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Rincones con Historia

La justicia de Miluce: el fin a la rebelión navarra contra un nuevo impuesto del rey

En las cercanías del puente de Miluce, en 1351, fueron ahorcados cuatro de los cabecillas de una revuelta popular contraria a las medidas recaudatorias del monarca Carlos II el Malo

Ampliar Puente de Miluce, sobre el río Arga
Puente de Miluce, sobre el río ArgaArchivo
  • Diario de Navarra
Publicado el 10/05/2022 a las 19:28
Las peripecias del rey navarro Carlos II el Malo son una fuente inagotable de momentos que, por razones positivas o negativas, han pasado a la Historia. Hace unos días, en Diario de Navarra contábamos el episodio en el que el monarca fue restacado de su prisión en una fortaleza francesa por una treintena de caballeros navarros disfrazados de carboneros. Ahora, acercamos el foco geográfico a Pamplona para recordar otro de los hitos del reinado de Carlos II: vamos a las orillas del río Arga, a las campas y al puente de Miluce, donde encontró un abrupto y trágico final una revuelta contra un nuevo impuesto, el "monedage", en un hecho que se conoce como "la justicia de Miluce".
La llegada al trono de Carlos II el Malo coincidió con una época oscura: Francia sufría los rigores de la Guerra de los Cien Años y toda Europa se veía azotada por la peste negra. El antijudaísmo proliferaba, las cosechas escaseaban. En este contexto,  la entronización de un nuevo rey generó suspicacias en Navarra. Su predecesora y madre, Juana II, había gobernado desde Francia, dejando una gran libertad de acción a sus súbditos del sur de los Pirineos. Sin embargo, Carlos II estaba decidido a ejercer una política mucho más intervencionista: esta se plasmó en un rosario de decisión de las que quizá la que más molestó a las clases populares fue la de imponer el "monedage", un impuesto (ocho sueldos por "fuego", es decir, por familia) destinado a que el rey pudiera acuñar moneda nueva. 
En un movimiento prácticamente inédito, los campesinos -y no los nobles e infanzones- comenzaron a agruparse en "juntas", que se reunían en Miluce. Aquel paraje estaba cerca de la ciudad, pero a la vez a las afueras, y quizá allí se sentían a salvo de las autoridades. No obstante, aquellos reuniones no debieron pasar desapercibidas, ya que Carlos II decidió actuar con dureza incluso antes de que la rebelión cobrara más cuerpo. Ordenó la detención de ocho capitantes de la junta y su ejecución inmediata.
"Cuatro de ellos (Miguel Pérez de Egüés,Pero Zuri, Pascoal Jhesu y García Martínez de Yza) fueron colgados de unas horcas preparadas con gran secreto en los prados de Miluce; otros cuatro fueron llevados a Pamplona y ahorcados en un tablado levantado en el mismo mercado de la ciudad, para que servieran de escarmiento a los vecinos". Además, "el sozmerino de la Cuenca fue condenado a ser despeñado y el de Val de Araquil fue ahorcado", cuenta José María Lacarra en su libro 'Historia política del reino de Navarra'.
De esta manera, el puente sobre el río Arga, que quizá para entonces ya podía tener un milenio de existencia, quedó para siempre ligado a este negro episodio e, incluso, hay teorías (prácticamente descartadas a día de hoy) que hacían derivar el nombre de Miluce ("mihi luze, lengua larga") de los ahorcamientos que allí se produjeron en 1351.
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