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Estella

Tres meses sin noticias de Francisco Javier

Desde que el rastro de su hijo se perdiera el 5 de diciembre, unos padres de Estella esperan pegados al teléfono alguna noticia que alivie su angustia y su pena

Ampliar Francisco Javier Torralba, con su madre María Antonia durante una celebración familiar en la basílica de la Virgen del Puy de Estella
Francisco Javier Torralba, con su madre María Antonia durante una celebración familiar en la basílica de la Virgen del Puy de EstellaCedida
Publicado el 02/03/2022 a las 06:00
A punto de cumplirse los tres meses desde su desaparición, en la casa familiar del estellés Francisco Javier Torralba Fernández la respuesta al “¿cómo se encuentran?” es la palabra tristeza. Con ella contestan sus padres, Francisco y María Antonia porque les pesan la falta de noticias, la incertidumbre y los días que van pasando pendientes del teléfono desde que el menor de sus dos hijos desapareciera en la madrugada del 4 al 5 de diciembre. Esa noche, el final de un sábado de celebraciones en Estella con motivo de ferias de San Andrés, su rastro se perdió al abandonar el bar del Casco Antiguo en el que se encontraba con sus amigos.
Con la residencia a caballo entre su vivienda en Pamplona y la casa de sus padres en el centro de Estella a la que se desplazaba los fines de semana, este ingeniero informático, soltero y de 42 años de edad tenía que haber dormido allí ese día de diciembre. No lo hizo y nada se sabe de él desde una madrugada que puso el broche a una jornada compartida con su cuadrilla. Lo mismo que tantas otras de Estella hicieron en una de las fechas especiales del calendario de la ciudad. A ‘Txisko’, como le llaman sus amigos, se le busca desde entonces y todas las opciones continúan abiertas. Su hermano Iñaki explica que la investigación de Policía Foral sigue adelante y que se mantiene a la familia periódicamente informada de su curso.
Es ese paso de los días sin saber dónde se encuentra Francisco Javier una durísima prueba para los suyos. A sus 81 años, María Antonia Fernández quiere que se siga buscando, que se continúe con la investigación y su hijo no caiga en el olvido. “Es muy triste no tener noticias de él, no saber qué le ha ocurrido y preguntarte todos los días qué ha podido pasarle, dónde estará y si vivirá. Lo peor para nosotros es cuando se hace de noche. Me cuesta mucho dormir porque no te lo puedes quitar ni un momento del pensamiento”, añade.
AGRADECIDOS POR EL INTERÉS
Entre la esperanza y la pena, cuenta que ni ella ni su marido alcanzan a comprender qué ha podido sucederle a su hijo. Ingeniero Técnico en Informática de Gestión e Ingeniero Superior en Informática por la UPNA, detallan que se encontraba muy ilusionado con el doctorado y con planes que les había transmitido solo unos días antes. “Había estado hablando con su padre y contándole las ideas que tenía. Él por si solo no se va, eso pensamos nosotros. Sabemos que sobre las cuatro de esa madrugada lo vieron que bajaba desde el Zulobero, pero a casa no llegó y, desde entonces, nada. Siempre al lado del teléfono y cada vez que llama alguien pensando que a lo mejor puede ser él”.
Relata esta vecina de Estella, madre de Francisco Javier e Iñaki y abuela de una nieta, que procura salir a la calle a hacer sus compras, esforzándose a diario para seguir adelante. Para mantener sus rutinas en la medida en la que le dejan sus fuerzas. En un entorno cercano en el que todos se conocen, agradece el interés de la gente, aunque le cuesta aguantar las lágrimas cuando va por la calle y le preguntan por su hijo. “Se que todos lo hacen con buena intención porque piensan en ello y agradezco mucho su preocupación porque no queremos que nuestro hijo se olvide. Pero a la vez me entra mucha tristeza y no puedo dejar de llorar ”, detalla.
Además de ese apoyo de sus vecinos, Francisco y María Antonia sienten muy cerca a los suyos. A hermanos, sobrinos y otros miembros de una familia que les arropa. Las personas con las que desde hace tres meses comparten desazón, inquietud y un mar de dudas ante una situación en la que nunca imaginaron verse.

Los primeros días de una búsqueda que topó con la crecida del río

En los días siguientes a la desaparición de Francisco Javier, se realizaron varias batidas, también con voluntarios, una en el río y dos en zonas de montaña. Junto al dispositivo de los servicios de rescate, la solicitud por parte de Policía Foral de la colaboración ciudadana para localizarle pidiendo que cualquier información que se pudiera tener sobre el vecino de Estella se comunicara al 112. Del mismo llamamiento participó el Ayuntamiento de la localidad, que en esos primeros días, tras dar la familia la voz de alarma al no haber regresado a casa, agradeció a través de sus redes sociales cualquier información que pudiera aportarse. También familiares y amigos lo hicieron extensivo en diferentes plataformas.
A la desaparición siguieron jornadas de intensas lluvias que llevaron a las riadas del mes de diciembre. Hubo que esperar al día 18 de ese mes, próxima la Navidad y con el caudal del Ega más normalizado, para reactivar nuevas búsquedas en el propio río y en sus orillas en busca de pistas sobre su paradero. Un dispositivo que no dio resultados centrado en esas fechas en tramos del cauce hasta Arínzano y hasta Lerín. En él participaron agentes de seguridad ciudadana y de policía judicial de Policía Foral adscritos a la comisaría de Estella, la Brigada de Protección Medioambiental de la comisaría de Pamplona, bomberos del parque de Estella, bomberos del Grupo de Rescate Técnico (GRT) y del Grupo de Rescate Acuático (GRA), agentes de la Guardia Civil, de Guarderío de Medio Ambiente, voluntarios de Cruz Roja, de DYA y vecinos de Estella que respondieron en un buen número. La familia expresó este martes el agradecimiento, también a los bomberos tanto de Estella como de otros puntos de Navarra que en su tiempo fuera de servicio participaron en la búsqueda en esos momentos. 
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