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"Escota se había retirado allí a esperar sin miedo la muerte"

Avatar del Pedro CharroPedro Charro29/11/2021
A veces buscaba en YouTube vídeos de Antonio Escohotado y cómo la red te va conociendo ya me aparecían sin buscarlos, y yo lo veía cada vez más delgado en su casa de Ibiza, a veces sentado en el suelo tomando el sol, siempre fumando -no sé si él fumaba el cigarro o al revés-, riendo con su vocecilla pícara ante las preguntas de sus visitantes, que acudían a él como un oráculo. Escota se había retirado allí a esperar sin miedo la muerte, según dijo, con desapego, entendiendo que su vida había sido cumplida, sin rencor ni amargura, y allí en Ibiza seguía leyendo, pensando y escribiendo, algo que era para él la fórmula de la felicidad, pues estudiar a fondo algo, comprender, entrar en detalle, en el matiz de las cosas, es uno de los mayores disfrutes. A él se le sacaba siempre por haber escrito sobre drogas, aunque en realidad fue hace tiempo, y no se trataba tanto de las drogas, como del derecho que nos compete a decidir por nosotros mismos, a obrar según nuestro criterio de piel para adentro, y de cómo la prohibición no logra sino empeorar las cosas. Escota, como los griegos, identificaba el conocimiento con la virtud, pues no se puede ser virtuoso en la ignorancia y con la posibilidad de ser libre, escapando a la atadura de las convenciones. Él había sido políticamente incorrecto siempre, incluso antes de que esta palabra se inventara y no retrocedió cuando comprendió que sus convicciones comunistas no se sostenían, y no eran sino la formula, una y otra vez repetida, de instaurar la miseria y perder la libertad, ante lo que muchos preferían seguir ciegos. Puede que por eso su gran obra, a la que dedicó muchos años, fuera Los enemigos del comercio, que es una historia moral de la propiedad, y una reivindicación del trabajo y la prosperidad y de paso una denuncia del pobrismo y la envidia social. Mas que abandonar la izquierda, ésta le abandonó a él, pues su máxima era vivir y dejar vivir, algo incompatible con esta obsesión actual de decirnos como debemos ser y actuar. Murió el otro día, interesado y atento a todo, como aquel Sócrates que al beber la cicuta pidió que no olvidaran pagar a Asclepio el gallo que se le debía.
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