Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE
Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Prostitución

Propietario del antiguo club Carioca: "Me arrepiento del mal que he hecho, en los prostíbulos la mujer sufre muchísimo"

Empezó con 17 años a trabajar tras la barra de un prostíbulo en Orio y desde entonces ha vivido del negocio de la prostitución. Tiene 67 años, está casado y es padre de cinco hijos

Ampliar Evangélico desde hace dos años, en su muñeca derecha luce una pulsera que dice: “Soy loco por Jesús”.
En su muñeca derecha luce una pulsera que dice “Yo soy loco por Jesús” Iván Benítez
Publicado el 22/05/2022 a las 06:00
Empezó con 17 años en la barra de un prostíbulo de Orio (Guipúzcoa) y no tardó en dar el salto a un negocio que, solo en España, genera cinco millones de euros al día: el negocio de la prostitución. En el año 2000 llegó a Berriozar y convirtió el Hotel Maitena en un club de alterne, el Carioca, un prostíbulo por el que han pasado miles de mujeres. Hace un año, “ahogado por las deudas”, cerró y vendió el edificio a una promotora. Aquel joven tiene hoy 67 años, está casado desde 1992 con una mujer brasileña dos años más joven, son padres de cinco hijos (tres son mujeres) además de abuelos y bisabuelos. En su mano derecha luce una pulsera que dice en portugués: “Yo soy loco por Jesús”. Profesante evangélico desde hace dos años, asegura que hoy es consciente del mal que dice ha realizado y se arrepiente de todo. Ahora solo quiere olvidarse de los muros invisibles de una realidad que describe como el mismo infierno. “Pido perdón”.
En su muñeca lleva una pulsera que dice “Yo soy loco por Jesús”.
Jesús era el hijo de Dios que se convirtió en hombre para enseñarnos a los que vivimos en la Tierra a ser hombres de verdad.
¿Y qué es ser hombre de verdad? 
Ser una persona de bien, de provecho, sin hacer el mal... Y yo he ejercido el mal. 
¿De qué se arrepiente? 
Me arrepiento mucho del sufrimiento que en estos lugares se ejerce a la mujer. La mujer sufre mucho, muchísimo.
Hay vecinos de Berriozar que piensan que en el Carioca se ha explotado sexualmente a la mujer. Y usted es su propietario.
Era el propietario. Hace un año lo vendí a una promotora. Y el negocio dejó de funcionar hace tiempo, desde que la Policía y Hacienda nos asfixiaron a redadas. Querían tumbarme y lo han conseguido. Han sido tantas las multas...
¿Por qué le multaban? 
Decían que aquí había víctimas de trata, cuando aquí nunca ha habido trata ni explotación sexual. Las mujeres en este negocio no estaban forzadas ni se las encerraba. Pero, claro, solo hablo de este lugar.  
¿Cuántas mujeres han pasado por aquí?
Desde hace 21 años por este prostíbulo han sido miles de chicas, miles. 
¿Es consciente de la destrucción física y psicológica que provoca la prostitución?
Solo quería ayudarlas. Sé que hay mujeres que han salido derrotadas por todo esto. La sociedad en estos momentos se prostituye de muchas formas. Una de ellas es el sexo.  
Las mujeres en su negocio vendían el cuerpo para poder sobrevivir.
Es muy fuerte lo que está diciendo. Es verdad que nadie se prostituye porque quiere prostituirse. El dinero está pudriendo la sociedad. 
¿En qué situación de vulnerabilidad llegaban al Carioca?
Precaria. Muy precaria. Muy tocadicas.  
¿Cómo era el primer día de las chicas en este prostíbulo?
Venían porque querían. Llegaban muy nerviosas, se instalaban como clientas. Y luego lo que hacían en la habitación era su problema. Insisto, eran libres. 
¿Cuánto pagaban por habitación? 
Unos 60 euros. Tenían derecho a desayuno, comida, cena y recena. 
¿Las copas las pagaba el cliente, el putero? 
La palabra putero es muy fuerte. No se debe utilizar porque es una falta de respeto a la mujer. Aquí, como decía Jesucristo, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra… 
¿Usted ha ganado dinero gracias a ellas? 
He ganado dinero gracias a mi trabajo. 
¿Cuál era su trabajo? 
