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Inundaciones

En Burlada, hay que mojarse por el archivo

Legajos y expedientes municipales siguen bajo las aguas del Arga que el viernes inundó el sótano de la casa consistorial de Burlada. El que se ha rescatado se airea en el frontón Askatasuna

Ampliar Irene Belasko, administrativa del área de Economía, rescatando archivos
Irene Belasko, administrativa del área de Economía, rescatando archivos
Publicado el 15/12/2021 a las 06:00
Este pasado martes en el ayuntamiento de Burlada no había administrativos, ni trabajadores sociales o técnicos de diversidad cultural o de deportes. Este martes había empleados municipales con botas de monte o de agua, incluso con trajes de neopreno, sumergiéndose en el sótano de la casa consistorial para poner a salvo el archivo. La inundación del viernes anegó las dos plantas subterráneas donde se guardaban estos documentos de los que este pasado martes nadie sabía poner un número exacto. “Miles”, era la cifra difusa más repetida. Ni tampoco cuál era el año del más antiguo. Pero se sabe que hay unas cuarenta cajas con legajos de gran valor.
Y esas cajas están en la planta más inferior, en la que aún no se ha retirado el agua que llega hasta el techo. Al menos este martes se terminó de achicar el caudal en la sala menos uno, gracias a las bombas de extracción del propio Ayuntamiento, Protección Civil y Bomberos. Aquí, el Arga había alcanzado un metro treinta centímetros, por lo que los documentos de las estanterías más altas no se mojaron.
Ellos fueron los primeros en trasladarse al frontón municipal Alkatasuna siguiendo las recomendaciones del técnico en Restauración y Conservación de Documentos Gráficos, Pedro Barbáchano San Millán, que el Ayuntamiento ha contratado para salvar sus antiguos papeles. Tenía su referencia porque, entre otros trabajos, se encarga del Servicio de Restauración del Archivo del Reyno de Navarra. Así que el viernes contactaron con él que se desplazó desde Madrid. Y lo primero que dijo fue que había que buscar un espacio ventilado y diáfano para los documentos.
“Sí también para los que no se mojaron para que se aireen porque han estado en un ambiente muy húmedo”, comentaba este martes Barbáchano. Hubo que acondicionar el recinto pelotazale como “hospital de papel” para lo que se trajeron todas las mesas de las que disponía el Ayuntamiento y las que le prestaron los municipios de Aranguren, Barañáin, Cizur, Zizur Mayor, Huarte y Noáin, de cuyo consistorio además acudieron dos empleados.
A los trabajadores que han estado en contacto con el archivo se les instruyó sobre cómo manejarlos. “Porque, a veces, no sólo es el daño que pueda causar el agua, también el que conlleva una mala manipulación”, comentaba el técnico en restauración. Los papeles se han depositado en unas jaulas de plástico perforadas que permiten salir el agua. Y así, traídas desde el ayuntamiento hasta el frontón en un camión, han llegado desde el sábado más de 1.000 documentos, lo que no se mojaron.
DE HIELO A GAS
Este martes, se comenzaron a retirar aquellos que sí se habían empapado en parte y, desde mañana, se comenzará con el traslado de los que permanecieron bajo el agua mientras se quita el agua de la planta más inferior. Barbáchano indicaba que es muy difícil cuantificar lo dañados que estarán, aunque remarcaba que si ya llevan cuatro días sumergidos habrá elementos que no habrán resistido. “Como los sellos de tapón. Se corre la tinta. Pero eso sucede nada más entrar en contacto con el agua”.
Los documentos mojados se extraen de las cajas para un secado natural. “Un proceso largo”, avisó el técnico en restauración. Y dando prioridad a los legajos más antiguos por su valor. “A parte del secado natural hay otro sistema que no sé si utilizaremos; se congelan los documentos para después pasar el hielo a gas”. Una forma más rápida de quitar la humedad pero que tiene el hándicap de su alto coste. “Y de que uno mismo se tiene que fabricar la máquina que lo haga, no están disponibles en el mercado”.
Este martes, una treintena de trabajadores municipales estaban en estas labores de traslado y de colocación entre el frontón y el ayuntamiento; en la plaza que preside, la de las Eras, también había máquinas para extraer el agua del garaje subterráneo. Pero las calles, portales y comercios aparecían limpias. Menos las piscinas. “He llorado hasta de rabia”, decía el edil Ander Carrascón, metido en faena de traslado. “Todavía siguen bajo el agua”.
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