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Inundaciones

Burlada reclamará ser Zona Catastrófica

Siguen anegados garajes de las plazas Francisco Ardanaz, las Eras, Arga y Ezkabazabal, el Soto, piscinas y alrededores

Ampliar Un grupo de voluntarios tirando restos junto al parque municipal del palacete
Un grupo de voluntarios tirando restos junto al parque municipal del palaceteJesús. M. Garzaron
Publicado el 12/12/2021 a las 06:00
La alcaldesa de Burlada, Ana Góngora, tenía este sábado claro que una de las primeras medidas que va a tomar el consistorio será tramitar la declaración de Zona Catastrófica, catalogación que valida el Gobierno estatal y habilita ayudas pública para los damnificados. Una lista en la que, además de vecinos, comerciantes y otros negocios se suma el propio Ayuntamiento. Lo más grave, los legajos del archivo municipal a resguardo en el sótano que se convirtió en una trampa mortal este viernes cuando un Arga desbocado llegó hasta la plaza de las Eras donde se ubica el edificio consistorial. Y siguió hasta la calle San Francisco, que marcó el límite de la inundación al sur del municipio.
En su oeste, en la entrada por la cuesta de Beloso, también el río se salió de su cauce y, sin el resto, la inundación fue como un remanso de agua que creía rápido pero sin virulencia, aquí el agua escribió un guión distinto. Irrumpió con fuerza en el Palacete municipal donde rompió puertas e incluso tabiques. La lista de destrozos del Ayuntamiento se completaba con las piscinas y el campo de fútbol de arena de la zona del Soto-que ayer seguían anegados- y la escuela de música Hilarión Eslava.
Aunque en este caso, la rápida intervención de la directora del centro y la secretaria, Rosa Zufiaurre Suso y Arantza Ezkurra Leonet, palió en algo los daños. “Vivimos cerca y a las cinco de la mañana, con nuestras parejas, bajamos para sacar los instrumentos de la sala de percusión del sótano. Pero el piano de cola del auditorium fue imposible, claro”, se lamentaba Arantza. A su lado, la jefa de estudios, Marta Tobes Gorraiz, pedía que se subrayara el papel del voluntariado. “Tenemos aquí a familias, estudiantes, antiguos alumnos pero también ciudadanos”, decía con la ropa manchada de barro
Y es que el lodo fue la despedida que dejó el Arga en su retirara en la superficie del casco urbano porque ayer aún quedaba agua en los garajes de las plazas de Francisco Ardanaz, Arga, Ezkabazabal y las Eras. Un paisaje teñido de marrón con montones de muebles, plásticos, comida echada a perder, cubertería, cazuelas, libros, juguetes... “Menos mal que han venido los voluntarios, si no, ni sé qué hubiera hecho”, comentaba Soledad Guerendáin Iturburu, vecina de una casa del pueblo viejo de Burlada, el más cercano al río, en la calle San Juan Bautista.
A su vivienda, el colectivo Gora Burlata destinó cinco personas de las 80 que se presentaron a las 11 de la mañana convocadas a través de las redes sociales. Dos de ellas eran Teo Asensio Tamames y Josune Heredia Ganuza. “Nos ha regalado un libro y nos ha hecho una visita por sus obras escultóricas”, decían.
Este colectivo popular se formó durante la pandemia para atender a las personas desvalidas. “El viernes estuvimos en la Junta de Portavoces del Ayuntamiento para que desde el Servicio de Obras se nos indicara cuáles eran las tareas más urgentes. Se han priorizado las casas y comercios más afectados para los que se han creado grupos de voluntarios. Y otra gente ha ayudado a limpiar la calle San Francisco y la escuela de música”, explicaba Iker Moreno Ibáñez.
“Es exagerado ver esta colaboración, ha sido grandísima la labor que me han hecho”, decía Mitxel Pérez Vicondoa, con una bajera y una huerta en la trasera de la calle San Juan, además de la casa familiar. “Mi suegro tiene 89 años y dice que nunca había visto nada igual. Ayer, a las cinco de la mañana, lo tuvimos que sacar a hombros. ¿Daños? Así a primera vista el coche y la huerta. Mejor no pensar”.
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