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De Verano por Navarra

Erro: Apuesta joven por el valle

Martín, Nerea, Unai, Beñat y Asier son 5 jóvenes decididos a vivir en Erro, su valle, plantando cara a la despoblación del Pirineo y, además, a la falta de relevo generacional en empleos tradicionales

Desde la izda.: Unai Calvo Castera, Martín Iribarren Bidaurreta y los hermanos Asier y Beñat Izal Iribarren
Desde la izda.: Unai Calvo Castera, Martín Iribarren Bidaurreta y los hermanos Asier y Beñat Izal IribarrenJ.A.Goñi
Publicado el 28/07/2021 a las 06:00
Vivir en el Pirineo. Es lo que quieren. Están convencidos. Aspiran a seguir dando vida a esos pequeños pueblos en los que dieron sus primeros pasos. Y para ello se están apoyando, además, en las oportunidades laborales que les brinda su especial ubicación, impulsando de paso el tan necesitado relevo generacional en algunos sectores económicos tradicionales como el ganadero o el maderero. Es la decidida apuesta realizada por los jóvenes del valle de Erro que protagonizan estas líneas. Ejemplos de que es posible vivir y trabajar en esta comarca tan azotada por la despoblación. Una muestra esperanzadora.
“Siempre he tenido claro que quería seguir viviendo aquí y ser ganadero”. Lo afirma tajante Martín Iribarren Bidaurreta, vecino de Zilbeti de 24 años. Conocedor de primera mano de la dureza de trabajar con el ganado, dado que su casa dispone de una explotación de vacuno de leche, no dudó ni un instante en apostar por este sector para ganarse el sustento. Así, y tras completar un Grado Superior de Ganadería y darse de alta como autónomo agrario, colabora hoy en la gestión del rebaño de ovejas latxas para producción de leche de un tío suyo.
“Es bonito porque te organizas tú a tu manera, sin jefes ni nada, y encima te permite vivir en el pueblo, que es lo que me gusta. La tranquilidad, el trato cercano...”, indica. “Este trabajo es sacrificado, mañanas y tardes, pero también va por temporadas. En verano estás menos atado. Ahora, por ejemplo, tenemos la mitad de las ovejas pastando al aire libre en Sorogain, y la otra mitad ordeñando en Erro”, explica.
Reconoce asimismo que “empezar con un negocio ya en marcha ayuda mucho”. Lamenta en este sentido que “faltan ayudas para los jóvenes que quieren comenzar a tomar el relevo en sectores que van a menos como el ganadero”, y censura el hecho de que “los ganaderos que se jubilan no dejan sus tierras disponibles (para hierba) a los nuevos”.
En el mismo sector se mueve Nerea Torrea Erro, de 38 años y vecina de Lintzoain. Ha culminado un curso de joven ganadera con el INTIA y, tras poner un rebaño de ovejas latxas para leche, prevé montar una quesería. “El año que viene ya podré vender leche, y al siguiente empezar con los quesos. Serán artesanos y de leche cruda”, señala emocionada.
Su vinculación con la ganadería le viene de familia, por parte de padre y de marido. “He vivido siempre entre yeguas, ovejas, vacas... Y ahora doy este paso por mi cuenta”, indica quien, tiempo atrás, trabajó como peluquera. “Me da algo de vértigo, pero estoy bien asesorada. Y si bien será algo sacrificado, como tendré el trabajo en la puerta de casa y la ayuda familiar, saldremos adelante”, confía.
Señala asimismo que el objetivo final es “poder trabajar y poder seguir viviendo en el Pirineo”. “Y qué mejor que manteniendo esta tradición. Por la zona hay muchos queseros, pero es posible que yo sea la más joven. Falta relevo”, confirma.
Vista general de la localidad de Erro
Vista general de la localidad de ErroJesús Caso
DE PADRE A HIJO
Con apenas 21 años, Unai Calvo Castera, vecino de Erro, ofrece sus servicios como carpintero en la zona. Sigue la estela de su padre, autónomos los dos y con taller en el mismo pueblo. “Nada más acabar el Grado Medio y el Superior de Carpintería empecé a trabajar. Lo tenía muy claro desde pequeño. Esto me gustaba”, indica quien ya años atrás “enredaba en el taller y ayudaba al ‘aita’ en algún que otro trabajo”.
Tejados, escaleras, arreglos a través de seguros... El trabajo carpintero no falta en las casas del Pirineo. “Ahora se usa más el tablero que la madera, es más barato y versátil, y con más acabados”, explica Calvo.
Asegura que, para él, “vivir en Erro es un lujo”. “Estás tranquilo, cerca del monte... Y si necesitas algo que no hay aquí, tienes Huarte a 20 minutos en coche”.
Por su parte, Beñat Izal Iribarren, de 27 años y de Zilbeti, también se ha adentrado laboralmente en el ámbito de la madera. “Yo he trabajado en el sector, y mi hermano Asier estudió Forestal. Desde el otoño, mano a mano, rajamos leña y la vendemos por la zona. Era algo que nos atraía, vemos que hay demanda y hemos decidido dedicarnos en serio”, asegura.
Secan en Erro, en un terreno prestado por un familiar, la leña que compran y les llega en camión, o la que obtienen de árboles caídos en el monte, y que abonan a los concejos correspondientes. “Lo segundo sale más económico, y a su vez contribuye a limpiar el monte, que falta hace”.
Señala que “poco a poco” se van dando a conocer y que están encontrando receptividad. “Casi nadie se dedica aquí a esto, y creemos que vendrá bien sobre todo a la gente de fines de semana, que no tiene derecho a lotes de hogar. Es sacrificado, pero también un trabajo vinculado a las oportunidades que ofrece la zona y que encima nos gusta”, asegura. “Tenemos claro que queremos vivir aquí, es nuestro sitio, donde está nuestra gente”, sentencia.

