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Berriozar

Los casi 300 traperos de Emaús, anfitriones de su nueva sede

El centro de Berriozar enmarcó este sábado la celebración del 50 aniversario del colectivo que el año pasado recuperó el 80% de 12.000 t de residuos

Actualizado el 07/05/2022 a las 22:40
Ni la casi media hora de discursos, ni tan siquiera el nuevo centro en el número 11 de la avenida de Guipúzcoa de Berriozar logró menguar el protagonismo a los casi 300 hombres y mujeres que trabajan a día de hoy en Traperos de Emaús. Con sus chalecos fluorescentes se hacían visibles entre familiares, amigos y visitantes que, a las 10.30 horas, acudieron al patio de esta planta de recuperación -del que el año pasado se recicló el 80% de las 12.000 toneladas de residuos recogidas- para celebrar el 50 aniversario del colectivo.
Empezando por Imane Doukkali y Abdoul Ahad, marroquí ella de 34 años, y senegalés él de 42, en el papel de maestros de ceremonia. “Llevo doce años en Traperos. Empecé en la sección de ropa y ahora estoy en oficinas. Estudié comercio internacional y pensé que me quedaría aquí tres meses. ¡Pero ya ves! Es que me gusta el ambiente, el compañerismo...”, decía Imane. “Aquí hacen que no te sientas solo. Yo vine en 2000, tras dos años estudiando castellano con una ayuda del Gobierno de Navarra. Pero no encontraba trabajo, no tenía papeles. Y ahora tengo empleo y muchos compañeros”, añadía él.
Es que no se trata sólo de un apoyo económico, se teje equipo. Piensa que muchos son personas que llegan en situaciones muy difíciles, con baja autoestima por falta de empleo, sin papeles o con una larga duración en el paro. Y aquí se les devuelve la dignidad con el apoyo de un equipo de compañeros”, comenta Ana Rivas Polo, del equipo de dirección de Traperos.
"ME DIERON LA VIDA"
Sol Criado Ortega, de 29 años, también habló de dignidad. “Soy educadora social y entré aquí hace un mes porque me motiva mucho este proyecto que da a la persona una segunda oportunidad”. “A mí me dieron la vida”, afirmaba a su lado Miguel Echart Goñi, de 58 años, y conductor de camiones de recogida desde hace 4 años. “Llevaba mucho tiempo desempleado y eso te mina. Yo estaba muy abajo cuando entré y ahora soy feliz”. También Esther Lazcano Liberal, de 61 años, sabe lo que es ser parado de larga duración. “No te cogen por mayor pero eres joven para jubilarte. Aquí ya llevo 7 años, primero estuve en tiendas y ahora en la nave donde se ve la importancia del reciclaje. Si antes ya era una persona concienciada, ahora mucho más. Incluso han cambiado mis hábitos de consumo”, apostillaba.
La jornada también sirvió para que familiares conocieran el trabajo de los suyos, como José Luis Rebolé Moreno, de 76 años, y Nati Arbea Pérez, de 75, que acudieron junto a su hijo Pedro, que suma 16 años en Traperos. “Tiene problemas de psicomotricidad y no acababa de encajar en las empresas. Además, él mismo cogió miedos y, por ejemplo, no quería conducir un toro, decía que no era capaz. Aquí le han dado la confianza suficiente para que ahora lo haga. Y lo más importante, para que esté muy a gusto en el trabajo porque se siente útil”.
“Al final esto es una forma de vida”, afirmaba Daniel Villegas Casi, de 36 años y del grupo de Coordinación de Gestión Ambiental. “Aquí hay gente que llega con círculos sociales muy pequeños y terminan haciendo amigos y hasta compañeros de piso. ¿Bodas? ¡Pues alguna habrá!”.
PIONEROS EN ECONOMÍA CIRCULAR
La presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, el del Parlamento, Unai Hualde, el de Mancomunidad, David Campión, y el alcalde de Berriozar, Raúl Maiza,  fueron la cabeza visible de las autoridades forales y municipales que acudieron al acto. Y acompañaron al coordinador de Traperos, José Mari García Bresó, en los discursos. Todos coincidieron en el mismo mensaje: el colectivo fue pionero de una economía circular y de reciclaje ahora tan en boga pero sin apenas eco en 1972. Y también en la devolver la dignidad a las personas excluidas. Una labor que subrayaron en una jornada festiva la comparsa de gigantes de Berriozar, el zampanzar txiki del municipio así como su grupo Aires del sur, los violinistas Aitor García Rodríguez y Martín Araujo Pascual y hasta el arquitecto de la nave, Fernando Martínez Martínez, con el clarinete.
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