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"Llegó en olor a cadaverina y aplausos abertzales"

Llegó ufano Mikel Antza, el que fuera jefe político de ETA hasta ser detenido en una granja de ocas, donde junto a Soledad Iparraguirre elegían, pito, pito, gorgorito, quién sería el próximo en ser reducido a paté: ¿un concejal de pueblo?, ¿un columnista?, ¿un militar retirado? Le cayeron veinte años de cárcel y al cabo de quince ha sido entregado a España, adonde llegó en olor a cadaverina y aplausos abertzales. Si alguien se molesta en consultar la hemeroteca, sabrá que la justicia francesa lo sentenció a un calabozo de la prisión de Réau por pertenencia a banda armada en labores de organización, condena que le ha dado un aspecto de sonrosado curilla. Ahora un juez español considera “fiable y verosímil indiciariamente” su relación con el asesinato de Gregorio Ordóñez en 1995, cuando nuestro canoso diácono ejercía de cardenal con verdugo. Esta semana 124 escritores y editores que no leen sentencias han firmado un micromanifiesto de seis líneas en el que defienden a Antza porque la justicia española quiere volver a castigarlo “sin ninguna prueba material por las mismas causas por las que ha permanecido prisión en Francia”. Bajo el litúrgico nombre Eman Bakea (“Dar la paz”), Koldo Izaguirre, Kirmen Uribe (Premio Nacional de Literatura) o Harkaitz Cano (autor de Seix Barral) han decidido que Antza es víctima de un encarnizamiento judicial por partida doble. Pues no, mis queridos vegetales, el juez español lo ha citado a declarar por su supuesta relación con el asesinato de Gregorio Ordóñez, no por pertenencia a banda armada. Hasta aquí las obviedades. Punto y aparte. Otra buena noticia es que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no ha admitido a trámite la demanda presentada por los matones de Alsasua. Fin de trayecto. Aquel asunto abrió telediarios, ocupó páginas. Todo era, decían, un montaje policial. Se firmaron manifiestos, se escribieron artículos, hasta se filmó un “empático” documental. Pues bien, ahora más de uno podrá castigarse el hígado tragándose morosamente sus palabras. Como las ocas. Salud.
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