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Reportaje

La agroindustria navarra: 2021, el inicio de una recuperación con la vista puesta en el PERTE

Ampliar Empleadas de una industria agroalimentaria de Lodosa durante la pasada campaña del piquillo
Empleadas de una industria agroalimentaria de Lodosa durante la pasada campaña del piquilloMONTXO A.G.
Publicado el 22/04/2022 a las 11:03
La agroindustria navarra arrancó 2021 con el reto de sobreponerse a una pandemia sin precedentes que sacudió, frenó y alteró la demanda del sector de la alimentación. La agroindustria sufría el desplome de pedidos de un canal horeca herido por los cierres y todavía a medio gas por las continuas restricciones de aforos y horarios. 
Mientras, los ciudadanos gastaban cerca de un 20% más en comida y bebida para consumir en los hogares, pero no compensaba la brutal caída del gasto en la restauración.
Ante ese incierto escenario, el sector agroindustrial navarro, sumido en un continuo ejercicio de adaptación, aspiró a recuperar las cifras de 2019 y, aunque la gran mayoría mejoró los agrios resultados de 2020, la sucesión de las olas y restricciones impidió a más de una firma lograr tal objetivo.
Al finalizar el año, la fortaleza del sector agroalimentario en Navarra, basado en la elaboración y transformación de verdura y hortaliza en todas sus variantes (conserva, congelado y fresca y lista para consumir o en platos preparados), quedó manifiesta.
Mantuvo su peso, con una facturación de poco más de 5.500 millones (4.500 millones las más de 530 industrias alimentarias y algo más de 1.000 procedentes del sector primario), que suponen un valor añadido bruto (VAB) conjunto de 1.500 millones, el 7,5% del Valor Añadido Bruto total de la economía de Navarra. Además, el sector conservó el empleo en torno a las 27.500 personas (16.000 de ellas en la industria alimentaria).
NUEVO VARAPALO: SUBIDA DE COSTES
En el camino de la ansiada recuperación el sector se topó con un nuevo, duro e imprevisto obstáculo. Era mayo cuando la Asociación de Industrias Agroalimentarias de Navarra, La Rioja y Aragón (Alinar) daba la voz de la alarma ante el encarecimiento de los costes. 
La rentabilidad de la agroindustria se veía seriamente diezmada por una subida desorbitada, generalizada e histórica de materiales y servicios, lo que tensionó el mercado y generó una guerra de precios con la gran distribución. Unos nubarrones que no se disiparon en todo el año y que, en el último trimestre, derivó en un traslado de parte de los costes al bolsillo de los ciudadanos pese al riesgo de la contracción del consumo.
La escalada de la factura energética a cotas inéditas y la subida, al menos, un 30% del plástico, un 15% del cartón y más de un 800% de los fletes marítimos, entre otros, afectó a su competitividad, sobre todo de cara al mercado exterior. 
Por ejemplo, aunque el conjunto de las exportaciones del sector primario más el agroindustrial alcanzó a fin de año los 1.400 millones -un 6% más que en 2020 - la principal partida (alimentos elaborados) se vio ligeramente resentida: bajó de 1.095 millones en 2020 a 1.086 en 2021. 
En cambio, la venta en el exterior de productos netamente agrarios aumentó de 136 a 200 millones, y las bebidas pasaron de 125 a 135 millones y, dentro de ellas, el vino creció de 79 a 94 millones.
LAS AYUDAS SE DEMORAN
Las dificultades por el encarecimiento de costes, por las trabas a la exportación y por la propia pandemia, sumadas a otras que lastra como la falta de mano de obra, no impidieron que la agroindustria siguiera trabajando para su transición hacia un futuro más sostenible y digital. 
El proyecto de modernización Ebro Food Valley, gestado en el verano de 2020 con el fin de captar fondos europeos del programa Next Generation de recuperación tras la covid-19, fue ganando peso y reconocimiento a nivel nacional. 
Nacido con doce empresas, el proyecto tenía vocación de crecer y de ser escrupuloso en cumplir las condiciones europeas para recibir las ayudas: acelerar la digitalización y la transición ecológica, así como fomentar la igualdad de género (siete de cada diez empleos en la agroindustria es femenino) y la cohesión territorial.
A fin de año, el proyecto aglutinaba a casi 60 firmas de 16 comunidades autónomas (una veintena de ellas navarras) y una previsión de inversión por parte de ellas de unos 1.000 millones hasta 2026. 
Tan bien diseñado y posicionado estaba que en una jornada en Madrid a mediados de noviembre, el secretario general de Industria y de la PYME del Ministerio de Industria, Raúl Blanco, afirmó: “Navarra tiene todas las cualidades para ser el motor del PERTE agroalimentario”. Aunque en ese acto, se anunció que tendría una dotación de unos 1.000 millones para toda la cadena (desde el campo hasta la industria, pasando por la distribución) se aprobaría a fin de año, el 31 de diciembre el Consejo de Ministros todavía no le había dado luz verde.
145 MILLONES DE INVERSIÓN
Pese a que la llegada de fondos europeos se demoraba, la agroindustria navarra es dinámica por definición. La inversión es continua porque el mercado no espera y porque los empresarios saben que la competitividad pasa por mejorar sus líneas de producción, por innovar o por mejorar su internacionalización. Según datos del Instituto de Estadística de Navarra, la inversión del sector en los últimos años ronda los 145 millones de euros anuales.
Prueba de ese dinamismo es la buena acogida que tienen siempre las convocatorias de ayudas para financiar proyectos. La última, ya resuelta, se convocó en agosto de 2019. A ella se presentaron 87 proyectos y, finalmente, solo 59 recibieron subvención, lo que da muestra de que la dotación presupuestaria se queda corta para atender por completo el interés del sector. 
En concreto, los 87 proyectos planteaban una inversión total de 75 millones de euros, aunque solo 71,5 se consideraban auxiliables y entraban en las condiciones de la convocatoria. Al final, las ayudas (10 millones) supusieron el 13% de la inversión auxiliable de los proyectos acogidos, según indican desde Alinar, donde recuerdan que no hubo convocatoria ni en 2018 ni en 2020. En agosto de 2021, el Gobierno de Navarra aprobó una nueva convocatoria, cuya resolución quedaba para 2022, también con una dotación de ayudas de unos diez millones.
Como consecuencia de esa inversión constante, la industria agroalimentaria es en estos momentos una gran oportunidad para el empleo. Otro de los proyectos que el sector esperaba para final de 2021 era el proyecto de la segunda fase del Canal de Navarra, para llevar agua de Itoiz desde Pitillas a Ablitas. Sin embargo, se anunció que el diseño se retrasaba hasta marzo de 2022. Un nuevo aplazamiento para proyecto que, según el sector, asegurará producciones para sus empresas, asentarán población en el medio rural y, a la postre, creará riqueza.
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