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Empresa familiar

Joseba Martikorena Danboriena (Martiko): “Mi padre tenía cinco hijos, cuatro y la empresa”

Martikorena pone énfasis en uno de los rasgos identitarios de las empresas familiares: su arraigo al entorno

Ampliar Los hermanos Pedro Mari, Pilar, Fermín y Joseba Martikorena, flanquean a su madre, Agustina Danboriena
Los hermanos Pedro Mari, Pilar, Fermín y Joseba Martikorena, flanquean a su madre, Agustina DanborienaDN
Actualizado el 24/10/2021 a las 08:43
Peio Martikorena tenía “cinco hijos” cuando en realidad eran cuatro sus descendientes. “El quinto era la empresa”. La expresión gráfica es del primogénito de su sucesión, Joseba Martikorena Danboriena, quien a sus 47 años es director general de algunas de las divisiones del grupo Martiko. Su apunte muestra la dedicación en cuerpo y alma del fontanero inquieto y con aires visionarios, que fue su padre, que encontró en la agroalimentación y las ventas fronterizas dos pilares en los que fiar su porvenir, el de su familia y el de su pueblo, Bera. “Como todo hijo, la empresa da problemas y satisfacciones”, sostiene su sucesor al frente del negocio. “Todos los que nos dedicamos a la empresa familiar dedicamos esfuerzos e ilusión. La cuidamos como si fuese un hijo más. Para nuestros hijos queremos lo mejor y para la empresa también”.
No es difícil imaginar a mediados de los años 80 al precursor en un primer establecimiento en el collado de Ibardin, en la divisoria entre España y Francia, para sacar adelante y poner los cimientos de lo que hoy es el Grupo Martiko: “La comercialización de los productos de pato era un proyecto que iba hacia arriba. Con otro vecino del pueblo entró en el negocio. Luego se decidió también por las ventas”.
Desde la experiencia que ha ido adquiriendo y, sobre todo, por una identificación con la comarca del Bidasoa, Martikorena pone énfasis en uno de los rasgos identitarios de las empresas familiares: su arraigo al entorno. El emblema de ADEFAN -el riego de un árbol- resume esa singularidad. Los cuatro hermanos -Joseba, Pedro Mari, Pilar y Fermín- viven “en el valle” que delimita con la imaginación el primogénito entre Urdax, Almandoz y Endarlatsa. De ese círculo son 600 de los 750 ocupados en sus líneas de inversión diversificada: Martiko Agroalimentaria, Venta Peio en Behobia, Ibardin, Dantxarinea y Valcarnos, y socio en Orkoien de Navarpluma. “Somos muy de pueblo”, aprecia con un poso de orgullo de pertenencia local. “Somos una empresa con orden de decisión en la zona”, añade como queriendo enfatizar la apuesta arraigada sin depender de estrategias de dirección ajenas al propio lugar. Bajo esta pauta, el riesgo de deslocalización carece de sentido y amenaza como distintivo de negocios impulsados por personas con nombre y apellidos que en el día a día se funden en las tramas sociales con vecinos que son empleados suyos.
Martiko pudo lidiar la crisis de la covid “por tener diversificados los negocios. Influyó en el mercado de frontera con el cierre decretado por Francia durante seis o siete meses en los que no vendimos nada. En el sector agroalimentario, la covid impactó en la hostelería pero generó un efecto positivo en el consumo de hogar”, asegura Joseba Martikorena.
El presente y el futuro inmediato están determinados por las “consecuencias de las olas postcovid”. Sobre la política fiscal, el mayor de los hermanos Martiko habla desde la humildad y la observación: “No soy economista ni muy listo pero observo bastante. En un momento dado, en mi pueblo, Bera, se asentaron Verkol, Laminaciones, Savera, Funvera... Todas esas empresas vinieron de Guipúzcoa a Navarra. Algún atractivo tendrían. Hoy no viene ninguna empresa. Cada vez hay más órganos de decisión fuera del valle”. Hay un desafío, compartido con responsables de otras firmas de estructura y origen similar, que suscita en él una inquietud: la formación adaptada a las necesidades laborales de las empresas familiares. 
“Es una política que queda por desarrollar. Se necesita acercar las empresas, sobre todo las familiares, a las escuelas. Queremos que los jóvenes tengan trabajo estable. Hemos de hacer un ejercicio de estabilidad a largo plazo. Nosotros, en Martiko, tenemos vacantes que no llegamos a cubrir. Creo que es mejor que haya falta de personal que no un 20% de paro. Es preocupante que haya vacantes sin cubrir y un 26% de paro juvenil”. Sobre el relevo generacional, el ideal compartido con sus hermanos es añadir “un nuevo eslabón a la cadena. Nuestro padre nos dio unas llaves y, si Dios nos da salud y nuestros hijos quieren, intentaremos pasárselas a ellos. Si no tuviésemos un equipo detrás no habríamos llegado donde estamos. ¡Qué mejor que mis hijos sigan trabajando con los hijos de nuestro gran equipo humano o que yo siga trabajando con los hijos que en su momento ayudaron a mi padre!”.
La filosofía es simple como sencilla fue la denominación que utilizó el promotor para designar sus primeros negocios. Su nombre y apellido quedaron retratados en Venta Peio y en la abreviatura de Martiko. “La matriz del grupo es Seirok Bat (Seis en uno). Ahí estamos representados mis hermanos y mis padres”. La familia unida, con la madre, Agustina Danboriena, como eje del ensamblaje.

En Bera:

1 Año de fundación. 1986.

2 Fundador. Peio Martikorena. Le suceden en la segunda generación sus hijos Joseba, Pedro Mari, Pilar y Fermín, aunque su viuda, Agustina Danboriena sigue vinculada.

3 Sector y especialidad. Martiko Agroalimentaria, Venta Peio en Behobia, Ibardin, Dantxarinea y Valcarnos, y socio en Orkoien de Navarpluma.

4 Empleo. 750 trabajadores en Navarra.

5 Exportación. Representa el 7-8% del conjunto.

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