ENRIQUE GARRALDA ERRO ALCALDE DEL VALLE DE ERRO

“Este verano también se ven más casas abiertas en los pueblos”

Enrique Garralda Erro es alcalde del Ayuntamiento de Erro desde el año 2003
Enrique Garralda Erro es alcalde del Ayuntamiento de Erro desde el año 2003J.A.GOÑI
¿Cómo ve la situación en el valle tras año y medio de pandemia?
Hemos vivido momentos peores. Parece que se ve la luz al final del túnel, pero está costando salir. Seguimos con brotes, sobre todo entre los no vacunados, la juventud.
¿Ha generado cambios sociales?
La gente sigue teniendo ganas de salir, pero en general se hace bien, tomando precauciones. Aunque quizá no hubiera costado tanto mantener 2 o 3 meses más las restricciones para controlar mejor la pandemia. Hará falta apoyar al turismo, pero damos una imagen...
Erro vivió un momento complejo este invierno al registrarse un importante brote en la residencia.
Fue un palo duro, justo con la primera vacuna recién puesta. Murieron una decena de mayores. El Ayuntamiento se involucró mucho e incluso nos tocó enterrar a una persona sin familiares directos.
A nivel económico, ¿está afectando la pandemia al consistorio?
Ha habido algún gasto extra, como una convocatoria de ayudas de hasta 500 euros que sacamos para actividades económicas afectadas. Y también cierta merma de ingresos por la paloma en Quinto Real, pues viene mucho guipuzcoano y coincidió la temporada de caza, en otoño, con los cierres perimetrales de comunidades autónomas.
También les habría perjudicado, por la ubicación de Erro, el cierre de la frontera con Francia.
Por supuesto. Fue como volver a los momentos de la guerra. Sobre todo afectó a Quinto Real y a sus habitantes, los quintoarras. Habitan una decena de caseríos y tienen doble nacionalidad. Viven en un territorio vinculado a los tratados de límites internacionales de Baiona de 1856; sus casas están en España, pero sus servicios esenciales en Francia. Hubo que hacer muchas gestiones y estar encima de los distintos cuerpos policiales para facilitar su movilidad.
El verano pasado, tras el confinamiento, la gente salió de las ciudades y llenó los pueblos. ¿Este año?
Parecido. Se han llenado más casas de segunda residencia que en 2019. Hay ambiente en los pueblos. A mí me gusta ver las casas abiertas, es vida. Mejor que tener todo vacío, como en invierno.
¿Ese ‘probar la vida rural’, aunque sea temporal, puede ayudar a combatir la despoblación?
Siempre puede favorecer el que algún joven pruebe a quedarse. La vida rural es bonita y muy libre. Y más segura en tiempos de covid, por espacio y naturaleza, siempre que se actúe con sensatez.
Por el valle pasa el Camino de Santiago. Este 2021 es Jacobeo.
Se está notando que los peregrinos ya empiezan a pasar con mayor frecuencia, sobre todo en pueblos como Espinal, Viscarret, Lintzoain... Pero va a costar recuperar los niveles de años atrás. Por cierto, que seguimos pendientes de contar con ayudas para mejorar algunos tramos en mal estado y que reciben muchas críticas, como alguna calle de Lintzoain.
¿En qué proyectos trabaja el consistorio?
