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"Los dieces corrieron de ficha en ficha por su aula como si nada"

Avatar del Alba CarballalAlba Carballal20/10/2021
Ayer, en este mismo espacio, Rosa Palo hablaba de lo poco que dura la alegría en la casa del pobre. Algo así deben de estar pensando los alumnos de Yván Pozuelo, el profesor de Gijón que ha sido inhabilitado para ejercer su profesión durante ocho meses -y, por supuesto, sancionado sin sueldo- por calificar sistemáticamente con un diez a casi todos sus alumnos y, por si fuera poco, por cometer la osadía de contarlo en un libro. A raíz de la publicación de su ensayo ‘¿Negreros o docentes? La rebelión del diez’ el periódico asturiano ‘El Comercio’ se hizo eco de sus métodos docentes a través de una entrevista en la que Yván reflexionaba acerca del papel de los profesores en un sistema educativo que les obliga a ejercer más como seleccionadores que como educadores: “Yo no llegué a la enseñanza para decirle a nadie que tenga entre 12 y 18 años si vale o no vale para lo que quiere hacer”.
Los dieces generalizados son la manera que este docente ha encontrado para plantarle cara a lo que considera la versión moderna de un viejo mantra: “La letra, con sangre entra”. Él, como Carlos Goñi, ha decidido que con la sangre no piensa negociar. Ni tampoco con la letra. La administración, sin embargo, no está por la labor de transigir, al menos desde que Yván ha expuesto públicamente sus motivos. Durante los catorce años previos a la publicación de su libro, los dieces corrieron de ficha en ficha por su aula como si nada. Ni una inspección, ni una pregunta, ni una llamada. Ahora, tras una avalancha de inspecciones y chantajes, se enfrenta a un expediente disciplinario y a una suspensión equivalente a 30.000 euros. Aquel cabrón que se cargaba a toda la clase, eso sí, no se jubilará hasta los 75.
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