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"Los que saben de estas cosas aseguran que el nombramiento de Pla calmará a la camada rabiosa "

La mejor noticia de la semana fue el estreno de la última película de Paolo Sorrentino, Fue la mano de Dios. Vuelve mi genio favorito del cine. La melonada semanal, sin embargo, fue que al fin podrán disfrutar la película en catalán, a costa de su bolsillo, generoso lector. La peor noticia no fue el precio astrofísico de la luz, del gas innoble o del pescado navideño -ponga un rico en su mesa-, ni siquiera la muerte de Verónica Forqué, esa actriz familiar con voz de niña adulta, sino el ascenso del terrorista pamplonés David Pla a la cúpula política de Sortu. De derrota en derrota hasta la victoria final. Los perturbados indargorris de Osasuna podrán celebrar un gol por toda la escuadra. O mejor dicho: el gol en propia puerta de un Estado que juega siempre en campo propio, como los malos equipos (un saludo a la afición culé). El que fuera último jefe de ETA, el boomer que apagó la luz, pero no cerró la puerta de la letrina tras leer el comunicado de su cese -de aquellos detritus estos olores afrentosos-, justificó el terrorismo de ETA hace unas semanas en la televisión pública catalana, su televisión amiga. “Soy una persona normal”, aseguró más tarde. Sí, claro, y yo una bicicleta. Los que saben de estas cosas aseguran que el nombramiento de Pla calmará a la camada rabiosa. A los cachorros abertzales, que se debaten entre horadarse un lóbulo por quinta vez o torturar a un gato, el cuerpo les pide sangre. La ajena, por supuesto. Si algo tiene esta legislatura tan larga como un plan quinquenal, es que está agotando nuestra capacidad para la sorpresa, el asombro y colon irritable. Y me malicio que la peña está habituándose a ver normal que los cerdos vuelen, pero los cerdos, en sentido estricto, hozan en la gamella y no tienen ni media bofetada dialéctica. Lo único normal en la entrevista de TV3 fue que el último generalito de ETA y una entrevistadora que parecía haberse cortado el flequillo para la ocasión, no utilizaron intérpretes ni traducción simultánea. Hablaron en español, claro.
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