Tenemos varios aceptados dentro de las ayudas del Plan del Pirineo, como ejecutar unos vestuarios en el frontón de Viscarret (pueblo donde también se hará un consultorio con ayuda de Salud), o una sala de usos múltiples en Erro. También otros para proyectar una empresa pública de trabajos forestales y, ya junto con Roncesvalles, para trabajar un plan de comunicación del Parque Micológico que compartimos.
Este parque se estrenó en 2018. ¿Va dando sus frutos?
Empezó a cobrar tasas en 2019 pero se ha visto afectado por la pandemia. En 2020, de hecho, se vendió menos que el año anterior. Pero vamos a sacarlo adelante.
También, desde el consistorio, se ejecutó un proyecto para llevar la banda ancha de internet a todo el valle. ¿Cuántos abonados hay?
Tenemos algo más de 220. Nos conectamos a la red general del Gobierno, en Burguete, y trajimos la fibra hasta el consistorio, llevándola luego desde ahí, en aéreo por postes de telefonía, a todos los pueblos. Ahora queremos hacer una segunda fase, llegando a más gente y ofreciendo ver televisión por cable (internet) a los hogares.
¿Y cuál es la principal demanda de Erro al Gobierno?
Que se ejecuten los túneles de Erro y Mezkiritz. Se paralizaron en su día, pero no nos olvidamos de ellos. Serían fundamentales para combatir la despoblación y fomentar la industrialización. Además de ayudar a evitar puertos complicados en invierno, reducirían en 10-15 minutos el trayecto a la capital (favoreciendo que quienes trabajan allí puedan vivir aquí a diario) y que vengan empresas. Tenemos espacio en el polígono Urrobi y se podría ejecutar otro en Orondritz, en la boca de uno de los túneles.

La cultura gana espacio en un segundo verano en pandemia

Después de un verano de 2020 sin apenas actividad, primero de la pandemia de covid, las instituciones y asociaciones del valle de Erro se han puesto las ‘pilas’ para dotar al de 2021 de contenido cultural en calles y plazas. Una apuesta alternativa a las tradicionales fiestas, de nuevo suspendidas.
El Ayuntamiento, por ejemplo, decidió destinar parte del presupuesto no invertido en el Día del Valle (unos 15.000 euros) para afrontar un ciclo cultural con proyecciones de cine, talleres infantiles, teatro, conciertos o un cuento teatralizado con perspectiva de género por distintas localidades. “Daba pena dejar a los vecinos sin nada. La gente está deseando que haya actividades, y las previstas permiten llevar un orden y cumplir medidas contra la pandemia”, explica Tere Bidaurreta Azkarate, concejala de Cultura del valle de Erro. Asimismo, el consistorio se sumó al programa ‘Pirinioak Txistuka’ y recalarán 3 conciertos de txistu en el valle.
Por su parte, el Concejo de Espinal también ha dado a conocer que desarrollará entre agosto y septiembre su propio ciclo cultural, integrado por gigantes, teatro, conciertos o un espectáculo de humor y danza. Intervendrán colectivos locales como la comparsa, la coral Auzperri Abesbatza o Auzperriko Txistulariak.
Asimismo, cabe citar que la asociación de mujeres Laurentxi organizó en junio una sesión teatral en Sorogain dentro del ciclo ‘Rincones y Recovecos’, y que la asociación cultural Elutseder publicó su cuarta revista.
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