es similar, confirma Alfredo Pérez. “Nos sentimos desatendidos, no te bajan la cuota, pero no te dan el servicio”, señala que no sabe qué hacer con las cajas de madera y de plástico. Indica que ha llamado varias veces a la Mancomunidad, coincide en que la atención es buena, pero sin soluciones. “Yo orgánica no tengo tanto, en mi caso el problema son las cajas de madera y de plástico”, incide Alfredo Pérez.
Cristina, en la farmacia Ilzarbe de Lezkairu, indica que ella aún no ha hecho uso de la neumática. “La mayoría de mi residuo es cartón y tengo un contenedor justo enfrente. Había quien creía que los envases de porespán eran míos, pero no. Yo no tengo objeción”, apunta.
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