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“Matar siempre da un aura a cualquier causa. La convierte en trágica y amenazante”

Avatar del Pedro CharroPedro Charro25/10/2021
Cualquiera que tenga interés puede ya estar enterado perfectamente de lo que supuso ETA durante más de 40 años, salvo que no quiera verlo. La verdad, decía Gracián, llega siempre tarde y cojeando, pero llega. Esa historia negra se ha recordado estos días, en que estamos de aniversario, con el recuento de las decenas de obras, estudios, reportajes, tesis, testimonios, novelas y películas que han hecho un retrato fiel y documentado de lo ocurrido, han construido una inestimable memoria para el futuro -entre nosotros es obligatorio reseñar los trabajos de Javier Marrodán- que no dejan duda de que durante décadas ETA ejerció una violencia gratuita, injustificada, fruto de una exaltación etnicista y del discurso del odio hacia lo español y que el daño que su actividad criminal produjo fue, desde luego, en primer lugar, a las víctimas directas, pero también a la sociedad, a la que amenazó y coaccionó para que admitiera lo que de otra manera no hubiera aceptado, para que muchos se callaran y solo circularan ciertas ideas, para que imperara el silencio, y el nacionalismo jugara con ventaja. Asumir esta historia por quienes la ampararon y justificaron y tratar de repararla, sería el gozne sobre el que poder transitar a una sociedad más libre y reconciliada, pero resulta imposible. A veces escuchamos de ellos palabras de conveniencia que no son sinceras, ni responden a una asunción de responsabilidad, sino al cálculo político y tal vez a una confusa mala conciencia. Reconocer que no hubo justificación para la violencia, condenar de una vez a ETA, en realidad, pondría en cuestión el propio proyecto político que había detrás y que todavía Otegi y los suyos sustentan, no en vano esas ideas encontraban su prestigio en que había alguien capaz de matar -y por tanto morir- por ellas. El matar siempre da un aura a cualquier causa, la convierte en trágica y amenazante. Sin matar, es una antigualla totalitaria que no se sostiene. Tal vez por eso, y visto que no resulta imprescindible, es mejor seguir de perfil, no hablar claro, lamentar los daños como si hubiéramos sufrido un terremoto, seguir en la confusión sin el coraje de mirar de frente a lo ocurrido.
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