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TOROS EN SANGÜESA

Gallo corta una oreja y se hace con la VII Pocha de Oro

  • KOLDO LARREA . SANGÜESA .
Actualizado el 18/09/2011 a las 04:09
En el mundo taurino suceden cosas de difícil comprensión. En la mañana de ayer, durante el sorteo y según testigos presenciales, a la cuadrilla de Bolívar no le gustó un adolfo, ejemplar que, finalmente, fue rechazado por estar "estrecho"; el ganadero, sin comprenderlo, lo tuvo que admitir. ¡Qué remedio! A los representantes del colombiano les había gustado un toro de Hebrero y con él se remendó la corrida. Sin embargo, salió al ruedo el astifino toro -cuatro años cumplidos este mes-, y causó nerviosismo. La jindama se desparramó por la arena y nadie lo quiso ver, salvo el picador que, por órdenes superiores, le pegó de lo lindo. La cuadrilla de Bolívar comenzó a argumentar que el toro tenía un defecto en la vista y, para evitar males mayores, fue devuelto al corral. ¡Qué vergüenza! El problema sí era de vista, claro que sí; el toro no tenía defecto alguno de visión; simplemente, el colombiano y su cuadrilla no quisieron verlo. Falta de vergüenza torera, simplemente. No es lo mismo no ver que no querer ver. A quien no se le verá más en Sangüesa será a Bolívar, por esta actitud y por su trabajo en el ruedo. A su primero, un toro noble, que embistió al pasito, sin crear ningún problema, le realizó una faena igual, sin complicarse la vida, cómoda, basada en el pitón derecho, con un toreo en redondo suave y templadito; al natural, toreó de uno en uno, sin dejar la muleta puesta; faena de escaso eco terminada con un pinchazo y una media estocada. En cuarto lugar, tras el triste episodio narrado, salió el sobrero, al que sólo quiso pegarle algún ayudado suelto, antes de concluir con una desprendida.
El mejor toreo brotó de las manos de Eduardo Gallo, que rozó la puerta grande y se las vio con dos cinqueños, los únicos del encierro. Al segundo de la tarde lo recibió con unas toreras verónicas, abierto el compás. En el último tercio, al noble astado lo toreó con buen estilo y bastante ceñido por ambos pitones, con mando y temple; incluso dibujó algún natural largo de muy buen trazo. Mató de una estocada y cobró con justicia la única oreja que se concedió a lo largo de la tarde. De similar juego fue el quinto y bastante parecido el trasteo. Faena por ambos pitones basada en la quietud y en cierta elegancia, y sabiendo aguantar con sangre fría las amenazadoras miradas del toro. Terminó con media trasera y tirando a caída que le alejaron de un trofeo, del mismo que le habría abierto la puerta grande sangüesina.
Por último, Aguilar fue el peor parado en el sorteo. A su primero -el protagonista del encierro matinal- lo comenzó toreando al natural con limpieza hasta que el toro se rajó. Después, en esos terrenos se fajó con el cuatreño y ejecutó un trasteo por ambos pitones, en series cortas, cargado de voluntad. Un pinchazo, previo a una estocada trasera, le alejó del trofeo. Frente al sexto, peligro puro, que sólo quería cazar, nada pudo hacer salvo matarlo de cualquier manera.
La feria había terminado con un encierro de Adolfo Martín demasiado desigual, noble pero en soso; le faltó esa chispa de la casta para la emoción.
Respecto a los premios, la VII Pocha de Oro al triunfador del ciclo fue a parar a Eduardo Gallo y el premio al toro más bravo, a Espaldilha, negro, 301, de Palha, premiado con la póstuma vuelta al ruedo tras se lidiado por Javier Castaño.
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