Que no les faltase nada: un servicio correcto. 
¿Por qué no abrió un hotel? 
Es la pena que arrastro. Me arrepiento de no haberlo hecho bien desde el principio. Pero una vez que entras en el negocio es difícil salir. Entras en bucle. Te atrapa el dinero. La ambición de tener más y más propiedades. Mi madre ya me dijo que no convirtiera el Maitena en lo que lo convertí. Y no hice caso...
¿Volvería a contradecir a su madre?
Esto ha sido un infierno para todos. Cuando vea tirado el edificio me quedaré tranquilo. 
¿Sabe que la Ley foral contempla la prostitución como un tipo de violencia contra la mujer? 
La prostitución como la lleves está mal, muy mal. Pero… yo pensaba que Dios me había puesto tras la barra para ayudar a las mujeres.
(Se hace un silencio)
¿Usted tiene hijas? 
Sí, tres, mayores de edad. 
¿Qué piensan de todo esto? 
Siempre me decían “¡aita, déjalo!”. Estaban preocupadas. Cada día teníamos problemas de peleas por la droga y la bebida.
¿Les preocupaba la violencia que generaba el alcohol y la droga, pero no la que se ejercía en este lugar contra la mujer? 
Siempre hemos defendido a la mujer.  
¿Quién vendía la droga? 
La traían los clientes. La policía siempre me perseguía pensando que era yo quien vendía. 
¿Cómo era el día de una chica en el club? 
Trabajaban hasta bien entrada la madrugada y cuando los hombres venían se acostaban. A cualquier hora. Si les llamaban muy tarde entraban por la puerta de atrás.  
¿Cuánto dinero se quedaba usted? 
Solo lo que pagaban por la plaza, los 60 euros de la habitación.
¿Cuánto han llegado a ganar al día en Sanfermines? 
Hasta hace 15 años podían ser más de mil euros diarios, pero en los últimos años no superaban los 50 limpios al día. 
Es decir, se endeudaban... Lleva 50 años en este negocio. ¿Cómo son los hombres que entran en estos sitios? 
No se puede imaginar la gente que entra en un lugar como este. Hay clientes de todas las profesiones, jóvenes y mayores, todas personas vacías, con muchos problemas en casa y adicciones.  En esta comunidad hay mucho vicio de drogas, alcohol, pornografía. A veces nosotros actuábamos de psicólogos tanto con los clientes como con las chicas. 
¿Cómo sabía que esas mujeres no eran víctimas de trata? 
Hay muchas que venían engañadas por sus propias paisanas. Les retenían el pasaporte y cobraban seis mil euros. 
Tenían una deuda.
Sí, pero no con nosotros. 
¿Tiene más negocios de prostitución? 
En Pamplona no. Fuera sí hemos tenido. 
¿Usted permitiría que sus hijas se prostituyeran?  
No, claro que no me gustaría verlas en un infierno como este. Pero yo no podía prohibir a las mujeres entrar aquí. Eran libres. 
¿Las chicas dormían y vivían en las mismas habitaciones donde ejercían?
Había mujeres que dormían y trabajaban en la misma habitación. Otras se iban a su casa, con su familia, en Pamplona.
¿Por qué cree usted que no se actúa con severidad contra la prostitución y la trata? 
El dinero lo ha podrido todo (insiste). Nos tenemos que mirar más al espejo. 
Y al mirarse al espejo, ¿se reconoce? 
De verdad, lo siento. Pido perdón a la sociedad, al pueblo de Berriozar. Empecé a trabajar con 17 años en la barra de un puticlub. La prostitución era diferente, solo copas. Y todo ha ido evolucionando. Quería formar parte de este negocio. Se nos ha ido de las manos, pero a toda la sociedad. A todas las instituciones. 
¿Qué sucede en los pisos de prostitución? 
En Pamplona hay muchos. El verdadero problema no está en los prostíbulos sino en los pisos. El cliente no quiere ir más a los clubes. Van a los pisos. Allí las mujeres están esclavizadas. 
¿Es la primera vez que habla con un periodista? 
Sí. Queremos quitarnos la basura que tenemos dentro. Ahora solo quiero disfrutar de las bisnietas. 
¿Qué le contará cuando sean mayores?
Que nos dedicábamos a esto. A la prostitución. También les contaré que el dinero fácil también se pierde fácil.
volver arriba

Activar Notificaciones