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Mi mascota y yo

Coco, el hurón que sale a pasear por las calles de Pamplona (CON VÍDEO)

Una mascota por descubrir. Así describe la familia Murugarren Roncal al hurón con el que viven desde hace cinco meses. Un animal al que sacan a pasear con su arnés por las calles de la ciudad

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Coco, el hurón que sale a pasear por las calles de Pamplona
Actualizado el 24/11/2017 a las 09:59
Aitana y Anne Murugarren Roncal llevaban mucho tiempo pidiendo un perro o un gato. Las dos hermanas de 14 y 10 años incluso tenían de aliada a su madre, Vanessa Roncal García. “Yo es que me he criado en Olza donde siempre hemos tenido animales. Pero Sergio se negaba en redondo”. Y el marido y padre lo tenía claro, nada que supusiera una sujeción. “Así que teníamos un pez”, suspiran las hermanas.
Al final Sergio Murugarren Leoz cedió. Un poco. “Dije que sí a un hámster”. Pero en una comida familiar, surgió otra alternativa, un hurón. “Nuestra prima Maider nos comentó que los hámster eran un poco sosos, que sólo daban vueltas en una rueda. Que mejor era como mascota este otro animal, que son más listos y juguetones”.
Y hace cinco meses, con dos de vida, llegaba Coco a su casa. Un hurón macho de pelaje blanco y negro que su prima les trajo desde Barcelona, donde estudia la carrera, y tras visitar muchos veterinarios. Mientras, las hermanas y su madre consultaban en Internet qué nombre ponerle. “Y de todos los que había para hurones nos quedamos con Coco”.
Ellas lo recibieron con su “jaula-casa” en la terraza, aunque al instante le dejaron corretear por toda la vivienda, además de cogerlo en brazos mientras duerme. -“Es que es como un peluche”, dicen casi al unísono- o a entrar en su juego de saltos y carreras. “Le encanta subirse a las camas y meterse por debajo de los edredones”, cuenta. ¿Y Sergio? “Pues la verdad es que al principio interactuaba bastante poco con él. Pero al final te gana y te ríes. Me hace mucha gracia ese afán que tiene por convertir todo en madriguera. Agujero que ve, agujero en el que se mete. Ya sea una caja de cereales o una mochila”. Hasta le ha perdonado que escarbando en la tierra le haya dejado hecho un escorzo la planta del cuarto de estar que llegó con la pequeña de la familia.
¡CUIDADO CON EL HURÓN!
La vida de Coco no se limita a las paredes de la vivienda familiar de Mendillorri. También sale a pasear con correa y arnés no sólo por las calles del barrio pamplonés, sino que se lo llevan también al centro. “A la gente le sorprende. Lo miran de reojo como preguntándose qué animal es ese. Y luego se acercan a verlo”, dice Sergio. El problema es cuando en ese paseo se cruza un perro. “Pero el problema no es precisamente para Coco. Él se queda medio sentado esperando, sin asustarse para nada. Y si lo tiene al alcance y el otro se descuida le muerde el hocico. Así que cuando algún dueño de un perro nos dice que tengamos cuidado, le advertimos que es él quién debe tenerlo”.
A la familia también le ha sorprendido la inteligencia de Coco. “Sabe perfectamente cuál es su casa. Si le dejamos subir solo la escalera, rara vez se confunde de puerta. Y por las mañanas, en cuanto sale de la jaula, va corriendo a las papeleras que tienen mis hijas en sus habitaciones. Sabe que allí siempre encontrará algún resto de galleta”, cuenta Vanessa. “Y si pilla algo, entonces se mete detrás del sofá para guardarlo. Si le dejáramos, tendría allí una pequeña despensa”.
La alimentación de Coco no supone ningún problema. “Hay piensos especiales para hurones en las tiendas de mascotas, aunque sí es cierto que todavía falta en los supermercados donde sí te encuentras comida para perros, gatos, roedores y pájaros. Pero todo se andará porque son animales que se están poniendo de moda... Es que es tan fácil cuidarlos”, dice Sergio.
Un mantenimiento sencillo: una vez al mes se le baña y cada dos o tres semanas hay que limpiarle las orejas. “Además, nosotros le echamos una colonia especial para hurones porque al ser macho tiende a marcar mucho. Y es un olor muy intenso”, desgrana Vanessa. Además de, por supuesto, limpiarle periódicamente la jaula. “De eso me encargo yo porque Anne...”, dice la mayor de las hermanas. “¿Una vez la habrá limpiado?”. “No, dos”, corrige la aludida.
En cuanto a sus costumbres, tampoco es de una gran exigencia de atención. “De hecho, son animales que duermen 16 horas. Aunque Coco menos, porque no le dejo... Nos gusta jugar con él”, reconoce Aitana. Y en esos juegos, a veces es inevitable llevarse un mordisco. “Tiene los dientes afilados, pero tampoco aprieta mucho, así que no nos hace daño”, añade la mayor de las hermanas. Además, Coco, más que de morder, es de lamer. “Nos chupa la cara a todos, incluido a Sergio”, dicen las tres, mientras él lo mira con una sonrisa.
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